domingo, 21 de agosto de 2016

Asimetría y federalismo (por Pedro J. Sánchez Gómez)

Para que una España federal tenga futuro, hay que asegurar que la asimetría de competencias no implique diferencia de derechos. Fuera de ejemplos obvios como la lengua, no es en absoluto evidente qué competencias se deben atribuir a un estado federado en concreto y no a los restantes. El cupo del País Vasco y Navarra es un ejemplo de lo que no debe ocurrir



En el término federal caben cosas muy distintas, y aunque a los federalistas se nos tacha a veces de vendedores de panaceas, somos conscientes también de que si no se hace de la manera adecuada, una España federal puede generar nuevos problemas.
En un artículo anterior, España a muerto, larga vida a España, señalaba algunos de los problemas políticos a los que nos enfrentaríamos el día siguiente a que aceptásemos una reforma federal de la constitución. En concreto, sostenía que la distribución actual en comunidades autónomas no sería válida como base para definir unos eventuales estados federados, de modo que deberíamos plantear una nueva. En esta ocasión quiero ahondar en un momento anterior: el de la definición del modelo federal. 
Quiero argumentar que ciertas asimetrías entre estados nos pueden conducir a un país injusto, en el que ciertas regiones cuenten con una ventaja constitucional sobre el resto. Voy a defender que para que una España federal pueda tener futuro, para que a medio plazo no nos veamos de nuevo en la disyuntiva de, o bien tener que introducir reformas sustanciales, o bien romper la baraja, la asimetría de competencias ha de aplicarse con mucho cuidado, limitada a cuestiones obvias, y sin que en ningún momento toque aspectos que puedan poner a una región en situación de privilegio.
El argumento a favor de la asimetría de competencias dentro de un estado federal parece de sentido común: puesto que los diferentes estados federados representan situaciones diversas, lo lógico es que cada uno cuente con instrumentos políticos distintos. Parece claro, por ejemplo, que las comunidades con lengua propia han de contar con competencias específicas para su protección y promoción. 
Sin embargo, fuera de ejemplos obvios como éste, no es en absoluto evidente qué competencias se deben atribuir a un estado federado en concreto y no a los restantes. Más aún, si se piensa en la cuestión con un poco de frialdad, lo razonable parece que todos los estados cuenten con instrumentos políticos equivalentes. Pensemos, por poner el caso, en esos ejemplos de libro de asimetría federal que los españoles venimos padeciendo (o gozando) desde hace más de treinta años: el sistema de concierto y cupo del País Vasco y de Navarra. El que el desarrollo de estas leyes no haya causado más conflicto es algo que, francamente, me resulta incomprensible, y no creo que ni siquiera el estrés político producido por el terrorismo de ETA baste para explicarlo. Sea como sea, este caso ilustra perfectamente los peligros de la asimetría de competencias.
Las regiones limítrofes al País Vasco y Navarra se han venido quejando desde el primer momento de los perjuicios económicos que el sistema de conciertos les provoca. De hecho, han acudido a distintas instancias para forzar si no su derogación, sí su modulación con el fin de suprimir lo que perciben, a mi juicio con toda la razón, como privilegios. En ocasiones estas reclamaciones han llegado a tribunales europeos, dando lugar a situaciones particularmente sangrantes: Llegados a Bruselas, han sido los abogados del estado (del Estado Español, obviamente) los que han defendido la postura vasca y navarra. De este modo, los ciudadanos castellanos de La Rioja, Cantabria y Castilla-León han visto como no sólo no pueden intervenir en los asuntos económicos del País Vasco o de Navarra, sino como tampoco el gobierno central los defendía de fronteras para fuera. Vascos y navarros, en esta cuestión concreta, tienen más poder que castellanos o aragoneses.
Creo que la extensión de la asimetría más allá de unas pocas cuestiones perfectamente delimitadas conduciría más pronto que tarde a disfunciones de este estilo. Y esto llevaría o al empobrecimiento resignado de ciertas regiones en beneficio de las dotadas de más competencias, o a que esas regiones perjudicadas se negasen a participar en el sistema. 
Pero aparte del deseo de conseguir, o de mantener, ventajas económicas frente a otras regiones, se suelen argüir otras dos razones para defender un estado federal asimétrico. Por un lado, la voluntad de los ciudadanos de algunos territorios de afirmar la identidad nacional de su tierra frente al resto del país. Por otro, la necesidad de superar el “café para todos” la replicación mimética de los modelos competenciales catalán y vasco en todas las comunidades autónomas, por artificiales que resulten algunas de ellas desde el punto de vista histórico o cultural. Son cuestiones íntimamente relacionadas, y de tratarlas independientemente provienen muchos de los malentendidos que ensucian el debate territorial en España.
En cuanto a la necesidad de reconocimiento nacional, todos los españoles debemos comenzar a asumir como propias la tarea de defender las instituciones históricas de cualquier parte del país, así como la promoción del catalán, el vasco y el gallego. Y esto, desde luego, supone aceptar una clara asimetría institucional entre los distintos estados federados. 
Junto a esto, muchos consideran que regiones como la Comunidad de Madrid, o la Rioja, entre otras, creadas ad hoc como instituciones políticas en la confusión del primer desarrollo de la Constitución de 1978, no pueden tener un marco competencial equivalente al de, por ejemplo, Cataluña. Y a mi juicio, los que piensan así tienen razón. No se puede poner en pie de igualdad constitucional a Cantabria o Castilla-La Mancha y a Cataluña. Esta equiparación va en contra de cualquier coherencia política  y consagra una lógica algo delirante que lleva a construir una legitimidad histórica y cultural ex post para territorios que no tienen más razón de ser que la puramente administrativa. ¿Pero entonces, cómo preservar la personalidad catalana, o vasca, sin introducir asimetrías injustas?
Según lo veo yo, la única salida pasa por la unión de las cinco comunidades autónomas castellanas en un solo estado federal, Castilla. Con este solo cambio, el diseño territorial del país en su conjunto cambia radicalmente. Comprendo el miedo que este movimiento puede causar en muchos castellanos: una recentralización a medias puede ser tan mala, o peor, que una vuelta al modelo previo a las autonomías. Los ciudadanos de la Rioja, Cantabria o Madrid pueden sentir como una desventaja la pérdida de unas instituciones autonómicas a las que se han acostumbrado, y que perciben como cercanas y eficientes. Creo, con todo, que un estado federado castellano puede adoptar un modelo descentralizado, sin que esto suponga una proliferación de la burocracia y la multiplicación de gastos.
En contra de una opinión muy extendida, se podrían mantener las diputaciones con competencias ejecutivas muy amplias en cada una de las provincias castellanas, dotándolas, eso sí, de un sistema de elección directa por parte de los ciudadanos. A su vez, sería conveniente introducir la comarca como ente administrativo, con el fin de asegurar una gestión que asegure la defensa del territorio.
Creo, por último, que las apreturas económicas actuales pueden ser más una ventaja que un impedimento para una reforma federal. Puesto que los recursos son escasos deberemos ser muy prudentes; la federalización ha de introducir, además de una racionalidad política, una eficiencia económica. Y tanto una como otra sólo son viables si se recurre a la asimetría de competencias de un modo muy cuidadoso, evitando los privilegios.

Pedro J. Sánchez Gómez es profesor del Departamento de Didácticas de las Ciencias Experimentales de la Universidad Complutense de Madrid



martes, 9 de agosto de 2016

Les 10 preguntes més freqüents sobre el federalisme (per Francesc Trillas)

És Espanya una federació? I Europa, ho és? Què ens falta per considerar-nos federals? És tard per al federalisme? Per a què serveix? A continuació la resposta a aquestes preguntes i a tot allò que alguna vegada has volgut preguntar sobre el federalisme i no has gosat mai fer-ho 



1-En què consisteix el federalisme?

La paraula ve de Foedus (pacte), o Fides (confiança) i consisteix en un sistema pactat de govern multinivell on cada nivell té competències clares i ben finançades seguint el principi de susidiarietat, i es compromet a no transgredir les d’altres nivells. El govern es comparteix en allò que és comú i cada nivell de govern rellevant rendeix comptes directament davant de la ciutadania i no davant d’altres governs. En els sistemes federals es respecta i es promou la diversitat cultural i lingüística com una riquesa comuna a la vegada que es coopera per resoldre els problemes que són compartits. Es descentralitza no només la gestió sinó també el poder polític i al mateix temps, es comparteix el poder polític en allò que cal ser solucionat a un nivell més alt però que pot requerir l’input dels nivells més propers a la ciutadania. El federalisme sol ser una bona vacuna contra el centralisme a tots els nivells i la concentració de les infrastructures: en moltes federacions la capital no és la ciutat més gran o la capitalitat està repartida.

2-Quins són els orígens històrics del federalisme?
Ja a la Grècia clàssica es troben exemples de ciutats-estat que es federaven per assolir objectius comuns. Els Estats Units d’Amèrica a la Convenció de Filadelfia a finals del segle XVIII van posar les bases de la federació més poderosa del planeta, amb un sistema de pesos i contrapesos on el federalisme era una peça clau de la nova democràcia. Suïssa, Canadà, Austràlia, Índia, Sudàfrica són altres exemples de federacions que permeten gestionar la diversitat i el govern dels afers col·lectius. En les antigues colònies (Estats Units, Canadà, Índia), les grans federacions han permès construir sistemes millors que els que han basat la independència en la construcció de petites nacions com ha succeït a gran part d’Àfrica. El federalisme ha fracassat allà on no ha anat acompanyat de democràcia, com va ser el cas de Iugoslàvia o la Unió Soviètica. Brasil, Mèxic, i Argentina són casos de federacions a Amèrica Llatina que intenten incorporar solucions que han funcionat bé en les federacions més reeixides. L’intent de construir una federació europea a partir de la segona guerra mundial, amb la declaració de Ventotene de Spinelli i Rossi, està en les bases de la Unió Europea i els esforços per assolir una unió cada vegada més forta entre països que durant segles s’havien enfrontat violentament.

3-Quina és la relació entre federalisme i democràcia?
La majoria de ciutadans que viuen en democràcia al món ho fan en federacions. En un sistema federal, cada nivell de govern rendeix comptes directament a la ciutadania i per tant hi ha més transparència i responsabilitat. El poder està més repartit i això redueix la corrupció. Les competències están més clares i hi ha una més gran responsabilitat fiscal de cada nivell de govern. Els sistemes de solidaritat són clars i transparents. La immensa majoria de les federacions s’han construit a partir de la voluntat de les parts d’acordar fer una federació, és a dir, a partir del seu consentiment, però les federacions existents no reconeixen la possibilitat de segregació unilateral d’una de les parts. Un cas únic i interessant és el de Canadà, on després de dos referèndums d’independència del Quebec amb preguntes i normes molt poc clares en 1980 i 1995, es va aprovar una Llei de Claredat que exigeix una pregunta clara i una majoria clara (on el caràcter clar de la pregunta i la majoria és avaluat per institucions federals) per donar dret a una província a negociar la secessió.  La Llei de Claredat no és acceptada pels sobiranistes quebequesos, i després de la seva aprovació no s’ha produit cap nou referèndum d’independència. Malgrat que alguns sostenen que la democràcia pot funcionar millor en les jurisdiccions petites, no hi ha cap evidència rigorosa en aquest sentit, a no ser que ens referim exclusivament a la democràcia assembleària. La democràcia en els grans territoris funciona millor amb un sistema federal que reparteixi adequadament el poder. Avui el federalisme és la millor arma per combatre l’onada de nacional-populisme i replegament identitari que es viu a gran part del món, i que intenta jugar amb la democràcia en nom d’ella per aprofitar les angoixes de sectors de la població davant dels processos de globalització. En les democràcies, el federalisme és el millor sistema que facilita la solidaritat, la flexibilitat i la innovació institucional.

4-Quins tipus de federalismes existeixen?
A grans trets existeixen dos grans tipus de federalisme. Els que s’han construit a partir de l’agregació d’unitats pre-existents (“coming together”) i els que s’han construit per mantenir unides les parts (“holding together”). Si en comptes d’un sistema de govern on cada nivell rellevant rendeix comptes directament a la ciutadania i és escollit per ella, tenim un sistema on els governs rendeixen comptes a altres governs, estem davant d’una confederació i no una federació. Alguns parlen de federalisme plurinacional, quan es reconeix el caràcter nacional de totes les unitats constituents o algunes d’elles, i és especialment adequat en aquells casos de diversitat lingüística on és necessari un reconeixement d’aquesta pluralitat. Altres parlen de federalisme assimètric, quan les competències i nivells de poder de les diferents unitats són diferents, com és el cas en diferents mesures en quasi totes les federacions. Tots aquests conceptes serveixen per acomodar la superació del model de l’estat-nació, pel qual durant molt de temps s’ha intentat associar un estat a una nació. Però tant la dificultat de definició del terme nació, com la proliferació de reivindicacions nacionals, com el fracàs dels intents homogeneïtzadors de molts estats, han portat al fracàs a aquest intent d’associació. El concepte de nació (com el de sobirania) és però discutit i discutible. Hi ha moltes defincions de nació (una d’elles és de Karl Deutsch: “una nació és un grup de persones unides per una visió equivocada del passat i un odi pels seus veïns”). En territoris on conviuen persones que creuen que la nació és una cosa diferent per a cadascuna d’elles, el federalisme és l’única forma d’entendre’s possible. Avui, per a la majoria de definicions del terme nació, hi ha pocs trossets de territori que no siguin plurinacionals. De fet, hi ha pocs individus que no siguin plurinacionals. Alguns voldrien fer compatible ser independentista amb ser federalista (així un evita prendre decisions), però el federalisme modern es construeix precisament per la superació dels vells estats-nació i no construint-ne de nous. Els conceptes de “dret a decidir”, “dret a l’autodeterminació”, “sobirania”, “demos” o “subjecte polític” són conceptes pre-federals que corresponen a una època on era relativament fàcil fer prevaldre el monopoli de la sobirania. Avui el federalisme és una noció més radical i ambiciosa que els projectes basats en fer estats-nació. Encara que es pot ser federalista de dretes i hi ha molts federalistes liberals, el que és difícil de justificar és ser d’esquerres (i per tant internacionalista) i no ser federalista en el món integrat i complex del segle XXI. El nacionalisme i l’identitarisme són formes que la dreta fa servir per impedir la creació de majories a favor de la distribució de la renda, la riquesa i el poder.

5-No són Espanya i Europa ja federacions?
Espanya i Europa tenen molts aspectes federals. Espanya és un país que ve de ser un estat centralista i unitari, i des de 1978 s’ha descentralitzat i la majoria de nivells rellevants de govern (excepte les diputacions) són elegits directament per la ciutadania. L’estat de les autonomies ha contribuit a l’època de major llibertat i prosperitat de les Espanyes. Catalunya, per exemple, ha gaudit de l’època de més llibertat i autogovern de la seva història. Però també s’han produit disfuncions i distorsions del model i a Espanya li falten elements de govern i sobirania compartits, com seria un Senat reformat com a Cambra territorial i un sistema més clar de distribució competencial i finançament territorial, així com un millor règim de plurilingüisme per a les institucions centrals de l’estat. A Europa vivim un intent d’avançar des d’una col·lecció d’estats sobirans amb una llarga història de fragmentació al darrera, cap a un sistema cada vegada més federal, amb enormes resistències. Però ja hi ha elements clarament federals, com una moneda comuna  per a una gran part de la Unió governada per un Banc Central Europeu, i un Parlament directament escollit per la ciutadania. Moltes polítiques són ja comunes, però falten molts elements de democràcia europea i falten instruments per fer possible polítiques econòmiques d’àmbit federal europeu. Si es consolida una Europa federal hauríem de veure una desdramatització de les relacions entre estats i els seus nivells sub-estatals, que seran només dos nivells més amb una gran llibertat d’actuació per sota d’un nivell europeu més fort i democràtic que l’actual. Els problemes dels refugiats i del deute que actualment pateix Europa només podran trobar solució en un context federal on el conjunt de la societat europea posi en comú els seus enormes recursos per fer front a aquests reptes compartits. De totes maneres, el que s’ha aconseguit amb la Unió Europea, amb una moneda comuna i l’eliminació de les fronteres, hagués estat considerat utòpic al final de la segona guerra mundial. Els símbols i les emocions segueixen en gran part sent nacionals, però les polítiques i les transaccions cada vegada ho són menys. Avui també pot semblar utòpic un federalisme global, però també hi ha elements creixents de govern mundial, que cal treballar per fer més democràtics.

6-Calen canvis constitucionals a Espanya i Europa per avançar en el federalisme?
A Espanya seria molt convenient una reforma federal de l’actual Constitució per re-dissenyar el Senat, aclarir les competències per la via de definir clarament les de l’estat central i que per defecte totes les altres siguin d’autonomies i ajuntaments, millorar el finançament territorial i reconèixer el caràcter pluri-lingüe del conjunt de l’estat i la singularitat d’alguns territoris addicionals (alguns ja tenen reconeguda la seva singularitat). També es podria reconèixer la vocació decididament a favor de la unitat europea del conjunt d’Espanya. Els canvis constitucionals requereixen però un ampli consens, i mentre aquest no es produeix es podria fer molt més per governar amb una intepretació més federalitzant de l’actual constitució. Quelcom semblant succeeix amb els tractats europeus. Una reforma d’aquests podria conduir a l’elecció d’una presidència europea per sufragi universal o a altres reformes institucionals que facilitessin un govern econòmic democràtic de la zona euro, però amb els tractats actuals es podria ja disposar d’un tresor europeu més poderós i d’un sistema de mutualització del deute. Els federalistes no som ingenus i no creiem en una epifania federal, en un moment del temps on una declaració o un interruptor ens permetran passar de l’absència de federalisme al federalisme. No hi haurà una DUF (Declaració Unilateral de Federalisme). Es tracta d’un procés evolutiu que ha viscut i viurà passos endavant i endarrera, però que amb l’agregació paulatina d’esforços, pot seguir contribuint a fer un món millor.

7-Genera inestabilitat el federalisme?
Aquesta és una acusació típica de la dreta espanyola, que abusa del record de l’efímera primera república del segle XIX. Però el federalisme contemporani és el contrari de la inestabilitat. El que contribueix a la inestabilitat a bona part del planeta és la falta de federalisme. Fins i tot a Espanya, el que avui és font d’inestabilitat és el dèficit de federalisme, l’absència de normes compartides de competències i finançament, i l’absència d’un compromís pactat per no anar més enllà de les competències comunament acordades. El federalisme permet gestionar les diferències de cultures, identitats, llengües i religions, i permet governar la solidaritat per fer possible societats cohesionades que intenten resoldre cooperativament els problemes comuns i a la vegada respectar la forma que cada part té de solucionar els seus problemes propis.

8-És massa tard per al federalisme?
Molts independentistes catalans que no són capaços d’articular raons de fons per oposar-se al federalisme de vegades diuen tàcticament que és “massa tard per al federalisme”, que aquesta és “una pantalla que ja hem passat”. En realitat però el que succeeix potser és que és massa aviat per al federalisme. Els Estats Units d’Amèrica van començar a crear les seves estructures federals fa més de 200 anys i algunes no s’han consolidat fins fa unes dècades. Per sort, Europa està anant més ràpid, però la història de la humanitat és la història de l’evolució cap a formes de govern cada vegada més complexes, no menys. El món del segle XXI es caracteritza per la creixent interconnexió de la seva societat i les seves economies, i per tant requereix de sistemes de govern que s’adaptin a aquestes característiques. El món avança, encara que massa lentament, cap al federalisme. El que està obsolet és l’estat-nació. Si passem d’una vegada la pantalla de l’estat-nació ens estalviarem moltes guerres (com les que van donar lloc a les actuals “etnocràcies” de l’antiga Iugoslàvia) i tensions innecessàries i podrem avançar cap a la ressolució cooperativa dels problemes compartits per tota l’espècie humana. Mai no és tard per a les bones idees. A més, l’excusa de si és massa tard per al federalisme per no abraçar-lo acostuma a anar acompanyat del suposat dubte sobre si hi ha federalistes “més enllà de l’Ebre”. Però a les enquestes tant a Catalunya com al conjunt d’Espanya quan es pregunta explícitament per aquesta opció, el federalisme, al voltant d'un 40% hi està a favor. A més, com que el 60% restant es distribueix en posicions molt diferents, les solucions federals serien les úniques en què es podrien posar d’acord una majoria qualificada dels legisladors i de la població: es minimitzaria la distància entre l’opció preferida per la inmensa majoria i l’opció acordada. De totes les opcions possibles, un sistema federal avançat seria la que minimitzaria el descontent de totes les parts. Però quan es qüestiona des d’alguns sectors de  Catalunya si hi ha federalistes més enllà de l’Ebre en realitat s’està fent una afirmació d’hispanofòbia, normalment acompanyada d’algun comentari més o menys explícit de tipus xenofòbic sobre la incapacitat genètica dels espanyols per abraçar idees civilitzades (oblidant que els gens espanyols estan molt presents entre la població catalana). En realitat, el conjunt d’Espanya, incloent Catalunya, i qualsevol territori del món sencer, té una distribució semblant de persones dominades pels prejudicis i persones amb una mentalitat més oberta (federal). A Espanya, a més, com en molts territoris, una gran part de la població viu (per exemple als territoris de parla catalana) realitats de diversitat creixent que fan el federalisme totalment necessari, com gran part de la població reconeix de manera creixent. Avui a Espanya tots els partits de l’esquerra es defineixen com a federalistes o com a partidaris d’una Espanya pluri-nacional. Diversos mitjans de comunicació d’àmbit espanyol han defensat el federalisme en la seva línia editorial (més que no pas els catalans). Molts partits de dretes o nacionalistes, a més, no s’oposen al federalisme i reconeixen la seva necessitat a nivell europeu. Fa falta que aquests federalistes a temps parcial ho esdevinguin a temps complet.

9-Genera desigualtat el federalisme?
Una altra excusa per no abraçar explícitament el federalisme és la seva suposada tensió amb l’objectiu de la igualtat de tots els ciutadans. Hi ha dirigents centralistes que per pre-disposar l’opinió pública contra els federalistes de cop i volta mostren una gran preocupació per la igualtat, preocupació per altra banda absent en el seu discurs habitual. Però el federalisme, lluny de ser un obstacle per a la igualtat, la facilita. El reconeixement de la diversitat i de la singularitat no té res a veure amb la igualtat de drets de totes les persones. Totes les persones d’una federació tenen dret als mateixos serveis bàsics, igual que tenen dret a gastar de diferents maneres una mateixa quantitat d’ingressos fiscals. Una federació amb una política fiscal comuna permet fer front a shocks diferenciats de renda i a transferències solidàries, explícites i transparents d’uns territoris a altres. El respecte a les identitats diferenciades és una conquesta igualitarista. En una federació pluri-lingüe, que totes les persones puguin adreçar-se a tots els nivells de govern rellevants amb el seu idioma matern, i que puguin escoltar els principals representants parlar en diversos idiomes, com succeeix a Suïssa, Bèlgica i al Canadà, és una conquesta que iguala en drets a totes les persones. En general, el federalisme modern permet resoldre els problemes socials en la seva escala òptima, i per tant facilita la lluita contra les desigualtats tal com es manifesten en el món d’avui.

10-De què em serveix a mi el federalisme? Serveix per a resoldre els problemes econòmics i socials?
Encara molta gent creu que quan parlem de federalisme estem parlant de quelcom de caràcter “territorial” o “identitari”. Però quan Spinelli i Rossi van escriure el Manifest de Ventotene no tenien al cap un problema territorial o identitari. Tenien al cap un model de civilització i de prosperitat que acabés amb les guerres i permetés resoldre solidàriament els problemes econòmics i socials. Moltes persones desitgen saber per a què els serveix el federalisme, si el federalisme serveix per a resoldre els problemes econòmics i socials. I aquesta és la clau del federalisme modern. La reivindicació federal no és només una apel·lació historicista a recordar els textos de Pi i Margall i altres pensadors i polítics  del segle XIX. És una forma de govern defensada pels economistes i científics socials progressistes del segle XXI, com Thomas Piketty, i defensada per tots els experts constitucionalistes a tot el món pel seu carácter pràctic. Un bon sistema federal és l’única via per combatre el frau fiscal que s’organitza internacionalment en paradisos fiscals. És l’única via per posar en marxa formes de fiscalitat que minimitzin la competència fiscal a la baixa, és l’única via en definitiva per consolidar i reforçar l’estat del benestar a l’economia globalitzada del segle XXI. Si volem sanitat i pensions públiques, hem de recolzar el federalisme. No hi ha dos eixos, com diuen els nacionalistes: l’eix social i l’eix nacional. Hi ha una sola societat i el federalisme és la millor forma de govern per a resoldre els problemes socials. No és una panacea, perquè els conflictes no desapareixen de la nit al dia i en sorgeixen de nous. Però el federalisme crea uns mecanismes que fan possible la gestió dels conflictes. I les alternatives al federalisme ja han fracassat. Avui la majoria d’estats, especialment a Europa, ja no tenen ni moneda, ni exèrcit, ni una sola llengua. El “nosaltres sols” no va enlloc i és absolutament insolidari. L’estat-nació ha mort com a mecanisme per articular el contracte social. Les nostres infrastructures, com l’Eix del Mediterrani, s’han de dissenyar i construir amb una visió federal, de conjunt, i no només com la suma d’interessos territorials. Sense aquesta visió global, federal, els petits territoris no podran participar en l’economia global. En una economia integrada sempre hi haurà fluxes financers i fiscals entre territoris, i el federalisme és l’únic mecanisme per gestionar-los amb transparència i consens. El trilemma de Rodrik ens diu clarament que és impossible avui compatibilitzar l’estat-nació amb la globalització i la democràcia. Passi-ho bé doncs, estat-nació. Visca la democràcia i el federalisme!


(Per saber més, llegir “Qué es el federalismo” de Libros La Catarata i la seva llista de referències bibliogràfiques, i consultar el power point explicatiu de Federalistes d’Esquerres)

jueves, 21 de julio de 2016

Un poquito de memoria nunca viene mal (por Manuel Cruz)

Como en muchos otros ámbitos, también en el de la necesidad del reencuentro con el pasado las cosas en Cataluña se han desarrollado de una manera peculiar: aquí hay más memoria (mejor dicho, más fastos y celebraciones oficiales conmemorativas) del lejano 1714 que de un pasado reciente, y del que tanto podríamos aprender, como es el de la lucha antifranquista. Se diría que algunos se han propuesto construir, además de estructuras de Estado, estructuras de imaginario colectivo, acordes no con lo que hubo sino con lo que desearían que hubiera habido


A continuación reproducimos el capítulo 2 de “Travesía de la nada. Reflexiones sobre el argumentario independentista” (El Viejo Topo) de Manuel Cruz


El detonante de la reflexión que sigue fue una anécdota que en modo alguno quisiera dar por descontado que vale como categoría. Pero tal vez sí constituya un buen indicio, indicador o síntoma para pensar en las relaciones, no siempre suficientemente claras, que mantenemos con nuestro pasado. Confieso que, de la gala de los Goya del año 2015, hubo, al margen de la magnífica intervención de Antonio Banderas, una cosa que me llamó particularmente la atención, y fue el hecho de que las tres canciones que, actualizadas en sus arreglos e interpretadas por voces de hoy, pudieron escucharse en el escenario eran canciones que no solo estuvieron de moda durante el franquismo sino que, en algún caso, tuvieron éxito en las versiones de cantantes claramente identificados con dicha etapa (el inefable Raphael, sin ir más lejos,).

Me sorprendió un poco, lo reconozco, pero luego pensé que tal vez tenía algo de saludable esa recuperación, tras tantos años de una identificación, que no dudaría en calificar de engañosa, entre todo lo ocurrido durante el franquismo y el franquismo mismo. No me desagradaba fantasear la hipótesis de que alguien hubiera diseñado el acto con la intención de escenificar no tanto una reconciliación con aquella etapa como un reencuentro con ella. Un reencuentro que, por seguir con la hipótesis, perseguiría rescatar algo que la engañosa identificación señalada habría intentado imposibilitar, a base de propiciar su olvido. El algo en cuestión serían las experiencias vividas por muchas personas durante aquellos años, a todo ese ámbito que Manuel Vázquez Montalbán gustaba de denominar, tomando prestado el término unamuniano,  la intrahistoria.

Parte de toda esa intrahistoria la podemos interpretar, sin duda, en clave casi directamente política, como gustaba de hacer el autor de Crónica sentimental de España cuando, por ejemplo, analizaba los mensajes ocultos que contenían las letras de muchas de las canciones populares de la época, como las coplas de Concha Piquer, en las que, al trasluz, podía encontrarse una descripción poetizada de las duras realidades que la censura se esforzaba tenazmente en ocultar. Pero tal vez otra parte de esa misma intrahistoria transcurría por diferentes cauces, o su contaminación política era menor, o expresaba, más que una concreta coyuntura social, la visión del mundo propia de aquel momento histórico. Reconstruir verazmente esa otra región del imaginario colectivo  durante la última etapa del franquismo, intentando reducir al mínimo el autoengaño en cualquiera de sus variantes (incluida la épica, empeñada en convencernos, contra toda evidencia, que vivíamos en un país abarrotado de antifranquistas), probablemente tenga mucho de tarea pendiente. En la que nos jugamos algo más importante que el conocimiento de nuestro pasado: nos jugamos el conocimiento de nosotros mismos, con todas las contradicciones, incoherencias y desfallecimientos que, inevitablemente, nos constituyen en tanto que seres humanos.        

Como en muchos otros ámbitos, también en el de la necesidad del reencuentro con el pasado las cosas en Cataluña se han desarrollado de una manera peculiar: aquí hay más memoria (mejor dicho, más fastos y celebraciones oficiales conmemorativas) del lejano 1714 que de un pasado reciente, y del que tanto podríamos aprender, como es el de la lucha antifranquista. Se diría que algunos se han propuesto construir, además de estructuras de Estado, estructuras de imaginario colectivo, acordes no con lo que hubo sino con lo que desearían que hubiera habido. Probablemente por esa razón una de las primeras iniciativas del gobierno de CiU en cuanto regresó al poder en 2010 fue la de, con la excusa de la crisis, desmantelar el Memorial Democràtic impulsado por Miquel Caminal, a buen seguro porque a los nuevos gobernantes les desagradaba profundamente tener que confrontarse con lo qué significó -y, sobre todo, quien protagonizó y quien se escaqueaba sistemáticamente- la resistencia antifranquista en Cataluña.

Actitud perfectamente paralela, por cierto, a la que tuvo en sus orígenes TV3 que, para sorpresa de muchos en aquel momento, nunca quiso dedicar ni programas específicos ni particular atención a los protagonistas de la nova cançó, a pesar de su notable contribución a la difusión de las reivindicaciones democráticas de la ciudadanía de este país y de su apoyo a la cultura popular catalana. Se conoce que pesaba más en el ánimo de los primeros responsables de la televisión pública catalana el hecho de que la mayoría de aquellos músicos estuvieran claramente identificados con la izquierda que el inequívoco valor social, cultural y político de su aportación.

¿Y qué hay de la otra región de la intrahistoria, la relacionada con la vida privada y las dimensiones más personales, cotidianas o íntimas? En Cataluña es mencionada de manera muy escasa, entre otras razones porque por aquella época no existía todavía TV3, depositaria oficial y exclusiva de la narrativa de pasado de la sociedad catalana. Repárese en que los años sesenta y primeros setenta apenas son evocados en ella si no es para aludir a determinados episodios relacionados con las reivindicaciones nacionales o lingüísticas, pero prácticamente nunca para reconstruir la realidad completa y compleja de nuestras vidas y experiencias de entonces. Imagino que porque habría que echar mano de determinadas fuentes documentales (el archivo de RTVE, películas, diarios y revistas de la época, etc.), y a muchos les incomodaría la imagen concreta que les devolverían tales espejos. Se verían sin duda mucho mejor adaptados, en todos los sentidos, a aquel mundo de lo que ahora les gustaría recordar.

Y si alguien cree que exagero, que acuda a las páginas del número 400 (primavera de 2014) de la revista L´Avenç, donde encontrará una reveladora entrevista con Artur Mas. En ella explica no sólo como su entorno familiar vivió el franquismo ("es van anar acomodant a aquellas condicions, que eran las que eran") sino también las razones por las que, lejos de tomar conciencia política cuando ingresó en una  Universidad en plena efervescencia en 1974, un año antes de la muerte de Franco, no lo hizo hasta principios de los noventa. Según sus propias palabras, porque “se hacía casi de todo menos clase”, y él pertenecía a un sector de estudiantes bien definido, cuyo perfil muchos lectores recordarán con nitidez. Eran los presuntos apolíticos que solían repetir que ellos iban a la facultad a estudiar.


El catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona y ex-presidente de 'Federalistes d'Esquerres', Manuel Cruz, presenta su libro "Travesía de la nada" (El Viejo Topo), en conversación con el catedrático de Historia Moderna y rector de la Universidad de Lleida, Roberto Fernández. El acto, moderado por la periodista Virtu Morón, se celebró en la librería Documenta de Barcelona.

sábado, 18 de junio de 2016

Una Constitución a medias (por Pedro J. Sánchez Gómez*)

La Constitución de 1978 ha devenido disfuncional porque en su desarrollo se optó por no reconocer la verdadera constitución territorial del país. Con el paso del tiempo se ha convertido en un extraño agregado con elementos confederales (el encaje del País Vasco y Navarra), federales (con distintos matices en cada caso, Cataluña, Andalucía, Galicia, la Comunidad Valenciana y los archipiélagos), autonómicos (Asturias y Extremadura) y autonómicos por obligación (las cinco comunidades castellanas)




¿Es posible solucionar el problema catalán, y otros desafíos territoriales, dentro del marco de constitución de 1978? Muchos pensamos que sí, bien que por medio de una reforma de la misma. Otros, como el catedrático de derecho constitucional Javier Pérez-Royo, no lo ven tan claro. Pérez-Royo expuso bien su postura en un artículo breve de hace un par de años (Conflicto sin solución. El Periódico, 13/IX/2014). Puesto que la cuestión no es menos acuciante hoy que hace dos años, creo que es necesario mostrar la fragilidad de la forma de razonar del constitucionalista sevillano.
En su artículo, Pérez Royo sostenía que la constitución de 1978, el tejado bajo el que podría encontrarse una solución negociada al conflicto catalán, está tan deteriorada que ha dejado de cumplir su función. Con lo cual, concluía, nos dirigimos a un “escenario de enfrentamiento sin reglas, incomparablemente más peligroso que el que se está viviendo entre Escocia e Inglaterra”. Para sostener su tesis, Pérez Royo empleaba una idea interesante, la de la constitución territorial. Resumiendo, venía a decir que al texto constitucional se le han ido sumando con los años una serie de pactos (tomo el término de su artículo) entre el Estado y las distintas comunidades autónomas, refrendados tanto por el Parlamento como por los votantes de cada comunidad en referéndum. Estos pactos, plasmados en los estatutos de autonomía de cada comunidad, tienen para Pérez Royo un valor constituyente, y conforman lo que él llama la constitución territorial.
Para Pérez Royo la sentencia del año 2010 del Tribunal Constitucional sobre el estatuto de autonomía catalán supuso la ruptura del pacto entre Cataluña y el Estado. Como consecuencia, la constitución territorial quedó impugnada, y con ella toda la constitución española. En definitiva, la Constitución está derogada de facto por la falta de lealtad de una de las partes que la suscribió.
La postura de Pérez Royo, tal y como la expresa en su breve artículo, me parece muy débil. En concreto, pasa por alto el hecho de que los pactos territoriales a los que alude se han celebrado dentro del marco de la Constitución. Sin el texto constitucional ni siquiera se hubieran elaborado los distintos estatutos de autonomía. Pretender que la sentencia del TC impugna la Constitución en su conjunto es como decir que la anulación de un contrato por un juez invalida el Código Civil. Pero hay más. Para Pérez Royo el carácter constituyente de los estatutos de autonomía deriva, al menos en parte, de su ratificación en referéndum por los ciudadanos. Pues bien, se le escapa que muchos estatutos jamás fueron aprobados en referéndum. ¿Son menos constituyentes estos estatutos que los que sí fueron refrendados en las urnas?
Pero centrémonos en las consecuencias de la postura de Pérez Royo. Si le siguiésemos, habría que admitir que la distribución territorial es revisable, incluso reversible, porque los pactos, por definición, lo son. ¿Qué pasa si mañana una provincia decide en referéndum separarse de su comunidad autónoma para unirse a otra? ¿Y por qué detener este proceso en la provincia; no puede tener esta capacidad de decisión una comarca, o incluso un municipio? ¿Y así las cosas, cómo puede ser que una sola sentencia enmendando un estatuto invalide por completo, y para siempre, una constitución inestable por definición?
Como digo, las ideas de Pérez Royo me parecen muy flojas, y creo que responden, más que a un análisis serio, a las contorsiones intelectuales a las que se ven forzados muchos españoles cuando intentan mantener abiertos los canales de comunicación con el independentismo. Además, rezuman el complejo de culpa hacia las nacionalidades históricas que padecen muchos progresistas españoles que vivieron la dictadura de Franco. Por mi parte, tal vez porque pertenezco a una generación posterior, no me siento responsable de ningún agravio histórico hacia catalanes y vascos. Todo lo contrario. Lo que he vivido ha sido un intento muy serio de incorporar a estas naciones (no me importa emplear el término) al proyecto de España. Con esta perspectiva, mi visión de las cosas es muy diferente a la de Pérez Royo.
De entrada, estoy de acuerdo con que España tiene una constitución territorial, aunque en un sentido completamente distinto al que le da Pérez Royo. Yo me refiero a que nuestro país está recorrido por unas fronteras internas que separan territorios en base a su historia, su cultura y su geografía. Estas separaciones son independientes de la trascendencia política que se les quiera dar. Aragón y Castilla seguirían siendo regiones diferentes aun cuando ni castellanos ni aragoneses mostrasen el menor interés en hacer valer políticamente esta diferencia. Pues bien, obviamente, esta constitución territorial sí que es previa a cualquier ley: sería absurdo decidir por decreto que, por ejemplo, Madrid sea una provincia gallega. El texto constitucional ha de recoger la constitución territorial si no quiere convertirse en una ley disfuncional, o directamente injusta. Creo que Pérez Royo estaría de acuerdo conmigo hasta aquí. Es más, sospecho que su extraña historia de pactos constituyentes no es sino un intento poco afortunado de dar una forma legal al hecho de que España no es territorialmente homogénea. Para mí la cosa es mucho más fácil. Si el texto constitucional se adapta a las particularidades históricas y culturales del país, la constitución territorial queda automáticamente incluida en la carta magna. De este modo no tiene sentido establecer una dicotomía entre constitución política y constitución territorial. La cuestión, entonces, es si la constitución de 1978 cumple con el requisito de captar adecuadamente la estructura territorial del país.
Mi respuesta es que pudiera haberlo hecho, pero que de hecho no lo hace. Me explico. Los únicos territorios históricos que están recogidos explícitamente en la Constitución son el País Vasco y Navarra. Todos los demás han obtenido su reconocimiento del título VIII de la Constitución. Pero este es tan abierto que su desarrollo ha tenido mucho de esos pactos a los que tanto valor da Pérez Royo. Pues bien, de este proceso, y por razones que sería interesante estudiar, ha resultado un mapa autonómico que reproduce la constitución territorial con una sola, y muy grave, excepción. Me refiero a Castilla.
Castilla ha quedado troceada en cinco comunidades autónomas con poca, o ninguna, personalidad histórica y cultural. En definitiva, en su desarrollo la constitución de 1978 ha dejado de reflejar la constitución territorial de España.
Me parece increíble que las consecuencias de este hecho, siendo tan evidentes, hayan recibido tan poca atención. Por un lado, el sistema autonómico en su conjunto queda deslegitimado por la presencia de comunidades como la de Madrid. No les falta razón a muchos catalanes o vascos cuando rechazan ser puestos en posición de igualdad con cada una de las comunidades castellanas. Por otro lado, y quizás como consecuencia de lo anterior, las comunidades históricas siempre han buscado, y muy a menudo han logrado, una bilateralidad en su trato con el Estado. En el caso vasco esto está recogido explícitamente, pero Cataluña siempre ha intentado forzar la Constitución en este sentido. El Estatut de 2006 no es sino el ejemplo más claro de esto.
En definitiva, sostengo la Constitución de 1978 ha devenido disfuncional porque en su desarrollo se optó por no reconocer la verdadera constitución territorial del país. Con el paso del tiempo se ha convertido en un extraño agregado con elementos confederales (el encaje del País Vasco y Navarra), federales (con distintos matices en cada caso, Cataluña, Andalucía, Galicia, la Comunidad Valenciana y los archipiélagos), autonómicos (Asturias y Extremadura, bastante menos Murcia y las ciudades autónomas) y autonómicos por obligación (las cinco comunidades castellanas). Interpretar este galimatías como el feliz resultado del pactismo entre territorios es una concesión a la mística nacionalista más rancia, pero ya he hablado más arriba de sentimientos de culpa y de papanatismo de izquierdas.

Francamente, da la impresión de que lo único que le interesa a Pérez Royo es dar una cobertura teórica al desafío de los independentistas catalanes. En mi opinión, esta postura es tan desafortunada como su opuesta, la de emplear el texto constitucional para taparse los ojos, taponarse los oídos y cubrirse la boca. De hecho, creo que ambas posiciones derivan de un mismo problema de perspectiva: la obsesión por Cataluña y el olvido del resto del país.
Es perentorio hacer que la constitución política refleje adecuadamente la constitución territorial. Creo además que el proceso de aprobación de un texto constitucional reformado sería el momento óptimo para plantear un referéndum de secesión de Cataluña y el País Vasco. Con todo, no se trata de hacer una constitución para aplacar a los independentistas catalanes y vascos. Creo que esa actitud, de hecho, no solo no solucionaría el problema, sino que lo alimentaría. Repetiríamos lo que ocurrió con el estatuto de 2006, pero a una escala mucho mayor.

Centrémonos en nosotros. Hagamos una constitución para que los que sí queremos estar en España estemos cómodos. Y desde esa comodidad enfrentemos los problemas que vayan surgiendo.

*PEDRO J. SÁNCHEZ GÓMEZ ES PROFESOR DEL DEPARTAMENTO DE DIDÁCTICAS DE LAS CIENCIAS EXPERIMENTALES DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

viernes, 27 de mayo de 2016

Altiero Spinelli i el federalisme europeista italià (per Francesc Trillas)


L’europeisme federalista plasmat al Manifiest de Ventotene concep el federalisme com una manera d’evitar de forma estructural les rivalitats entre estats i entre nacionalismes que havien portat a les dues guerres mundials. La Unió Europea és fruit en bona part d’aquesta tradició de pacifisme federalista, i encara avui el centre esquerra i l’esquerra italiana es mostren explícitament partidaris d’un estat federal europeu




(Text extret del llibre “Economia d’una Espanya Plurinacional”, d’Edicions Els Llums)

Històricament, el concepte de federalisme comença a sorgir al segle XVIII tan aviat com es creen els primers estats-nació. El federalisme jugarà un paper important en la revolució americana, per oposició al confederalisme que propugnava una dèbil unió de les colònies, i estarà en la base de la divisió de poders de la constitució dels Estats Units. El federalisme també va estar present en alguns moviments emancipadors de la classe obrera, en especial l’anarquisme, on Proudhon (que va tenir una gran influència sobre l’anarquisme i el federalisme català i espanyol) advocava per l’organizació col·lectiva de baix a dalt, combinant unió, fraternitat i libertad. 
Després de la primera guerra mundial, un grup important de federalistes britànics de forta vocació pacifista, amb personalitats com l’economista Lionel Robbins, era partidari d’avançar més fortament cap a un federalisme mundial que no és quedés en la Societat de Nacions, i que permetés evitar un altre gran conflicte bèl·lic. Encara que el federalisme de forma explícita no ha influït directament en el sistema polític britànic, originàriament molt centralitzat, hi ha avançat en les darreres dècades a través del procés de devolució a Gal·les i Escòcia, i el procés de pau a Irlanda del Nord (refrendat en referèndums simultanis a Irlanda del Nord i a la república d’Irlanda).
El federalisme britànic va influir fortament els federalistes italians després de la segona guerra mundial, sobretot Altiero Spinelli. Aquest federalisme es va orientar ja en una direcció clarament europeista, que va quedar palesada en el Manifest de Ventotene, promogut pels federalistes italians quan el feixisme encara no havia estat del tot derrotat. L’europeisme federalista es veia com una manera d’evitar de forma estructural les rivalitats entre estats i entre nacionalismes que havien portat a les dues guerres mundials. La Unió Europea és fruit en bona part d’aquesta tradició de pacifisme federalista, i encara avui el centre esquerra i l’esquerra italiana es mostren explícitament partidaris d’un estat federal europeu.
Però paral·lelament va existir una línia de pensament contrària, que destacava les virtuts de les petites nacions-estat, que competirien per atraure factors en una globalització desregulada. Aquestes idees van ser represes dècades després per dos professors italians que treballen en universitats nordamericanes, Alberto Alesina i Enrico Spolaore, els treballs dels quals han tingut força ressò a Catalunya. Per exemple, Enrico Spolaore va aparèixer en un dels documentals de TV3 sobre la possible independència de Catalunya, i el llibre que resumeix els seus treballs va ser traduït al català i publicat pel Departament d’Indústria de la Generalitat quan el conseller era el dirigent d’Esquerra Republicana de Catalunya Josep Huguet. És doncs important per al debat sobre Catalunya entendre què diuen i què no diuen Alesina i Spolaore, i quins són els orígens intel·lectuals de les seves posiciona.
Alesina és un dels autors més destacats de la segona generació del grup d’economistes italians formats a la Universitat Bocconi de Milan, la influència dels quals és descrita amb gran detall per Mark Blyth[1]. Aquests economistes són partidaris d’una intervenció limitada de l’estat en la vida econòmica, i es caracteritzen per un grau elevat de desconfiança en l’acció pública democràtica i un grau elevat de confiança en solucions tecnocràtiques, manllevant idees de l’escola de l’elecció pública de Buchanan. No debades Mario Monti, el que va ser president tecnòcrata del consell de ministres italià en els mesos àlgids de la crisi de l’euro a l’any 2012, va ser president de la Universitat Bocconi. L’escola d’economia de la Universitat Bocconi va ser fundada però pel dirigent i intel·lectual liberal italià Luigi Einaudi, segon president de la República Italiana entre 1948 i 1955 (després d’haver estat governador del Banc d’Itàlia els anys anteriors[2]), que també es va relacionar després de la segona guerra mundial amb el grup de federalistes d’Altiero Spinelli, al qual s’ha fet referència anteriorment. Això no obstant, el liberalisme internacional  d’Alesina i els seus coautors es desvia molt de la línia federalista liberal d’Einaudi, descrita així pels qui han estudiant més en profunditat el seu pensament econòmic[3]:
El nucli d’aquestes idees es troba en dos articles, “Per una Federazione economica europea” (1943), i “I problemi economici della Federazione europea” (1944), escrits durant el seu període d’exili a Suïssa. És en aquests articles que Einaudi construeix el que s’ha anomenat la seva teoria del mercat global (...), fonamentada en la discussió del teorema smithià sobre la divisió del treball i l’abast del mercat, i va desenvolupar la seva teoria del govern federal, és a dir, els seus pensaments sobre el model d’un estat supranacional federal democràtic que faria possible capturar les oportunitats ofertes per un mercat mundial, o almenys un gran mercat unificat. La federació europea representa un òptim de segon ordre  respecte a l’estat supranacional, essent l’òptim teòric un govern mundial. En efecte, el projecte d’un govern federal té en compte la tendència a l’expansió del mercat, reconciliant-la amb la dimensió política màxima possible.





[1] Blyth, M. (2012), Austerity. The History of a Dangerous Idea, Oxford University Press.
[2] A Itàlia ha estat freqüent que els governadors del Banc d’Itàlia després ocupessin importants responsabilitats de govern, cosa que ha vingut facilitada per la inestabilitat del sistema polític.
[3] Veure Forte, F.; Marchionatti, R. (2012), “Luigi Einaudi’s Economics of Liberalism”, Journal of the History of Economic Thought, 19(4): 587-624.

jueves, 5 de mayo de 2016

La tercera opción del referéndum escocés (Por Luis Moreno)

Paradójicamente, el resultado institucional del referéndum de 2014 en Escocia validó la tercera opción, la de la devo max que se traduce en dotar al parlamento escocés de mayores competencias, mayor nivel de autogobierno y devolución de poderes (Extracto del artículo de Luis Moreno sobre el libro de Joaquín Tornos Mas ‘Es Escocia a Cataluña. Referéndum y reforma constitucional’ aparecido en la revista de Estudios Políticos 171)






El caso de Escocia sirve de contrapunto para analizar los escenarios del caso catalán. Como es sabido, de los 4,3 millones de escoceses registrados electoralmente (97 por ciento del censo poblacional), alrededor de dos millones respondieron negativamente en el referéndum de 2014 a la pregunta: «¿Debería ser Escocia un país independiente?». La diferencia con los partidarios del «sí» fue de unos 400.000 votos, rondando los porcentajes del 55 por ciento en contra y el 45 por ciento a favor.

La ventaja numérica entre el «no» y el «sí» fue neta, despejando dudas e interpretaciones del sentir mayoritario de los escoceses respecto a la secesión del Reino Unido.

Sucede, como bien apunta el profesor Tornos, que el referéndum hizo un planteamiento binario —«sí» o «no»— que eliminaba una tercera opción (devo max), la cual muy probablemente habría concitado un amplio respaldo mayoritario de los ciudadanos escoceses.
En realidad el propio ejecutivo escocés barajó la posibilidad de una consulta con las tres opciones (independencia, statu quo y devo max). Las dificultades para interpretar un resultado que pudiera no haber arrojado un porcentaje superior al 50 por ciento para ninguna de las tres respuestas, junto al deseo del gobierno británico de «simplificar» el referéndum con dos alternativas, prevalecieron finalmente.

En cierto modo paradójicamente, el resultado institucional del referéndum de 2014 en Escocia ha validado la tercera opción de la devo max, cuestión que, como ya se ha señalado, no se incluyó como tercera opción de la consulta escocesa. Según el compromiso (pledge o vow) adquirido durante la campaña del referéndum por los principales partidos británicos (Conservador, Laborista y Liberal), las instituciones centrales del Reino Unido deberían dotar al Parlamento escocés de mayores competencias, en línea con la denominada devo max, con un mayor nivel de autogobierno en el seno de la política británica.

La ulterior «devolución de poderes» supondría en la práctica que, salvo los ámbitos de defensa y de relaciones exteriores, los diputados del Parlamento escocés serían responsables del resto de las políticas públicas. Ello incluiría las fiscales y de financiación de las institucionales de autogobierno escocesas.

Según las encuestas efectuadas tras la celebración del refréndum (Herald Scotland, 5 de octubre de 2014), dos terceras partes de escoceses eran partidarios de la devo max, la cual contaba con un apoyo del 71 por ciento de hombres, del 62 por ciento de mujeres y era transversal a todos los grupos de edad y clases sociales. Además, el mayor nivel de autogobierno era la opción mayoritaria de los votantes de todos los partidos representativos en Escocia (59 por ciento de los liberales demócratas, 60 por ciento de los conservadores, 62 por ciento de los laboristas, 71 por ciento de los verdes y 79 por ciento de los nacionalistas).

El propio primer ministro británico, David Cameron, habló tras la consulta de una devolution revolution, aludiendo a una generalizada descentralización en el Reino Unido, la cual incluiría también la capacidad de los diputados de Westminster elegidos en las circunscripciones inglesas para dirimir asuntos  sólo de la directa competencia de Inglaterra.

La lectura «práctica» del resultado del referéndum escocés es que  ganó la alternativa de una mayor descentralización de poderes y, por ende, de independencia política a Escocia, pero rehuyendo la posibilidad de la secesión o del statu quo inmovilista.


Leer el artículo completo de Luis Moreno en la Revista de Estudios Públicos 171, enero-marzo 2016Joaquín Tornos Mas: De Escocia a Cataluña. Referéndum y reforma constitucional

viernes, 15 de abril de 2016

¿Dónde está Cataluña? (por Francesc Esteva)

La pregunta es obvia ¿Para qué vamos a hacer un referéndum si resulta que ya hemos pasado pantalla y estamos desconectando? Todo es tan confuso, tan incoherente que a veces pienso que estoy soñando




A pesar que uno ya es viejo en esto de la política no deja de sorprenderse. En Cataluña los independentistas nos dicen que la historia ha corrido mucho en estos últimos tiempos. Dicen que pasaron muchas pantallas en referencia a que determinadas cosas ya no les interesan. Primero fue el estatuto y después el referéndum, que en la última campaña sólo defendió Catalunya si que es pot (CSQEP).
A los de CSQEP durante la campaña los independentistas les dijeron por activa y por pasiva que lo del referéndum estaba ya superado. Según ellos, ya estábamos en la etapa de la desconexión y creación de un nuevo estado. Después de las elecciones catalanas parecía que con el resultado (mayoría de diputados pero no de votos) volverían al tema del referéndum. Pero no fue así, saltándose sus propias afirmaciones de campaña (la CUP había dejado claro que sin mayoría de votos no había base para ir hacia la independencia) decidieron que tenían base para “desconectar de España”. Presentaron y aprobaron la famosa resolución en la que decían que no respetarían ninguna decisión que no fuera aprobada en el parlamento de Cataluña y que en 18 meses tendrían listas las tres leyes de desconexión. Al aprobar la resolución, los catalanes (no sólo los independentistas) nos encontramos desconectando de todo, de España, de la comunidad europea y de las organizaciones internacionales a menos que el Parlamento de Cataluña aprobara y acordara pedir la entrada o reafirmar que se quiere permanecer en estos organismos. La resolución dice además que en dos meses a partir de que se forme gobierno, se crearán comisiones para redactar las tres leyes básicas de desconexión y cuando, in extremis, consiguieron formar gobierno dijeron que este sería su programa de gobierno. En 18 meses se comprometieron a tener las famosas leyes de desconexión. Y ahora estamos en ese trámite parlamentario. Y mientras nos decían que esto va muy en serio y estamos desconectando por otra parte nos encontramos con que:
1.- Acatan las sentencias del tribunal constitucional y presentan recursos al mismo contradiciendo lo que dice la declaración del Parlament.
2.- Presentan candidaturas a la elecciones al Parlamento de España (exceptuando la CUP que en esto ha sido más coherente) y van al congreso de los diputados en  Madrid. Lo justifican diciendo que sólo van para pactar la independencia y cuando llega la sesión de investidura dicen que ellos podrían abstenerse siempre que el candidato se comprometiera con el referéndum catalán, el que estaba fuera de pantalla, el que ya no reivindican ni en el Parlament ni el gobierno de Cataluña.
La pregunta es obvia ¿Para qué vamos a hacer un referéndum si resulta que ya hemos pasado pantalla y estamos desconectando? Todo es tan confuso, tan incoherente que a veces pienso que estoy soñando.

Continuo pensando que lo mejor sería trabajar para una España federal, algo que serviría también para apoyar la opción federal europea. Porque desear el federalismo en Europa, como repite Oriol Junqueras, y despreciarlo en España es dejar pasar la oportunidad de educar a la gente en la idea federal.