sábado, 15 de noviembre de 2014

¿Romper, remendar o tejer el traje? (por Mireia Esteva)

El federalismo es un sistema solidario que garantiza la cohesión en la diversidad. En la mayor parte de España existe un número nada despreciable de ciudadanos organizados al margen de los partidos, que piden un proceso de cambio.  La responsabilidad para el presente y el futuro exige buscar una solución que tenga en cuenta este movimiento social creciente que demanda mayor empoderamiento ciudadano, nuevos cauces de participación, profundización en la democracia y más transparencia 


Después del 9N han venido las múltiples valoraciones:  del desarrollo del proceso, de los resultados, de la adecuación o no a la realidad de los respectivos líderes; de quien gana y quien pierde; del impacto que puede tener en el futuro la manifestación en forma de votación realizada en Cataluña el pasado domingo y de los posibles caminos a emprender. 



Valoraciones ha habido para todos los gustos y las seguirá habiendo. Pero además de valoraciones reflexivas está el juego de los actores: algunos triunfalistas porque fue mucha gente a votar;  otros  emocionados porque hemos sido capaces de desobedecer a la legalidad vigente; algunos dolidos porque no se impidió por la fuerza la consulta; pocos, querellándose contra Rajoy o contra Mas; los dos tercios que se sintieron fuera y prefirieron no ir a votar, pero tienen ganas de hablar; voces que se suman para decir que hay que escuchar a unos y otros, desatendidos por los respectivos gobiernos de la Generalitat o el Español según el caso…y mucho más. La justicia sigue su ritmo y Rajoy y Mas, mutuamente ofendidos se lanzan denuncias y recursos como pelotas de goma, por ver si a alguien le da en la cara y escarmienta.  
No creo que debamos pensar en una negociación entre Mas y Rajoy. Una negociación a este nivel tiene pocas posibilidades de fructificar y seria cortoplacista. Mas no parece querer  negociar nada más que no sea el referéndum y Rajoy lo tiene difícil, haciendo equilibrios para no desequilibrar aún más la balanza en su propio partido. No se trata de los 23 puntos para discutir, que dio Mas a Rajoy hace meses. Un improbable acuerdo entre ellos sería tanto como parchar el descosido, realizar pequeños cambios que satisfagan a algunos, porque lo que la sociedad demanda es otra cosa y el problema de Catalunya es el problema de España.
El país necesita un acuerdo valiente y generoso, pero constructivo y solidario, capaz de tejer sinergias y complicidades entre todos.  Un acuerdo que sea la consecuencia del acuerdo de 1978, que despertó la admiración del mundo porque nadie pensaba que fuera posible. Pero un acuerdo que lo supere, un acuerdo que signifique el reconocimiento de lo que ya se ha hecho pero dé una respuesta a las necesidades sociales y políticas, y a las deficiencias y desgaste que ha mostrado  nuestro  modelo democrático durante los años en que ha funcionado. Seamos capaces de dar valor a la crisis porque como decía Orense, un federalista en boca de Pi i Maragall no se da fácil forma al hierro sino cuando está candente.

Un improbable acuerdo Rajoy y Mas se traduciría sólo en pequeños cambios que satisfagan a algunos, pero lo que la sociedad demanda es otra cosa y el problema de Catalunya es el problema de España


Para moldear el hierro candente no toca más remedio que valorar el juego de oportunidades que se abre para un proceso constructivo en el que el traje que está a punto de romperse no se desaguise más, ni sea un remiendo chapucero. ¿Cómo podemos arreglarnos la prenda para que la mayoría nos volvamos a sentir decentemente vestidos sin necesidad de ser despilfarradores y tirarlo todo al contenedor de la basura?
A decir verdad, Rajoy se ha situado en medio de sus votantes: no ha realizado ningún tipo de discurso españolista, que hubiera exacerbado los nacionalismos más rancios español y catalán. Aunque se ha mantenido en la legalidad, sin realizar propuestas políticas, no ha actuado con desproporción y ha dejado que la catarsis votística se llevase adelante. A todas luces, esta respuesta ha sido extraordinariamente pobre, teniendo en cuenta que estamos hablando de un problema político que hay que resolver con política. A muchos, la actuación de Rajoy puede parecer contradictoria, pero tiene la ventaja de no haber actuado con crispación.  Rajoy ha hecho lo que lo caracteriza: ganar tiempo, dejar moverse a los demás y colocarse de nuevo con discreción en el mapa de posibilidades resultante.  Aún con su pasividad y con rol de observador, en diversas ocasiones hemos oído a Rajoy manifestar su predisposición a la negociación, no para pactar un referéndum por la independencia, sino para la reforma de la Constitución.  Lo oímos en el debate del congreso para hablar del tema del referéndum y lo oímos en la rueda de prensa realizada 72 horas después de la consulta del 9N. Esta vez, sugiriendo que las fuerzas políticas que lo deseen lo propongan, y diciendo a Mas que si consigue aliados, la haga.  Entiendo que esta es una llamada clara al partido socialista. A Rajoy le tocaría, en strictu senso, por ser el presidente del gobierno, realizar una propuesta política, pero no lo hará porque delante de los suyos no puede ser el que abra el melón constitucional.
Esto ha abierto escenarios interesantes para el futuro. El liderazgo de Mas se ha rehecho entre el independentismo, aunque sigue habiendo dos tercios de la población a quien Mas no representa. Quiere decir que el independentismo egocéntrico y no negociador, representado por Junqueras, podría mantenerse en segundo término, a la par que se abre la necesidad de concurrencia de otras fuerzas políticas que hagan propuestas, tiendan puentes y sean capaces de generar un proyecto para España que sea incluyente. Una propuesta que, ahondando en el estado de las Autonomias, sea capaz de estructurar el país en clave federal, porque ya casi lo es y lo que le falta es lo que nos genera problemas. También, porque es una propuesta que aceptarían la mayor parte de los ciudadanos, tal y como muestran las encuestas. El federalismo es un sistema solidario que garantiza la cohesión en la diversidad. Hay que tener en cuenta, que en la mayor parte de España existe un número nada despreciable de ciudadanos organizados al margen de los partidos, que piden un proceso de cambio.  La responsabilidad para el presente y el futuro nos exige buscar una solución que tenga en cuenta este movimiento social creciente que demanda mayor empoderamiento ciudadano, nuevos cauces de participación, profundización en la democracia, más transparencia y desarrollo de mecanismos de control de la corrupción.  Esto nos lleva a una mirada de más largo alcance que a tratar la situación específica de Catalunya.

El independentismo egocéntrico y no negociador, representado por Junqueras, podría mantenerse en segundo término, a la par que se abre la necesidad de concurrencia de otras fuerzas políticas que hagan propuestas, tiendan puentes y sean capaces de generar un proyecto para España que sea incluyente


Para un proyecto así, la negociación debería incluir no sólo a los respectivos gobiernos, sino a las fuerzas políticas relevantes del conjunto de España, dispuestas a negociar. La población española es la más formada que ha tenido este país a lo largo de toda su historia, mucha de ella aún joven y sin trabajo. Tiene derecho a querer participar en la construcción del presente y del mañana. Este país necesita un revulsivo,  una ilusión colectiva para crecer y para incorporar de nuevo a todos aquellos que el sistema está arrojando a la marginalidad. Y no cabe esperar a nuevas elecciones. Los actores vienen y se van y el público espera que empiece la función, si no, se levantaran de sus asientos y reclamaran que les devuelvan la entrada que pagaron. Hay tiempo, antes de que acabe la legislatura, de plantear el cambio constitucional, de aprobar la propuesta en las Cortes y de un proceso refrendario antes de las elecciones.
Cuando se realizan encuestas, hay una parte de la población que pide dejar las cosas como están, otra parte demanda más centralización, otra pide modificar el statu quo en el sentido de corregir aquello que se ha desarrollado a medias o que no funciona y por último hay quienes acabarían de romper el tejido desgastado.  Me parece que hay que escuchar a todos. Los que demandan dejar las cosas como están tienen miedo a perder lo que ya hemos construido con esfuerzo. Les doy la razón y deberíamos de ser capaces de garantizar que sus miedos no se cumplan. Saber conservar lo que se ha construido genera satisfacción, autoestima social, permite hacer más grande el edificio con menos recursos, nos permite tener una historia compartida, es humano. Los que piden más centralización, también tienen un poco de razón si se observa el funcionamiento de las Comunidades Autónomas, muchas veces incapaces de coordinarse entre sí o despreocupándose del efecto que producen actuaciones de algunas regiones en los habitantes de otras.  A estos también les doy la razón, ya que nuestra organización político administrativa no ha sido capaz de generar estructuras y complicidades federativas, para gestionar aspectos que nos afectan comúnmente. A estos les diría que tenemos la asignatura pendiente y es el momento de construir estas estructuras o redes comunes para mejorar la eficiencia y garantizar economías de escala donde sea necesario, con el fin de mejorar el bienestar de los ciudadanos. Posteriormente, despertar para reconocernos en un estado plurinacional, que és lo que somos. En tercer lugar, estan los que piden cambios profundos en el sistema. De su entusiasmo hacia el cambio saldrán las propuestas más constructivas, son actores necesarios para que los cambios puedan generarse y consolidarse. A ellos hay que darles respuesta, porque son ellos los que desequilibran la sociedad para conseguir nuevos equilibrios. Finalmente, a aquellos ciudadanos desengañados que ya no creen que ningún cambio sea posible, y entre los que se hallan los independentistas, no queda más que convencerlos demostrando que no estamos ante un muro y con la materialización de la utopía, reconociéndonos madurez suficiente para resolver nuestros problemas y de volver a hacernos un traje a medida en el que nos sentimos cómodos.
Fuera de nuestras fronteras se nos valora por nuestra creatividad y capacidad para sacar adelante proyectos complicados. Se nos valora más de lo que nos queremos a nosotros mismos. Pero no sin motivo, lo hemos demostrado con creces en pasados momentos difíciles a lo largo de nuestra historia, y lo demostramos cada día cuando trabajamos con otros en proyectos colaborativos dentro y fuera de nuestras fronteras. Si somos capaces de aprender de nuestros errores, lo podemos seguir haciendo en el futuro. Hagámonos el traje, tejiendo complicidades. ¡Hay que empezar ya,  tomándonos las medidas!

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