domingo, 22 de marzo de 2015

Federal o confederal, lo importante es que cace ratones (por Juan Campos Ara)



Una solución federal para el Estado español permitiría avanzar en mecanismos de participación de los distintos entes federados en la toma de decisiones de cara a la negociación europea. Pero también habría que avanzar en la necesaria federalización de las instituciones Europeas ya que el actual peso de los Estados Nación es un aliciente en los procesos de disgregación    


Con ocasión de la presentación en Zaragoza de la asociación “Federalistes d’Esquerres” fui invitado a participar en un coloquio para explicar el modelo territorial del Estado que defendemos en Chunta Aragonesista (CHA) y a resumir en un artículo lo allí expuesto. Agradeciendo a los amigos de “Federalistes d’ Esquerres” la oportunidad, trataré de ser breve y conciso.



Como es lógico en un partido político de corte netamente territorial, la cuestión del modelo territorial del Estado ha sido una de nuestras preocupaciones principales desde nuestro nacimiento en el año 1986. Así, nuestros estatutos fundacionales recogen como objetivo “la reforma, mediante el procedimiento legal previsto, de la Constitución Española de 1978, para la instauración de un Estado Federal” y posteriormente, en el año 1996 – con ocasión del proceso de reforma estatutaria abierto - celebramos una Conferencia Nacional bajo el título de “Aragón y el Estado” en la que elaboramos un documento que marcaba las reformas de carácter federal que veíamos necesarias en el modelo establecido por la Constitución.
Mucho ha llovido desde entonces y otros son los equilibrios que están en el punto de partida, por lo que recientemente culminamos un proceso de debate abierto –dentro y fuera de nuestra organización - que sintetizamos en el documento +ARA en el que se ofrece un nuevo acuerdo político a la ciudadanía aragonesa y en el que, entre otras cosas, hablamos de un modelo de Estado basado en premisas federales y, por qué no decirlo, confederales.
Hablamos, por tanto, de la sustitución del actual Estado autonómico español, por un Estado plurinacional, compuesto, laico y republicano, en el que cada territorio asuma el nivel de competencias que libremente determine y entre cuyas nacionalidades diferenciadas se encuentre plenamente reconocida la aragonesa, siendo necesario, para ello, un nuevo texto constitucional sobre la base de la federalidad o confederalidad, que reconozca el derecho de autodeterminación, entendiendo  como señala Michael Keating que “Hemos pasado de un mundo de soberanía absoluta a una era de post-soberanía, donde el poder se comparte en muchos niveles diferentes, por ello, la autodeterminación no implica necesariamente la creación de un Estado propio”
Consideramos irrenunciable el reconocimiento de la plena capacidad de decisión política de Aragón, estableciendo el principio de competencia exclusiva de Aragón salvo en las transferidas al Estado o asumidas por la UE (lo que la doctrina reconoce como el “principio de atribución” y con la recuperación y actualización de nuestros derechos históricos (ya reconocidos en la DA 5 del Estatuto del 82) y el establecimiento, como principio regulador de la relación con el Estado el de bilateralidad y, como expresión formal de éste, el refuerzo de la Comisión Bilateral cuyos acuerdos deberían ser vinculantes y tener fuerza jurídica.
Pero esto debe ser compatible con el desarrollo de los instrumentos federales de cooperación horizontal entre comunidades autónomas que resulten necesarios así como con la indispensable federalización de los órganos supremos de decisión judicial y constitucional, así como de todos los órganos de la Administración de Justicia que, en nuestro caso, debería culminar con la creación del Consejo Superior de Justicia de Aragón.
Tras reivindicar durante años su reforma y ante el descrédito que acumula, somos partidarios de la supresión del Senado; aunque será necesario establecer un sistema para que los diversos territorios participen en la elaboración de normas estatales que afecten a sus intereses  e incluso facilite la intervención de las naciones en las decisiones comunitarias
Se hace necesaria también la eliminación de órganos estatales vacíos de competencia y de las diputaciones provinciales cuyas competencias pueden ser asumidas por la DGA, las comarcas o los municipios directamente. Asimismo, reclamamos la eliminación de la administración periférica del estado en virtud del principio de administración única, función que deberá ejercer el gobierno de Aragón en su territorio.
Y por último, convencidos de que no hay soberanía política sin soberanía económica que nos permita gestionar nuestros recursos,  abogamos por establecer con el estado un acuerdo fiscal que determine la aportación de Aragón a los gastos comunes y a la necesaria solidaridad interterritorial; y la creación de una  hacienda pública aragonesa que nos permita recaudar, gestionar e inspeccionar en los asuntos tributarios de nuestra competencia; acordando una redistribución de la cesta de impuestos sin perjuicio de la regulación y coordinación europea y estatal en materia fiscal.
Todas estas medidas de corte federal o confederal pretenden dar solución a los problemas que el estado autonómico arrastra, clarificando el entramado competencial, facilitando la participación de los entes federados en la legislación de la federación lo que, sin duda hará que los conflictos de competencias se vean reducidos y la seguridad jurídica se fortalezca con un Tribunal Constitucional (cuya composición y forma de elección de magistrados deberá cambiar para posibilitar la intervención de los entes federados) mucho más útil. Pero sobre todo la federalización del Estado español deberá contribuir a integrar la diversidad política estableciendo un concepto de nación más complejo y plural que el que se limita a equiparar nación con Estado independiente, -quitando argumentos a quienes meramente estiran la cuerda desde los extremos- sin olvidar que todo debe encuadrase en el marco de la pertenencia a la UE y en la cesión de soberanía que esto supone. Una solución federal del estado español permitiría avanzar en mecanismos de participación de los distintos entes federados en los mecanismos de toma de decisiones de la federación de cara a la negociación europea. Pero también habría que insistir en la necesaria federalización de las instituciones Europeas ya que el actual peso de los estados-nación es un aliciente para los procesos de disgregación.
Somos plenamente conscientes, como señala Keating, que “los estados plurinacionales están condenados a una cierta incertidumbre existencial sobre las cuestiones de la soberanía y la ausencia de consensos estables, pero la práctica constitucional puede superar estos obstáculos y evitar el bloqueo permanente” , lo cual no nos garantiza un futuro halagüeño para las reformas necesarias ya que, lamentablemente, los principales partidos de corte estatal que se han venido definiendo como federales, poco o nada han empujado en esta dirección y muchos de  los federalistas “periféricos” han avanzado en otras direcciones dado el desencanto sufrido, alimentando a las fuerzas que abogan por la creación de estados independientes, lo que a su vez ha alimentado el resurgimiento de posiciones recentralizadoras.
Sin embargo, actualmente, estamos inmersos en un cambio de paradigma, en una suerte de período constituyente, en un momento crucial, en un verdadero momento de oportunidad que nos debe permitir avanzar venciendo resistencias; y la primera resistencia a vencer es la de todos aquellos que no consideran importante este tema “con la que está cayendo”. Hay que superar esta primera miopía. La cuestión de la forma de Estado es prioritaria en este momento de crisis económica, institucional, social y política en la que vivimos.
Una segunda resistencia a superar es la de los nostálgicos del estado unitario que no entienden que, como sostiene Ignatieff, los países son algo “político” no natural, es decir, que los países deben ser vistos como un ejemplo de voluntad cotidiana y sostenida en el tiempo, no como algo inmutable que hunde sus raíces en el tiempo.
Y por último señalar que los posibles acuerdos, a día de hoy, sólo pueden partir de arbitrar los mecanismos democráticos que permitan conocer la voluntad de reconstruir el Estado Español en clave federal –o confederal - de aquellas naciones en las que hay una voluntad de secesión más acentuada, en primer lugar, y en función del resultado de éstas consultas, también del resto de naciones y entes a federar. No digo que la consulta deba ser previa a la construcción teórica del modelo, pero aquella debe estar incluida en éste.  Es indispensable ahondar en la calidad de nuestra democracia reivindicando la primacía de la voluntad social y en este camino, la Ley de Claridad canadiense podría ser un ejemplo a seguir, aunque no el único.

“Tras mucho esfuerzo hemos llegado a la conclusión de que los países deben construirse sobre la libertad de pertenencia. De ahí nuestro sistema federal: no podíamos centralizar el poder en este país, porque no podemos centralizar la identidad” Michael Ignatieff, antiguo candidato a la Presidencia de Canadá por el Partido Liberal, en su obra “Fuego y Cenizas”

lunes, 16 de marzo de 2015

Un proceso constituyente para un nuevo país: hacia un estado federal, plurinacional y solidario (Por Patricia Luquin)

Ha llegado el momento de abordar sin tabúes la necesidad de abrir un proceso constituyente que nos permita construir un nuevo país. Debemos avanzar hacia una unidad federal desde el reconocimiento de la realidad plurinacional, defendiendo la igualdad de derechos y servicios básicos para toda la ciudadanía. El federalismo hace posible la cooperación y la solidaridad interterritorial con la pertenencia a una organización política común



(Este texto es un resumen de la intervención de Patricia Luquin, diputada y portavoz de Izquierda Unida (IU) en las cortes de Aragón, en la presentación de Federalistes d’Esquerres en Zaragoza el 25 de febrero de 2015) 


Las ideas federalistas deben actualizarse para responder a las necesidades de un mundo globalizado, donde siguen teniendo vigencia como alternativa a los Estados nacionales centralizados. En sociedades complejas y cada vez más plurales, donde los ciudadanos exigen más cercanía del poder, pero que al mismo tiempo se tienen que insertar en organizaciones políticas supranacionales en las cuales crece la interdependencia económica, política y social, el federalismo ofrece herramientas suficientes para manejar las muchas dificultades y contradicciones con que se enfrentan.


El federalismo hace posible la cooperación y la solidaridad interterritorial, el respeto y la integración de diferentes identidades



El federalismo hace posible una profundización de la democracia y de la participación ciudadana, el autogobierno local y regional, la cooperación y la solidaridad interterritorial, el respeto y la integración de diferentes identidades, la compatibilidad entre autodeterminación y pertenencia a una organización política común. Nuestra propuesta federalista edifica la organización política sobre la idea de pacto y negociación multilateral.
Frente al Estado nacional entendemos que debemos avanzar hacia la aceptación del Estado postnacional que ya no puede fundamentarse en los principios de soberanía, independencia, integridad territorial y unidad nacional o cultural, sino en los de interdependencia, libre determinación y pluralismo. Unidad federal desde el reconocimiento a la realidad plurinacional, que defiende la igualdad de derechos y servicios básicos para toda la ciudadanía vivan donde vivan, con plena igualdad de prestaciones y derechos en todas las unidades federadas.
La base del Estado federal es una unidad territorial que cuenta con potestad constitucional y legislativa propia. El Estado federal permite que cada unidad preserve su identidad y comparta y se enriquezca con otros aspectos en el seno de la nueva comunidad. La Constitución federal debe recoger la participación de las unidades federadas en la conformación de la voluntad federal. Ésta participación, así como su autonomía legislativa, constituyen elementos esenciales del tipo de autonomía política presente en este tipo de organización territorial.

El Estado postnacional ya no puede fundamentarse en los principios de soberanía, independencia, integridad territorial y unidad nacional o cultural, sino en los de interdependencia, libre determinación y pluralismo


Defendemos un modelo de Estado que permita acomodar el pluralismo de identidades, capaz de tener un discurso común donde se reconozca la diversidad; un Estado plurinacional no únicamente en el sentido de que suponga unir varias naciones sino también porque permite la convivencia en el mismo territorio y en la misma comunidad de personas que tienen concepciones distintas sobre la nación a la que pertenecen y que mantienen distintos sentimientos de identidad.
Sólo un Estado pluralista, que admita que en su seno pueden convivir varios sentimientos de identidad nacional, puede dar satisfacción a ciudadanos que imaginan de diversa forma la nación. Sólo un estado que profundice en la democracia a través de la descentralización y el autogobierno territorial en todos los niveles es capaz de manejar con soltura los inevitables conflictos de identidad y convivencia y de resolverlos a través del diálogo y el consenso. 
Para que la ciudadanía pueda ejercer el derecho a decidir en defensa de la democracia y el Estado es necesario ganar la hegemonía para desarrollar un proceso constituyente republicano que propugnamos en el conjunto del Estado, es aquí donde la propuesta de modelo de estado Federal Solidario encuentra su plena legitimación democrática; en articular una propuesta para todos los territorios de la España plurinacional, de carácter avanzado con el fin de construir el nuevo país que encaja en el nuevo Estado, descentralizado en lo político y unitario en término de derechos sociales para la mayoría trabajadora.

Hay que articular una propuesta para todos los territorios de la España plurinacional, de carácter avanzado con el fin de construir el nuevo país que encaje en el nuevo Estado, descentralizado en lo político y unitario en término de derechos sociales para la mayoría trabajadora


Un proceso constituyente concebido como herramienta democrática para ejercer el derecho a decidir desde una perspectiva social y de clase. Un proceso constituyente para construir un Estado que represente y defienda a la mayoría social trabajadora. Un proceso constituyente para que, en legítima defensa de sus derechos políticos y sociales, la mayoría social trabajadora ejerza el derecho a decidir, a partir de una arquitectura de Estado que le permita reclamar los derechos de ciudadanía que le son propios. En definitiva un proceso constituyente para un nuevo país.
Creemos y así defendemos que el proceso debe partir del reconocimiento de la superación de la Constitución de 1978, que se ha quedado obsoleta.  Debe ser un proceso abierto a la participación de muchos actores, a nivel colectivo e individual, y horizontal. Uno de los objetivos del proceso debe ser crear herramientas permanentes de participación y de revocación de los gobernantes y representantes por parte de la ciudadanía. El propio proceso tiene que tener como objetivo utilizar un lenguaje entendible y cercano, para que todos y todas puedan hacer política. Pensamos que ha llegado el momento de abordar sin tabúes, desde la serenidad, el rigor, pero también desde la audacia política, la necesidad de abrir un proceso constituyente que nos permita construir un nuevo país. Un nuevo país que en definitiva esté al servicio del interés general y que devuelve a la soberanía a los verdaderos protagonistas de nuestra democracia.

domingo, 8 de marzo de 2015

Federalistes contra creacionistes en el nou cicle electoral (per Francesc Trillas)

Les actituds d’alguns sectors de l’esquerra catalana i espanyola em recorda la d’aquests personatges neutrals entre evolucionisme i creacionisme: deixem que la gent decideixi, no ens mullem. En aquest cas no és per pressió del Tea Party, sino de la Tieta Party. Però la realitat és federalista




Alguns opten per ser neutrals entre les tesis evolucionistes, basades en l’evidència científica, i les tesis creacionistes, pròpies de determinades religions. Alguns dirigents educatius als Estats Units donen igualtat d’espais i recursos als qui proposen les dues teories, sense mullar-se (i a la vegada creient que la seva actitud és èticament superior). Cal respectar les persones que tenen creences religioses, i buscar el diàleg amb elles, però quan es tracta de dir com és la realitat d’aquest món, les persones sensates expliquen la veritat.




L’evolucionisme no és una veritat tancada, es pot formular de moltes maneres, i no permet fer prediccions exactes sobre com serà el futur. Però ens acosta molt més a com s’ha fet la realitat que ens envolta que no pas la interpretació literal del creacionisme, que com a molt alguns cientifics el poden defensar com a metàfora de l’existència de forces que no coniexem.
Les actituds d’alguns sectors de l’esquerra catalana i espanyola em recorda la d’aquests personatges neutrals entre evolucionisme i creacionisme: deixem que la gent decideixi, no ens mullem... O idealment intentem trobar una opció intermitja, com si entre el creacionisme i l’evolucionisme existís algun ens identificable en el món del segle XXI. Els entenc perquè des del nostre particular creacionisme les coses són tot el contrari que neutrals. En aquest cas no és per pressió del Tea Party, sino de la Tieta Party. Però la realitat és federalista, i no s’hauria de perdre cap oportunitat per posar-ho de manifest, certament de la forma més intel·ligent i eficaç que sigui possible en cada moment. No es tracta d’atacar els creacionistes amb un ateïsme militant i agressiu, sinó de convèncer el màxim número de persones que postular un creador literalment amb barba blanca no pot substituir les teories de Darwin i els qui l’han seguit que són molts i diversos, com els federalistes.
El proper mes de maig tenen lloc eleccions municipals a tota Catalunya i Espanya. I després tindran lloc eleccions al Parlament de Catalunya i eleccions generals. En el cas concret de Catalunya, tot i que potser amb menys intensitat del que es preveia fa uns mesos, les candidates i candidats estaran sota molta pressió per expressar la seva lleialtat al procés independentista o, en la seva absència, al "dret a decidir". Les persones que siguin candidates i que simpatitzin en línies generals amb les idees del federalisme, no s'han de deixar arraconar, i haurien de proclamar amb el màxim orgull el següent:

-Que estem a favor d'una Espanya federal en una Europa federal.
-Que certament hi ha diferents federalismes possibles, però que aquest és el debat que hem de tenir: quin federalisme? Fora del federalisme i dels seus valors i solucions, no hi ha cap futur.
-Que l'estat-nació està obsolet al segle XXI, especialment a la Unió Europea, i que per tant té poc sentit centrar gran part del debat polític en crear un nou estat-nació (igual que no té sentit intentar conservar els antics sense reformar-los per adaptar-los a una realitat nova), o els eufemismes i subterfugis que els amaguen, com estat propi, estat nou, o estructures d'estat.
-Que en el món d'avui, la majoria de grans problemes de la humanitat tenen poc a veure amb la capacitat de resposta dels estats-nació, antics i potencialment nous.
-Que la majoria de ciutadans que viuen en democràcia al món ho fan en organitzacions federals o que caminen cap al federalisme, en grans agregats democràtics que inclouen la Unió Europea (a mig camí, però en la bona direcció si no fem passos enrera), els Estats Units, Canadà, Austràlia, l'Índia, Sudàfrica, o Brasil.
-Que és veritat que avui hi ha més estats que fa 100 anys, però ha estat per la descolonització i per la disgregació del bloc soviètic, i que molt probablement els territoris afectats avui estarien molt millor si tinguessin estructures federals democràtiques (i s'haguessin estalviat alguns milions de morts).
-Que és impossible i molt poc desitjable intentar retallar el món fent un estat per cada nació, perquè produiria una gran inestabilitat en un món ja prou convuls, i perquè de nacions n'hi pot haver més de 5000 i estan barrejades cada cop més en els territoris, i d'estats n'hi ha només uns doscents.


L'estat-nació està obsolet al segle XXI, especialment a la Unió Europea, i per tant té poc sentit centrar gran part del debat polític en crear un nou estat-nació, o els eufemismes i subterfugis que els amaguen, com estat propi, estat nou, o estructures d'estat


-Que l'organització més racional de govern és una arquitectura institucional multi-nivell federal clara i simplificada, on els ciutadans puguin influir al màxim de directament a cada nivell a través del seu vot i de l'elecció dels seus representants, des del barri fins al món global, passant pel districte, el municipi, les regions metropolitanes, els òrgans supra-municipals, els governs d'àmbit superior i el govern europeu. 
-Que el federalisme no és només el projecte més racional, sinó que també és el que facilita més la concòrdia, la solidaritat i tots aquells valors posititus i emotius que treuen el millor, i no el pitjor (com fa el nacionalisme sovint) del que els humans portem a dintre.
-Que els conceptes monistes de sobirania i de subjecte polític estan avui obsolets. 
-Que el gran traspàs de sobirania que està pendent avui i és perfectament viable és el de reforçar la sobirania del nivell europeu, creant un autèntic tresor europeu amb un pressupost rellevant i capacitat redistributiva i inversora. 
-Que encara que avui soni utòpic, s'ha d'avançar en el debat per crear instàncies de govern democràtic mundial, perquè alguns dels nostres grans problemes tenen escala global, i no s'estan resolent bé per la via d'institucions merament inter-"nacionals". 
-Que la humanitat té plantejats grans problemes (les desigualtats, la creixent concentració de riquesa, l'atur, el frau fiscal, les migracions, la inestabilitat financera) que depassen totalment l'estat-nació però que acaben afectant a la qualitat de vida dels nostres pobles i ciutats: només amb una arquitectura institucional federal, amb competències clares i alhora cooperació i govern compartit, es poden resoldre aquests problemes. 
-Que els nostres pobles i ciutats reflecteixen una gran i creixent diversitat, que aquesta és positiva, i que no es pot estar permanentment obligant a la gent a triar entre les seves identitats compartides. 
-Que els nostres pobles i ciutats tenen dret a desenvolupar-se amb la màxima llibertat i flexibilitat en un món sense fronteres, on no només no ens desconnectem de ningú (i molt menys d’aquells amb qui compartim parentiu, idiomes, negocis i problemes), sinó que treballem solidàriament amb els qui ens envolten.

La humanitat té plantejats grans problemes (les desigualtats, la creixent concentració de riquesa, l'atur, el frau fiscal, les migracions, la inestabilitat financera) que depassen totalment l'estat-nació: només amb una arquitectura institucional federal, amb competències clares i alhora cooperació i govern compartit, es poden resoldre


-Que els federalistes volem resoldre les coses democràticament, i per això proposem per tots els mecanismes legals que existeixin (eleccions, referèndums i consultes), que els ciutadans expressin el seu suport per aquest tipus d'arquitectura institucional aquí defensat, igual que defensem el dret d'altres ciutadans a canviar els mecanismes legals per vies legals i democràtiques quan no trobin els camins per fer avançar les seves propostes. 
-Que en el cas concret de Catalunya, defensem una reforma federal de la Constitució espanyola i un ferm compromís de tots els responsables polítics en la construcció d'una Europa cada cop més federal i democràtica, i no tant confederal i inter-governamental, i on les fronteres perdin cada cop més el sentit legislatiu i regulatori que tenen, i no tornin a tenir mai més el sentit policial i repressiu que havien tingut en el passat. 
-Que els que no defensin amb claredat aquestes idees estan rebutjant el marc institucional idoni per resoldre els grans problemes de la humanitat, incloent la injustícia social i la corrupció, i per tant mostren en realitat un compromís pràctic molt feble amb la solució d'aquests problemes. 
Els Jocs Olímpic de Barcelona, el millor que ha sortir del municipalisme progressista, per exemple, no hagués estat mai possible sense una òptica federal: una iniciativa local que arrossega a tots els nivells de l’administració en un mateix objectiu, i projecta una Catalunya moderna i plurilingüe, que té els braços oberts a la resta d’Espanya i del món (per exemple, amb alguns icons posteriors de l’independentisme recollint la medalla d’or per Espanya al Camp Nou). Un alcalde de Barcelona independentista no hagués aconseguit mai que es fessin les Olimpíades de 1992.
No podem donar la mateixa credibilitat al creacionisme que a l’evolucionisme, ni a la quimera independentista (es vesteixi com es vesteixi) que al federalisme. No debades Joan Rigol, Doctor en Teologia segons Viquipèdia, és el cap visible de la Plataforma pel Dret a decidir i va ser president del Patronat del temple expiatori de la Sagrada Família. Un senyor molt educat i agradable. Però en algunes coses equivocat.

domingo, 1 de marzo de 2015

“Federalismo plural como la izquierda“ (Por José Luis Atienza)

Nosotros nos sentimos catalanes, españoles y europeos, pero ciudadanos de una patria principal que nació en la periferia y que alguien quería condenar para siempre en ella: el Baix Llobregat. Es el alma obrera, el alma mestiza de quienes nos sentimos catalanes llevemos la camiseta del color que llevemos y enarbolemos la bandera que enarbolemos, pero también hermanos de las gentes y los pueblos de España. Nuestra alma no empieza en los Pirineos y acaba en el Ebro


(Este texto es una transcripción de la intervención de José Luis Atienza en la presentación de Federalistes d'Esquerres en Cornellà el 5 de noviembre de 2014)



Estoy encantado de estar aquí, en un acto celebrado en un lugar muy querido de nuestra geografía política y sentimental, Cornellá. En un centro que lleva el nombre de nuestro García Nieto, un hombre que hizo fácil lo complicado: unir la vida, la religión, el sindicalismo y la política y que finalmente murió a pie de obra. Las personas mejores no son las planas, son como los países. Las mejores no son las que tienen un sólo color, un sólo tono, sino aquellas que tienen muchas dimensiones y son capaces de crecer viviendo sus contradicciones.



Me emociona estar en Cornellá cerca de la plaza Cataluña y permitidme que en vez de reivindicar la memoria lejana de 1714 como hacen algunos, reivindique una memoria cercana, la de la dignidad. La memoria del 14 de diciembre de 1988, fecha  en la que hicimos una manifestación de la huelga general con la misma gente que doce años antes había hecho una manifestación en Sant Boi para reivindicar el primer 11 de septiembre en 1976. 
Porque en Cornellá nuestra memoria histórica es la lucha contra el franquismo en el Baix Llobregat. Es el alma obrera, el alma mestiza de quienes nos sentimos catalanes: catalanes, llevemos la camiseta del color que llevemos y enarbolemos la bandera que enarbolemos, pero también hermanos de las gentes y los pueblos de España. No nos sentimos de un sólo sitio. Nuestra alma no empieza en los Pirineos y acaba en el Ebro. Como dijo Sergi Pamies, nos sentimos como las aceitunas a la española, rellenas de rica anchoa.

Probablemente es cierto que damos a España más de lo que recibimos pero lo que seguro que es cierto es que el Baix Llobregat da a Cataluña más de lo que recibe en una proporción superior a la que da Cataluña a España y por eso no reivindicamos la secesión. El federalismo es plural como la izquierda, como España, como Cataluña, pero hemos de ser capaces de dar un NO sereno y razonado a la independencia. El federalismo es sentimiento, pero también es razón y pone la razón por delante del sentimiento. El federalismo es corazón y cerebro pero pone el corazón a latir y el cerebro a pensar en cómo arreglar las cosas. Creo que es emocionante estar en una reunión organizada por quienes tienen tan hermoso nombre y aun mejor apellido, federalistas de izquierdas. Y entre todos tenemos que hacer que empiece a funcionar para razonar y acordar una reforma de la constitución que mejore Cataluña y mejore España,  que mejore la vida de los catalanes y españoles. Nosotros nos sentimos catalanes, españoles y europeos, pero ciudadanos de una patria principal que nació en la periferia y que alguien quería condenar para siempre en ella: el Baix Llobregat.

miércoles, 25 de febrero de 2015

“Federalisme, drets i polítiques socials”. Intervenció de Carme Valls-Llobet a l’acte de la Crida dels Socialistes de Catalunya

El federalisme és una manera de construir l’espai comú de la convivència i és la millor fórmula per la construcció política i social de la confiança. Enfront de les actituds polítiques competitives, excloents, generadores d’odi, de desconfiança i de càlculs econòmics interessats, el federalisme s’acosta a les actituds que havia defensat la classe obrera. Crea condicions per exercir la solidaritat i la fraternitat de forma organitzada i està obert al respecte mutu i a acceptar les llengües i les identitats diverses perquè considera la uniformitat com un retrocés i la diversitat com una riquesa humana


(Intervenció de Carme Valls, vicepresidenta de Federalistes d’Esquerres, a l’acte “Crida als socialistes de Catalunya” celebrat el 7 de febrer al Palau de Congressos de Barcelona)



Gràcies per haver convidat una associació relativament jove com “Federalistes d’Esquerres” a participar en l’acte d’avui del PSC. El federalisme ha tingut una llarga tradició i molts de nosaltres des de joves i vosaltres com a Partit heu estat federalistes des de la vostra fundació. Precisament, recordant la nostra història, he trobat unes paraules de Francesc Pi i Margall, el president i primer impulsor de la primera Constitució Federal i social d’Espanya, escrivia dirigint-se als obrers de tot Espanya, el 28 d’abril de 1900: “Serà il·lusòria la llibertat mentre no hi hagi igualtat de condicions. Prepareu-vos a aconseguir-la. Voleu combatre amb sort? Poseu més alt tots els dies el nivell de la vostra pròpia cultura, protesteu contra totes les guerres de conquesta, negueu-vos a lluitar per cap causa que no sigui justa, no afavoriu mai les rivalitats entre nacions, no descanseu fins que feu de tot el nostre llinatge una família i de la terra la pàtria de tots els humans”.

El concepte de democràcia de Pi i Margall s’articula sobre tres bases mútuament imbricades: republicanisme, federalisme i socialisme, bases amb les que estem d’acord els federalistes d’esquerres. El federalisme no es només una forma d’organitzar el govern territorial; és també un sistema social sencer, que s’estén a l’àmbit de l’economia i la societat. Els problemes territorials estan íntimament units als socials i per descomptat a la lluita contra la corrupció. Encara que els nacionalismes volen atacar el federalisme com una forma de separar, sabem que és la formula política de unió amb la diversitat. Enfront de la unitat el federalisme defensa la unió dels diferents i consolida els drets a les diferències.
El federalisme dona prioritat al Govern compartit i al Govern multinivell. És la coordinació no jerarquitzada de la governança. Per això es necessita el senat federal per debatre les necessitats territorials, les conferències sectorials i les conferències de presidents vinculants.
Enfront de la política conservadora basada en l’autoritat jeràrquica i la disciplina vertical, el federalisme es basa en el Faedus (el pacte) i en el Fides ( la confiança). El federalisme és una manera de construir l’espai comú de la convivència. Com ens deia Hanna Arendt, és la millor fórmula per la construcció política i social de la confiança. Enfront de les actituds polítiques competitives, excloents, generadores d’odi, de desconfiança i de càlculs econòmics interessats (recordeu el peix al cove), el federalisme s’acosta a les actituds que havia defensat la classe obrera. Crea condicions per exercir la solidaritat i la fraternitat de forma organitzada amb un federalisme fiscal just; està obert al respecte mutu i a acceptar les llengües i les identitats diverses, perquè considera la uniformitat com un retrocés, i la diversitat com una riquesa humana. Permet exercir de forma pràctica l’EMPATIA, que és una disposició innata dels éssers humans per la convivència, la cooperació i la vida en comunitat. De fet s’ha de forçar la pròpia naturalesa del cervell humà per dedicar-se a excloure els altres i contemporitzar amb les desigualtats i les injustícies. Hem nascut per l’empatia i la col·laboració i per això hem sobreviscut com a espècie humana. El federalisme no accepta el concepte de sobirania, que és un concepte basat en la església i la monarquia, com a concepte primitiu i predemocràtic. El sobiranisme defensa estar per sobre d’algú per imposar alguna cosa, i la construcció social de la confiança federal es fa de baix a dalt, basant-se en que cada persona és sobirana de les seves decisions i per això s’ha desenvolupat la democràcia. No som súbdits perquè no creiem en sobirans ni en sobiranies. Cantàvem que no creiem en “dioses, reyes, tribunos ni soberanos, está el supremo salvador”. La salvació està en la força que fem colze a colze els ciutadans. Som ciutadania en construcció d’una democràcia milor.
Ens deia Pi i Margall “negueu-vos a lluitar per cap causa que no sigui justa”…
Ara que ens hem desfet del fals debat sobre el dret a decidir (un fals debat i un gol de la dreta al bell mig de l’energia i els objectius del l’esquerra) potser ha arribat l’hora de recordar tot el ja hem decidit i fet durant anys; tot el que han fet i van decidir els que ens van precedir en la lluita pels drets de ciutadania, l’hora de lluitar per defensar-los i renovar el nostre compromís per continuar aquesta lluita i fer-los créixer.
No venim del no-res. Tenim la sort de tenir història i hem de defensar-la. Respectem i honorem els nostres avantpassats, que com Pi i Margall, van construir una ciutat nova sobre els camps i rieres de Barcelona, van fer la primera Constitució Federal i van perdre el poder de la primera República Federal quan van voler que fos elegida democràticament i no imposada unilateralment en arribar al govern. Respectem els que van lluitar defensant els drets de la democràcia enfront de l’aixecament feixista. Respectem els partits i la ciutadania que va lluitar contra la dictadura, i van aconseguir la democràcia que ens ha permès començar a decidir des de fa trenta anys. Respectem i recordem a tots i totes els que van deixar-se la pell a la Via Laietana i sobre el seu sofriment ens van ajudar a construir un nova democràcia. Respectem els que van lluitar per poder tenir convenis col·lectius , per poder tenir dret a la salut laboral i per poder tenir una Llei de prevenció de riscos laborals de les més avançades d’Europa. Respectem i recordem a tots i totes les persones que vam lluitar per un nou Estatut amb tota l’agressivitat del PP en contra. Per sort tenim molta història, no l’hem de oblidar i més que construir un país NOU que surt de res, hem d’ajudar a renovar el que tenim, fent força sobre els nostres drets i exigint que no es retallin les polítiques socials que havíem aconseguit.
El federalisme es la millor forma de defensar els drets de ciutadania, el dret a la informació, a la participació, a la transparència de la gestió política i el dret a la igualtat d’oportunitats, perquè es capaç de desenvolupar una organització que té en compte el principi d’EQUITAT, la formula per tractar amb els mateixos drets els que són diferents.
El federalisme es la millor fórmula per defensar les polítiques socials.
Les polítiques socials no són per fer caritat de forma encoberta ni per subvencionar determinats grups i persones perquè ens votin. Les polítiques socials no són una manera de “malbaratar” com creien Margaret Tatcher i tots els neoliberals. Ans al contrari són una fórmula per invertir socialment i públicament, potenciant no sols el benestar de tota la població, sinó també estimulant la co-responsabilitat entre la ciutadania i els seus representants polítics, potenciant també la igualtat d’oportunitats.
Per tant, lluny de sentir-nos culpables per la feina feta, hem de sentir-nos orgullosos i responsables, de la Llei de Sanitat Universal de l’estimat Ernest Lluch, de la Llei contra la Violència de gènere o de la Llei d’Igualtat d’Oportunitats que inclou els aspectes mes avançats d’atenció a les diferències entre dones i homes, o de la Llei per l’Autonomia Personal i per donar suport a la Dependència. La crisi econòmica i les polítiques de dretes a Espanya i a Catalunya han silenciat la gran importància d’aquestes lleis, i amb l’excusa de les retallades i la realitat de la crisi econòmica han evitat desenvolupar-les tant a Espanya com a Catalunya.
La limitació de l’Espanya de les Autonomies que encara no és un Estat federal ha estat posar-se a competir per recursos, enlloc de desenvolupar les conferències sectorials, de benestar, sanitat, medi ambient i educació per fer possible concretar les polítiques públiques de forma més cooperativa i per potenciar els serveis a la ciutadania respectant el principi de la subsidiarietat.
Com a éssers humans i com a societat estem en construcció permanent. Per tant, aprofitant tota la excel·lent feina que ja van fer els que han precedit i la nostra pròpia feina hem de reconstruir i reconstituir el que la dreta del PP ha desvastat, en aquets quatre últims anys de majoria absoluta. Sabem que tenim molta feina per endavant i que no serà fàcil creure en la força de les nostres propostes i fer-les entendre als que han decidit posar-se fronteres al seu interior i volen erigir murs al nostre exterior.
Acabo aquestes paraules amb les que Francesc Pi i Margall es dirigia als obrers de tota Espanya l’1 de Maig de 1900, un any abans de la seva mort: “ No us desanimi el temor de no veure coronada la vostra. Com treballeu, sense esperar recompensa, pel vostres fills (i filles); heu de treballar sense esperar cap premi pels vostres descendents remots. Vivim i gaudim del treball de les generacions passades; és deure nostre treballar per les que han de venir”.
Com diu el Manifest “El que no volen escoltar però hem de proposar” que trobareu a la nostra web i us animem a signar: “ L’esquerra ha de subratllar el significat polític i social del federalisme com a instrument per harmonitzar les diferències de família, de classe i d’horitzons vitals; per tal que la igualtat d’oportunitats dels ciutadans no segueixi sent retòrica; per tal que el frau a Hisenda comenci a condemnar-se com pecat insolidari capital, només perdonable amb la restitució; per tal que la percepció d’una solidaritat activa de l’Estat amb els més desafavorits trobi la seva expressió en una Espanya social i federal”.
Endavant doncs, no ens ha d’espantar la feina, no pretenem cap poder pels nostres interessos, només ens ha d’espantar la corrupció, la ignorància i la supèrbia, i hem de trobar la manera que els petits dictadors i egoismes, i les fronteres interiors que alguns porten a dins no impedeixin la construcció d’un espai comú de convivència, federal i social.

Ànims i bona feina!

viernes, 6 de febrero de 2015

Por una España federal (por Luisa Etxenique)

El nacionalismo prefiere la noción de pueblo a la de sociedad: vernos como piezas de una identidad colectiva predeterminada, de una identidad que viene “de serie” y que nos define independientemente de nuestra voluntad. El federalismo es, en cambio, la afirmación de identidades individuales, originales, mestizas, libres de predefiniciones, e integradas en sociedades dinámicas



(Intervención de Luisa Etxenique en el acto de presentación en Barcelona de la declaración ‘Una España federal en una Europa federal’)

Me parece evidente que no podemos seguir así. Con todo lo que hay que construir y reconstruir, no podemos seguir en este país como sobre arenas movedizas, en un estado de permanente tensión territorial. Necesitamos, como país, pisar tierra firme, consolidar nuevos cimientos para recuperar una convivencia fértil y leal entre todos.



Veo en la vía hacia una España federal la oportunidad de consolidar esos nuevos cimientos; de asentar un nuevo suelo común, firme y fiable, que, en mi opinión, tiene que apoyarse en  una nueva asertividad, en nuevas afirmaciones del y para el estar juntos.
La afirmación para empezar del nombre. España hay que nombrarla en todas partes. Y tal vez soy particularmente sensible a esta cuestión porque vengo de Euskadi donde nunca se la nombra. Kafka nos enseñó la monstruosidad de lo innombrado. Pues es lo que está pasando en muchos lugares, que a fuerza de no nombrar a España, de llamarla sólo el Estado o parecido, se está convirtiendo para mucha gente en un poder kafkiano, extraño, ajeno, y no en un país.
España hay también que contarla en todas partes. 
Creo que una de las cosas más desoladoras ahora mismo es ver con qué facilidad calan algunos discursos en nuestra sociedad; o por decirlo de otro modo, la vulnerabilidad de una parte de nuestra sociedad, especialmente las nuevas generaciones, frente a los discursos manipuladores, negadores de nuestra Historia común, de lo que hemos tenido y hecho en común. España hay que contarla para superar ese desconocimiento que nos vuelve, como sociedad, presa fácil de los mensajes distorsionadores.
Veo en la vía federal la oportunidad también de otra afirmación: la de lo cualitativo frente a  lo cuantitativo. El nacionalismo tiende a reducir la convivencia al cuánto, cuánto más de esto o lo otro para mí. La España federal, pues, como el espacio para  centrar el debate y las aspiraciones en lo cualitativo, en la calidad del estar juntos; sustentada sobre los principios también reafirmados y reactualizados de libertad, igualdad y solidaridad.
La libertad como articulación armoniosa, respetuosa y ágil entre lo propio y lo común, entre lo singular y lo colectivo. Que yo creo que hay que extender no sólo a las relaciones entre los distintos territorios españoles sino también entre las personas dentro de cada territorio. El nacionalismo prefiere la noción de pueblo a la de sociedad, es decir, vernos como piezas de una identidad colectiva predeterminada, de una identidad que viene “de serie” y que nos define independientemente de nuestra voluntad. Y creo que la vía para la transformación federal de España debe incluir la afirmación de un federalismo íntimo, de un federalismo de lo íntimo en la relación de cada ciudadano con su entorno social. O lo que es lo mismo, la afirmación de identidades individuales, originales, mestizas, libres de predefiniciones, e integradas en sociedades dinámicas.
El principio también de igualdad. Desde el que resulta insoportable e inaceptable la idea de que en nuestro país se puedan abrir brechas en la calidad de vida, en la atención sanitaria o educativa en función de la geografía. El debate sobre la transformación federal yo lo fundamento también en una oposición política y moral al hecho de que el  horizonte de oportunidades entre los españoles, el horizonte de calidad de vida, es decir, de felicidad humana, pueda ser distinto, más frágil o peor en algunos lugares que en otros.
Yo creo que el debate federal es, en este sentido, esencialmente el de la afirmación y la asunción de la co-responsabilidad. Sentirnos responsables los unos de los otros, todos con todos. Y es lo que llamaría el espíritu federal o la actitud federal corresponsable.
Y creo que es en eso en lo que hay que insistir, el espacio que hay que recuperar y reafirmar, en un país en lo que últimamente lo que se promueve con más insistencia es el cada uno a lo suyo. No importa lo perfecto que pueda ser un modelo federal, lo brillante que pueda ser, por ejemplo,  su articulación competencial… si falta o falla ese espíritu. El espíritu que reconoce lo que tenemos en común y quiere preservarlo. El que defiende la voluntad de ser, estar y seguir juntos; creativa, dinámica, moderna, alegremente juntos. Creo que eso es lo que hay que promover, ese espíritu federal, esa certeza de que juntos vamos a más y a mejor.

jueves, 22 de enero de 2015

Algunas buenas mujeres. Concha Caballero, in memoriam (por Ferran Gallego)

Su falta deshabita nuestro espacio de la izquierda federal, en mayor medida, quizá, porque la protagoniza alguien que, en tierras andaluzas, no dejó nunca de presentar batalla por principios del socialismo, del republicanismo español, de la atención a una cultura propia que debía alcanzar su comprensión adecuada insertándola en el conjunto de la cultura española


“Nunca pensé que el dolor fuera tan parecido al miedo”.  Con estas palabras iniciaba C.S. Lewis su crónica de una aflicción inmensa, Una pena en observación. La mujer que había irrumpido en su solitaria vida de profesor algo extravagante, seguro de sí mismo, inclinado a pontificar sobre asuntos de fe y de esperanza religiosas, había fallecido sin que ninguno de los recursos que él había propuesto a los demás para afrontar una desgracia pudieran consolarle. Sin embargo, la sensación de pérdida se acompañaba, ahora, de la presencia de un recuerdo que le permitía vivir sintiendo que era una persona mejor, más completa, más generosa, más dispuesta a comprender la compleja trama emocional de la existencia. 



La inesperada muerte de Concha Caballero, la espantosa muerte de Concha Caballero,  me ha sumido en un dolor muy parecido al miedo. Ha sumido a miles de ciudadanos y ciudadanas de izquierda en el estupor ante lo que sabemos que ocurrirá algún día, pero que no creemos nunca merecer para algunas personas. Para algunas mujeres buenas. Su falta deshabita nuestro espacio de la izquierda federal, en mayor medida, quizá, porque la protagoniza alguien que, en tierras andaluzas, no dejó nunca de presentar batalla por principios del socialismo, del republicanismo español, de la atención a una cultura propia que debía alcanzar su comprensión adecuada insertándola en el conjunto de la cultura española. Y de un proyecto de relación entre los hombres y mujeres de España que desdeñaba el centralismo y las opciones de separación, en especial cuando tales opciones estaban lideradas por actitudes conservadoras, refugiadas en un súbito patriotismo defensor de un pueblo al que no han dejado de explotar, ni en el comienzo de la transición, ni en los albores de la quiebra del régimen que pretenden encarnar tras haberlo monopolizado.
A Concha Caballero la conocí en debates ásperos, a los que daba la perspectiva de una amable inteligencia con quienes compartían su proyecto y discrepaban en algunos temas, y a los que daba una poderosa energía, cuando se enfrentaba con quienes consideraba responsables de la miseria de la gente. Había aprendido la dureza de la historia de España en la propia carne familiar. Algo que yo entiendo perfectamente porque también nací (perdonadme) en la época que para Gil de Biedma fue la de la pérgola y el tenis, y para nosotros, para Concha y para mí, fue el tiempo de ajustar cuentas con nuestros padres.  Para los dos, la toma de conciencia de un abismo moral español se realizó sin necesidad de salir de casa, pero solo pudo afirmarse como esperanza cuando abandonamos un hogar intoxicado por el odio para encontrar los espacios donde alentaba algo muy distinto a la revancha: el sueño de una España republicana, democrática, federal y socialista. No era solo una propuesta para adquirir el papel de los nuevos vencedores, sino un horizonte hacia donde pudiera mirar la reconciliación de las clases populares, y donde pudieran perfilarse sus verdaderos adversarios.

En estos tiempos en que tan fácil resulta hacerse un hueco exhibiendo palabras gruesas, haciendo ondear banderas y reclamando para cada uno una parcela propia en el paisaje flaco y entusiasta del mesianismo, Concha no dejó de ir anotando sus comentarios perspicaces, su lucidez sabiamente expuesta, sencillamente expresada, diciendo las cosas por su nombre


Recuerdo a Concha siempre a punto de emprender una sonrisa, y se la adivinabas cuando hablabas con ella sin verla. No consigo recordarla de otro modo. Se asomaba a la existencia como si la ternura fuera una disciplina a la que hubiera ajustado su conducta, negándole la crispación y la flaqueza al mismo tiempo. No dejó nunca de tener esa perspectiva de mujer atenta a la sensibilidad de los demás, a la munición emocional con la que cargamos nuestras percepciones. Lejos de restarle lucidez, eso le permitía alcanzar una visión más completa de la condición humana, porque no puede construirse nada si no es desde una bondad nada ingenua y desde la atención a los hombres y mujeres como seres que no pueden identificarse con los esquemas ateridos de una sociología desalmada.  
El sufrimiento social, aquel que era resultado de la voluntad de los miserables y que podía resolverse agrupando a la buena gente en un proyecto revolucionario, le provocaba una amargura irrenunciable. Vivir con la conciencia a punto no es nada fácil  ni es un camino de rosas. La ejemplaridad no es bien recibida por quienes escandalizan el sentido de la decencia. Concha no buscaba en esta vida la diversión mezquina, sino la alegría generosa, que exige prestar atención constantemente al orden moral del mundo. No era amiga de consignas simplificadoras, sino experta en análisis complejos, muy mal dotados para el conformismo. En estos tiempos en que tan fácil resulta hacerse un hueco exhibiendo palabras gruesas, haciendo ondear banderas y reclamando para cada uno una parcela propia en el paisaje flaco y entusiasta del mesianismo, Concha no dejó de ir anotando sus comentarios perspicaces, su lucidez sabiamente expuesta, sencillamente expresada, diciendo las cosas por su nombre, y sin nombrarlo todo con las evasivas retóricas y la palabrería hacinada en el lenguaje de los presuntos rebeldes de nuestra crisis.
Yo era (soy) mucho más escéptico que ella, al contemplar cómo se movilizan, solo ahora, aquellas personas que nunca nos hicieron el menor caso cuando hablábamos de los riesgos del euro, del aquelarre de la construcción europea, de la degradación de la izquierda, de la capacidad del sistema para corromper todo aquello que se le pone a tiro. A mí me ha entrado una reprobable melancolía al ver el modo en que quienes organizan la lucha contra la obscenidad política y social de nuestro tiempo olvidan tradiciones de lucha sin las que ni ellos mismos podrían haber aprendido a comprender lo que sucede. A Concha, en cambio, solo le llegó la carga de la ilusión de estos movimientos. Y se asomaba a ellos, como lo escribió en una ocasión, como la enamorada que contempla el paso airoso y excitante de quien le ha robado el corazón. Mirándolo no lejos, sino desde la propia edad, desde una experiencia, con una esperanzada complicidad y dejando paso y protagonismo a quienes devolvían el color al rostro lívido de una tierra devastada.  

Para los republicanos, para los federalistas, para los de izquierdas, Concha Caballero es una compañera a la que hay que empezar a echar de menos activamente, sin que la pérdida nos paralice, sin que la soledad nos pueda


En Concha Caballero habitaba el equilibrio entre ese respeto a tradiciones políticas indispensables y la apertura de miras hacia lo que solo es nuevo en parte que a mí me cuesta tanto llevar a mi conducta.  Será que a mí me la experiencia me pesa, y a ella la experiencia le permitió volar, porque nunca la tuvo como un anclaje de seguridad, sino como un punto de apoyo para poder levantar su mirada. Intentaré aprender de ello. Ahora, con más empeño, porque no puedo comentarlo ni siquiera en los breves diálogos sobre paisajes, literatura, circunstancias sociales o proyectos que podíamos trenzar,  o cuando esperaba que sus colaboraciones periodísticas me dijeran algo distinto siempre, y siempre algo interesante. 
Nunca pensé que el dolor fuera tan parecido al miedo.  Me asusta nuestra condición humana, que tan fácilmente reduce una vida intensa, combativa, alegre y bondadosa a la ceniza. Temo esa reiteración de ausencias que va cercando nuestro lugar en la tierra, porque no es verdad que el recuerdo nos consuele ni que el ejemplo nos sostenga la tristeza hasta disolverla. A mi mundo, al mundo de los que llevamos mucho tiempo luchando por la emancipación de las personas, se le ha arrancado algo cuya falta no solo nos duele, sino que también nos empobrece.  Aquí vemos a algunas mujeres oportunistas, vivarachas, deslenguadas, petulantes y que quieren hacer pasar su falta de escrúpulos por apego a la tierra, respeto al orden constituido o sometimiento a una sociedad que ha demostrado sobradamente su incompetencia.  Y Concha nos ha dejado sin su prudencia, su respeto por cualquier ser humano, su sensibilidad ante el dolor social, su resuelta convicción de que teníamos que acabar con esto, porque era necesario y porque era posible. Para los republicanos, para los federalistas, para los de izquierdas, Concha Caballero es una compañera a la que hay que empezar a echar de menos activamente, sin que la pérdida nos paralice, sin que la soledad nos pueda.  Para recordarla como se imaginó a sí mismo uno de sus poetas favoritos de Sevilla, Luis Cernuda, cuando dijo que “cuando la muerte quiera/una verdad quitar de entre mis manos,/ las hallará vacías, como siempre/ardientes de deseo,/ tendidas hacia el aire.”