jueves, 5 de diciembre de 2013

Sobre vigas en ojos ajenos y propios (por Francisco Morente Valero)

Se ha convertido en algo habitual en las ondas, los diarios y, sobre todo, en la prensa digital, tachar al Partido Popular de franquista, o afirmar, con la seriedad del connaisseur, que UPyD es la nueva Falange. ¿Es eso muy diferente de afirmar que ERC es nazi?



Uno de los argumentos más recurrentes y queridos de nuestros secesionistas es la supuesta falta, al otro lado del Ebro, de cualquier tipo de sensibilidad hacia la pluralidad cultural, lingüística y política de España; o más extensamente aún, la inexistencia de una auténtica fibra democrática entre los españoles, con alguna honrosa excepción que siempre se cita pero que, como quiere el dicho, solo vendría a confirmar la regla. Nada que ver, por supuesto, con el talante milenariamente democrático de los catalanes, que no hemos roto un plato en nuestra vida.
A mí me ha parecido siempre que ese punto de vista esconde una actitud prepotente y perdonavidas, por decir lo menos, puesto que lo que hay tras él no es sino la convicción de una superioridad moral, política e incluso intelectual que sería la base real de nuestra diferencia. La certeza, en definitiva, de que nosotros nunca haríamos lo que esa banda de antidemócratas que pueblan España perpetra a diario contra Cataluña. Esta forma de ver las cosas se extiende a las esferas más diversas de la existencia (no solo, pues, a la política) y se aplica a cuestiones tanto generales (la actitud ante la democracia, por ejemplo) como muy específicas, con una muy preocupante falta de reflejos para reflexionar sobre si quien así actúa está a salvo de ser acusado de aquello mismo que está denunciando. Veamos un ejemplo reciente sobre un tema de rabiosa actualidad.



Es bien conocido que en determinados círculos mediáticos madrileños (eso que algunos llaman el tdt party) es habitual la aparición de tertulianos, algunos de ellos de cierta relevancia por su condición de colaboradores habituales en destacados periódicos de la derecha, que se despachan a gusto contra los nacionalistas catalanes. No ha sido infrecuente que esos energúmenos equiparen al nacionalismo catalán con el nazismo, y a la situación que se vive en Cataluña con la que existía en la Alemania del Tercer Reich. No hay ni que decir que tales aseveraciones no solo son del todo falsas desde un punto de vista histórico, sino que resultan directamente repugnantes.
Desde su programa matinal en RAC-1, Jordi Basté, líder en las ondas catalanas en esa franja horaria, ha sido un denunciador infatigable de tales actitudes. A mí siempre me ha parecido que hacía lo correcto. La mañana del pasado martes, sin embargo, las cosas fueron algo diferentes. Comentaban sus tertulianos -Xavier Sala i Martin, José Antich y Rafael Nadal- la actualidad, y más concretamente la orientación fuertemente recentralizadora del gobierno español (Un despropósito, sin duda; para quienes defendemos un estado federal, una apuesta de ese tipo no puede parecernos sino una política gravemente equivocada y que debe ser combatida con todas las armas democráticas a nuestro alcance). En un momento del debate, Sala i Martin afirmó que esa política era la muestra de la “deriva franquista” del gobierno del Partido Popular. Por si no nos había quedado claro a los oyentes, un par de minutos más tarde reiteró la afirmación, añadiendo esta vez que utilizaba el término muy conscientemente. Que no era un lapsus, vamos. Un poco después remató la faena diciendo que lo único que España tiene que ofrecer a Cataluña en estos momentos es la vuelta al franquismo. Y se quedó tan ancho.
Uno esperaba la correspondiente puntualización de alguno de los otros participantes en la tertulia. Ninguno de los tres, sin embargo, dijo ni mú. Les debió de parecer lo más natural del mundo lo que acababa de afirmar Sala i Martin. Jordi Basté, tan atento a otras comparaciones con el fascismo, no consideró que hubiera nada reprochable en las palabras de su invitado.

“Es una manipulación de la realidad afirmar que lo único que tiene que ofrecer España a Cataluña es la vuelta al franquismo y no se corresponde con la posición que tienen la mayoría de los españoles"



No es un ejemplo aislado, aunque, por el medio y el programa donde se produjo, sí especialmente llamativo. Lo más preocupante, sin embargo, es que esa forma de ver a, cuando menos, una parte muy importante de los españoles de fuera de Cataluña, sin pararse a pensar si se está libre de culpa para lanzar la piedra, se ha extendido capilarmente más allá del campo estrictamente independentista y está comenzando a ser algo relativamente común entre personas y colectivos que no necesariamente tienen por qué defender la ruptura con España.
Véase, por ejemplo, este otro caso, no irrelevante por más que pueda parecernos más o menos anecdótico. No hace muchos más días, en una tertulia futbolística en SER Catalunya, uno de los periodistas participantes, indignado por las maniobras de la prensa deportiva madrileña a favor de Ronaldo en su pugna por el balón de oro, afirmó que los periodistas de esos medios eran unos fascistas. Así, tal cual. En honor a la verdad, el moderador de la tertulia le recriminó el uso del término, pero el descubridor de fascistas emboscados en el Marca se reafirmó –y en un tono de voz que uno identificaría fácilmente con un grito- en su aserto inicial. Y no una, sino varias veces.
No resultaría difícil encontrar otros muchos ejemplos similares en las ondas, los diarios y, sobre todo, en la prensa digital del universo independentista, donde se vierten a diario estupideces semejantes, y donde instituciones, grupos políticos o actitudes de personajes que nada tienen que ver con el fascismo son tildados de franquistas, fascistas o, sí, incluso nazis. Se ha convertido en algo habitual tachar al Partido Popular de franquista, o afirmar, con la seriedad del connaisseur, que UPyD es la nueva Falange. ¿Es eso muy diferente de afirmar que ERC es nazi?. Y todo ello ocurre sin que quienes (asociaciones diversas, colegios profesionales, partidos) se rasgan las vestiduras cuando se rebuzna en Madrid hayan dicho esta boca es mía en un solo caso de los que se dan aquí.
Al final estas cosas tienen la importancia que se les quiera dar. Lo que hacen algunas cadenas de televisión madrileñas (con audiencias muy pequeñas, hay que recordar) es deleznable, pero si se eleva a la categoría de asunto de referencia, tendríamos que aplicar en casa la misma vara de medir.

"Quienes con toda razón denuncian la equiparación de nacionalismo catalán y nazismo deberían saber que el franquismo fue la variante española del fascismo. Un fascismo que no dudó en desencadenar una guerra civil para acabar con el sistema democrático en toda España"



Quienes con toda razón denuncian la equiparación de nacionalismo catalán y nazismo deberían saber que el franquismo fue la variante española del fascismo. Un fascismo que no dudó en desencadenar una guerra civil para acabar con el sistema democrático en toda España (y no sólo en Cataluña, como algunos parecen creer) y que fue responsable de los cientos de miles de muertos que se derivaron de esa guerra y de la brutal represión de postguerra, sin olvidarnos de los centenares de miles de españoles –entre ellos, muchísimos catalanes- que tuvieron que marchar al exilio del que una gran parte ya nunca más volvió. Ese fascismo no era de broma y no fue menos criminal que el italiano o el alemán. Y si estamos de acuerdo en que estos no deben ser banalizados, deberíamos estarlo también en que no se debe banalizar el fascismo español. Y eso es exactamente lo que hizo el martes pasado el señor Sala i Martin con la complacencia de los señores Antich, Nadal y Basté, y lo que es habitual y recurrente en los medios nacionalistas catalanes.
No seré yo quien defienda a este gobierno ni al partido que lo sustenta. No tengo la menor duda de que el PP es un partido muy conservador, socialmente retrógrado y con ramalazos autoritarios. Pero entre esa derecha dura y el fascismo hay un trecho que sólo a base de brocha gorda puede pretenderse que el partido del gobierno ya ha transitado. Y tampoco serviría de mucho remitirnos a las herencias, porque la del franquismo también estuvo extensamente repartida en Cataluña. Algunos prefieren no recordarlo, pero otros aún no hemos perdido la memoria.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La batalla per l’hegemonia epistèmica (Per Pau Marí-Klose)

La batalla per l’hegemonia epistèmica es lliura en informes signats per acadèmics de prestigi, en treballs publicats a revistes científiques de dret, història o ciències socials, en seminaris i jornades convocats a universitats catalanes, de la resta de l’Estat, i fins i tot en algunes de les universitats internacionals més conegudes arreu del món. L’administració pública ha creat condicions propícies perquè el Procés, en les seves diverses expressions, esdevingués un camp preferent de recerca social.


El procés que alguns voldrien que conduís a la convocatòria d’un referèndum d’autodeterminació ha estat concebut, des del moment de l'arrencada, com una batalla per l’opinió pública. Aquesta batalla es dirimeix a diari en els mitjans de comunicació de masses, on el sobiranisme s’ha aplicat a oferir un relat que pogués resultar atractiu pel consumidor mitjà, ja sigui oferint mites engrescadors pels ja convençuts, ja sigui aportant potencials elements de tranquil·litat i il·lusió per un gran nombre de ciutadans que fins fa no gaire s’havien mostrat escèptics o totalment desinteressats respecte del projecte independentista tradicional. Aquesta batalla és la que testimoniem tots a diari, i la que acostuma a ser objecte d’atenció per part de les intervencions públiques de tertulians i comentaristes contraris al sobiranisme.
Però en el rerefons d’aquesta batalla se’n lliura una altra tant o més important que la primera: la batalla per l’hegemonia epistèmica. En aquesta batalla no intervenen necessàriament els mateixos protagonistes que a la primera, tot i que a vegades, alguns personatges multipliquen la seva presència en les dues esferes. La batalla per l’hegemonia epistèmica es lliura en informes signats per acadèmics de prestigi, en treballs publicats a revistes científiques de dret, història o ciències socials, en seminaris i jornades convocats a universitats catalanes, de la resta de l’Estat, i fins i tot en algunes de les universitats internacionals més conegudes arreu del mon (Harvard, London School of Economics,  etc.).

 "Als investigadors que defensen les tesis del sobiranisme se’ls ha concedit protagonisme  a “estructures d’Estat” de nova creació, com el Consell Assessor per la Transició Nacional, o el màster per futurs diplomàtics catalans"


En aquesta batalla, investigadors, professors universitaris i persones expertes s’esmercen a demostrar que el projecte sobiranista és o no es econòmicament viable, encaixa o no encaixa en els marcs jurídics vigents, es justifica o no en principis filosòfics de justícia legítims, té arrels històriques més o menys profundes, compta o no compta amb prou suport sociològic o electoral, posa o no posa en perill la convivència, etc. La batalla és cada vegada més intensa i equilibrada. Però això no havia estat així fins no fa gaire. Mentre la comunitat epistèmica sobiranista comptava amb una maquinària molt ben engreixada, no passava el mateix entre aquells que s’oposaven al sobiranisme, que intervenien en el debat de manera intermitent i a títol personal, enfrontant-se a corrents dominants en els seus departaments i universitats. El múscul que ha exhibit la comunitat epistèmica sobiranista els ha permès mantenir durant bastant temps un avantatge substancial en la construcció de narratives que pretenen basar-se en lògiques d’anàlisi científica. Professors de les principals universitats nord-americanes (Harvard, Princeton, Columbia, etc.), agrupats en col·lectius (el més conegut és Wilson), i alguns dels primer espases en la recerca social a Catalunya, han presentat arguments i ofert la pàtina científica que necessitaven els polítics nacionalistes per fer proclames i propostes que han impulsat el procés. En els últims anys, malgrat l’austeritat i les retallades de la despesa pública en universitats, aquests investigadors han trobat a Catalunya oportunitats insòlites per desenvolupar espais de recerca d’“excel·lència” finançats amb diner públic (i també privat), quan no han estat catapultats a càrrecs de responsabilitat de centres i programes acadèmics de nova creació com la Barcelona Graduate School of Economics, vinculada al conseller Mas Collell. També se’ls ha concedit protagonisme  a “estructures d’Estat” de nova creació, com el Consell Assessor per la Transició Nacional, o el màster per futurs diplomàtics catalans a l’Institut Barcelona d’Estudis Internacionals. La contundència amb què aquesta avantguarda intel·lectual del soberanisme ha expressat el seu suport al Procés, posant el seu coneixement i aurèola al servei de la causa, ha representat probablement un factor d’intimidació per altres acadèmics. A dia d’avui, alguns d’aquests investigadors han esdevingut autèntics empresaris polítics, claus en la mobilització sobiranista, amb notable projecció pública als mitjans de comunicació generalistes públics i privats. En els últims mesos, bastants d’aquests acadèmics han traslladat el debat a la ciberesfera, on han obert blogs (o s’han sumat a d’altres de caràcter col·lectiu), i fins i tot comptes de twitter, Facebook, etc.

"Malgrat l’austeritat i les retallades de la despesa pública en universitats, els investigadors que defensen les tesis del sobiranisme han trobat a Catalunya oportunitats insòlites per desenvolupar espais de recerca d’“excel·lència” finançats amb diner públic (i també privat), quan no han estat catapultats a càrrecs de responsabilitat a centres i programes acadèmics de nova creació com la Barcelona Graduate School, vinculada al conseller Mas Collell"


En aquesta història no cal oblidar la feina feta lluny dels focus. Els deixebles més joves d’aquests professors senior, investigadors precaris i doctorands, han fet un treball brut extraordinari, animats tant per les seves conviccions nacionalistes com per expectatives de futur en un món universitari on la consolidació professional depèn encara en bona mesura de conrear bones relacions d’apadrinament i tutela intergeneracional. En aquest procés, l’administració pública i els partits nacionalistes han aportat premis, oportunitats de finançament i espais editorials on aquests investigadors més joves han pogut publicar els seus primers treballs, alimentant currículums que d’altra manera haguessin estat més difícils de construir. Aquests investigadors han respost amb entusiasme a aquests incentius, creant blogs d’anàlisi econòmica, política i sociològica que han projectat el relat acadèmic pro-sobiranista més enllà de les fronteres de la universitat, i participant activament en columnes periodístiques i altres espais virtuals. 
L’administració pública ha creat les condicions propícies perquè el Procés, en les seves diverses expressions, esdevingués un camp preferent de recerca social. Ha promogut estratègicament línies de recerca (per exemple, sobre balances fiscals), ha finançat jornades i seminaris (per exemple, el controvertit Espanya contra Catalunya) i  ha posat a disposició dels investigadors dades amb les quals fornir les seves anàlisis. Així ha succeït, per exemple, amb els baròmetres del Centre d’Estudis d’Opinió, i en particular amb les preguntes sobre identitat i preferències al voltant del procés sobiranista. La producció pública de dades demoscòpiques sobre aquestes qüestions ha possibilitat la proliferació d’anàlisis sobre l’evolució d’actituds i orientacions dels catalans, que sovint s’han fet amb insuficient preparació tècnica i/o sense les necessàries cauteles metodològiques. Tot i que la qualitat de les mostres dels baròmetres del CEO deixa molt a desitjar ---deficiències que provoquen una clara sobre-representació dels entrevistats potencialment pro-sobiranistes--- això no ha estat obstacle perquè politòlegs i sociòlegs nacionalistes es llancessin a donar per bones evidències molt fràgils (quan no esbiaixades) sobre l’opinió pública catalana, que posteriorment han estat incorporades al debat mediàtic com si fossin fets científicament provats i, per tant, indiscutibles.

"En determinats espais, expressar opinions crítiques cap al procés no només és vist i denunciat com un gest anti-democràtic contra el sentir de la majoria dels catalans, sinó com una maniobra obscurantista, que nega evidències pressumptament incontrovertibles"



 Catalunya ha viscut el que la sociòloga alemanya Elisabeth Noelle-Neumann anomena espiral del silenci, on molts ciutadans (acadèmics i intel·lectuals inclosos) han adaptat el seu comportament a les actituds predominats sobre allò que és i no és acceptable dir i defensar. Els  relats pseudo-científics generats per l'avantguarda intel·lectual del sobiranisme han contribuït poderosament a aquest silenci. En un context com el descrit, apartar-se del discurs dominant sobre el Procés comporta riscos, tant a l’àmbit acadèmic com a la societat en general. Com ens han indicat recentment les dades del baròmetre que realitza GESOP per ElPeriódico, gairebé el 30% de catalans no independentistes se senten incòmodes per expressar lliurement les seves idees. En determinats espais, expressar opinions crítiques cap al procés no només és vist i denunciat com un gest anti-democràtic contra el sentir de la majoria dels catalans, sinó com una maniobra obscurantista, que nega evidències pressumptament incontrovertibles sobre drets inalienables dels pobles, l’expoli fiscal que pateix Catalunya o la desafecció dels catalans respecte d'Espanya. Són acusacions devastadores i potencialment estigmatitzadores en el món acadèmic, que han fet que molts professors i investigadors extremessin totes les precaucions abans de pronunciar-se en un sentit “inapropiat”. Afortunadament, en una atmosfera hostil, no han faltat aquells que han gosat denunciar en veu alta –però sense els mateixos amplificadors-- que el rei va despullat. I, gràcies a ells i elles, ja som molts els que no el veiem vestit de porpra daurada.

viernes, 29 de noviembre de 2013

El que es va dir en el Teatre Joventut i el que no (Per Pedro López Provencio)

Vagi per endavant que, com és notori, no sóc independentista. I no ho sóc per diverses raons: sentimentals, familiars, sindicals, polítiques, històriques, jurídiques i econòmiques. Entre unes altres. Però aquest no és el moment d'entrar a detallar-ho. Em fastigueja l’embolic en el qual estem ficats a Catalunya i no necessito per a res l'anomenat dret a decidir, en els termes en què es formula actualment.
Això no vol dir que consideri immutable l'actual organització político-jurídico-administrativa d'Espanya. Més encara en el cas, que crec improbable, que una majoria suficient de catalans volgués separar-se dels altres pobles d'Espanya, i constituir un nou estat independent, hauria de possibilitar-se. Amb les compensacions i conseqüències que comportés, de les quals caldria fer molt conscients als ciutadans afectats abans que prenguessin una decisió. Sense pors però sense enganys o ocultacions. Donant també l'opció d'adoptar una altra configuració territorial.



El dret a decidir que va defensar Joan Coscubilela l’entenc en aquest sentit. En el de possibilitar que la ciutadania de Catalunya es pronunciï sobre aquest tema, ja que, pel que sembla, hi ha una quantitat apreciable de persones que així ho proposa. I com que també és notori que l'organització política en la qual ell i jo militem -ICV- no té fixada una posició unívoca, em sembla normal que preguntar-li per una decisió que no està presa, evidentment, l'incomoda. Com tot bon polític, l'honestedat del qual està fora de dubte, segurament sap que hauria d'exercir també de dirigent, proporcionant a la seva gent l'alternativa que estimés més adequada.
Si no es va pronunciar en concret sobre el sentit de la “resposta”, sí va dir moltes altres coses que, desgraciadament, queden tapades pel debat sobiranista que ens té atrapats. Li he sentit parlar de les pensions de jubilació, de la reforma laboral, de la sanitat, de l'ensenyament, de les hipoteques, dels serveis socials, dels pressupostos, de la llei mordassa que es pretén tramitar, etc. És a dir, de tot allò que veritablement afecta a la ciutadania i pel que hauríem d'estar preocupats. Dels drets i llibertats que ens pretenen llevar o restringir. Però sembla com si hagués predicat en el desert.
No obstant això, Ramón Jáuregui, amb l'habilitat que li proporciona la seva gran intel·ligència i la seva habilitat parlamentària, es va mostrar federalista i va tractar de menysprear el dret a decidir i la independència, acontentant bona part de l'audiència. Ningú no es va incomodar. Encara que res substancial va dir sobre la paràlisi que va tenir el govern del PSOE en relació amb la mutilació, pel tribunal constitucional, d'una norma estatutària aprovada en referèndum. Ni de la reforma constitucional per satisfer l'especulació financera. Ni de l'indult a un banquer criminal. Ni dels dubtes fundats que existeixen sobre l'acceptació de l'opció federal entre els més destacats dirigents del seu partit, tant actuals com històrics. Ni, referint-se a la solidaritat, no res va dir del “cupo” basc.

Tot això demostra l'encert i la necessitat de fomentar els debats entre els millors polítics de l'esquerra amb participació del públic. Caminant es fa camí. Gràcies als dos conferenciants i al moderador.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los silencios de un debate político en el Teatre Joventut (Por Carlos Jiménez Villarejo)

El pasado 23 de Noviembre asistí al debate entre Ramón Jáuregui y Joan Coscubiela en el Teatre Joventut de L´Hospitalet sobre la reforma constitucional ante las relaciones de Catalunya con España. Asistí a sus intervenciones y a las correspondientes réplicas entre ellos. Francamente, la intervención de Coscubiela me inquietó en tanto que su presencia allí la hizo como diputado de ICV.
Vaya por delante el aprecio personal por Joan y, desde luego, mi respeto y hasta admiración por su trayectoria sindical y su brillante e incisiva actuación en el Congreso de Diputados.



Pero el derecho a la crítica es compatible con este respeto. El primer problema que me sorprendió es que pretendiera justificar el llamado derecho a decidir, mas allá de concreciones legales, porque la voluntad de las personas y de los pueblos anticipa, con su ejercicio, los derechos que luego se reconocen normativamente. Y se refirió, como precedente de ello, al derecho de huelga. Disiento de tal alegación. Porqué como es evidente, la huelga como hecho histórico siempre tuvo un contenido perfectamente definido: la cesación del trabajo por cuenta ajena para reivindicar intereses de los trabajadores. Por cierto, tardó mucho en ser reconocido como derecho: concretamente hasta los Pactos de Nueva York de 1966. Hoy por hoy nadie conoce el orígen y contenido del derecho conocido como derecho a decidir. Porque, como argumentó con acierto Jáuregui, es una forma amortiguada de referirse al derecho de autodeterminación. Derecho que, en ningún caso, puede atribuirse a Catalunya.
En efecto, en la comunidad internacional se ha reconocido el derecho a la libre determinación de los pueblos, que no a la autodeterminación. Tiene lugar en un momento histórico completamente distinto del actual. El reconocimiento de tal derecho tiene lugar en plena dinámica anticolonialista, entre 1960 y 1966. Es decir, ante la necesidad de resolver la situación de los pueblos sometidos a la dominación colonial por las potencias occidentales, casi todas ellas vencedoras en la II Guerra Mundial. 

"Hoy por hoy, nadie conoce el origen y contenido del derecho conocido como derecho a decidir porque no es más que es una forma amortiguada de referirse al derecho de autodeterminación"

Es a estos pueblos a quienes se reconoce el derecho a constituir un Estado independiente de las respectivas metrópolis para superar definitivamente la sumisión en la que vivían. Reconocimiento que va asociado al reconocimiento de los derechos humanos a los hasta entonces súbditos de esos pueblos y, paralelamente, al derecho al desarrollo y la recuperación de sus recursos naturales. Todo ello da lugar a la Resolución 1.514 de la Asamblea General de NNUU, de 14 de Diciembre de 1960, llamada Carta Magna de la Descolonización. Por esta razón, la Resolución parte del reconocimiento del apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes y el papel decisivo de dichos pueblos en el logro de su independencia. Y el texto de la Resolución es claro y contundente al respecto. Por razón de la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extrajera…, se les reconoce el derecho de libre determinación a fin de que los pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la independencia…. Ya posteriormente, en los Pactos de Nueva York de 1966, en pleno desarrollo de la descolonización, vuelve a reconocerse en el Artículo Primero que Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. Pero eso sí, partiendo del ideal del ser humano libre, en el disfrute de las libertades civiles y políticas y liberado del temor y de la miseria…. El alcance jurídico de este principio ha sido analizado por el Tribunal Internacional de Justicia respecto al Sahara Occidental (1975) y Timor Oriental (1995). Es muy evidente que nada tiene que ver con la Catalunya actual.
Además me sorprendió que, durante su exposición, omitiera toda referencia a los partidos y coaliciones como la de ERC y CiU, que son quienes han puesto en marcha y conducen el proceso a la pretendida independencia. Proceso al que se ha sumado, a mi juicio erróneamente, ICV. Alguien que desconociera el espacio político catalán, podría entender que dicho proceso ha sido creado y es conducido por ICV. Resulta preocupante que un diputado de ICV plantee el confuso e inconsistente “derecho a decidir” ocultando que el proceso en cuestión está guiado, con las ambigüedades oportunas, por el partido más representativo de la derecha catalana -Convergència Democràtica-, con el necesario apoyo, dada su debilidad parlamentaria, de ERC. Así resulta de los acuerdos parlamentarios que se refieren a la transitoriedad jurídica hasta alcanzar estructuras de Estado y otras formulaciones que expresan claramente la voluntad de secesión respecto de España, con independencia del marco democrático vigente.

"El proceso soberanista está guiado por el partido mas representativo de la derecha catalana, Convergència Democràtica, con el necesario apoyo, dada su debilidad parlamentaria, de ERC. A mi juicio ICV se ha sumado erróneamente. ICV-EUA debe aglutinar a las clases populares y plantearse como horizonte principal y casi único, superar la falta creciente de libertades y acabar con las desigualdades sociales"

Coscubiela no puede ocultar en un acto público con ese objetivo que esa derecha es la que está retribuyendo a altos cargos de la Generalitat con sueldos anuales muy superiores a 100.000 euros, mientras alega cínicamente que España nos roba, que esa derecha  está desmantelando el sistema público de salud- cuando el tiempo medio de espera en Catalunya para una intervención quirúrgica ha aumentado un 30%-, que los altos cargos del gobierno de esa derecha incumplen impunemente la Ley de Incompatibilidades, como ha advertido la Oficina Antifrau ante el caso Padrosa, que esa derecha que mantiene en sus cargos electivos a imputados por corrupción, como Oriol Pujol, o a responsables políticos de los Mossos ante abusos policiales inadmisibles en un Estado de Derecho, que esa derecha derogó inmediatamente después de alcanzar el poder  el Código Ético de la Policía aprobado por el Conseller Saura, y así sucesivamente. 
Amigo Joan, no puede ocultarse que estáis aliados, llámese como se quiera, con quienes van a haceros pagar un alto precio por un proyecto que, digan lo que digan, no tiene otra finalidad que romper la convivencia en Catalunya y, desde luego, segregarse de España. No es ese, a mi juicio, el proyecto que corresponde a ICV-EUA, partidos de izquierda, que deben aglutinar a las clases populares y plantearse como horizonte principal y casi único superar la falta creciente de libertades y acabar con las desigualdades sociales.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Independència, una recepta simple i reeixida (Per Pedro López Provencio)

Han passat gairebé 40 anys des d'aquell dia en què una parella d'amics ens van convidar, a la meva dona i a mi, a passar un cap de setmana a Andorra. Durant el trajecte en cotxe, ell, una mica misteriós, em va dir que s'absentarien durant un matí. Estaven convocats a una reunió independentista, perquè segons ens van dir, aquesta era la seva opció política. Amb el poc tacte que em caracteritza, els vaig etzibar sense pensar-ho: independents de qui: de la CIA o del KGB? Vam riure de bona gana i no vam tornar a parlar de l'assumpte mai més.
El que llavors era cosa d'un nombre reduït de persones, avui sembla que interessa a una part molt important de la societat catalana. No és per casualitat. Cal reconèixer que el nacionalisme i el catalanisme han realitzat una labor intensa i constant. Ajudats per moltes persones com jo que, sense enquadrar-se en cap dels dos ismes, hem coadjuvat desinteressadament. La defensa de la immersió lingüística a l'escola, el gairebé exclusiu ús del català en l'Administració Pública, el repartiment de subvencions a la cultura, als mitjans i a l'associacionisme afí, ha donat uns fruits que salten a la vista dels qui ja vam tenir ús de raó al segle passat.
La dictadura franquista va reprimir tots els contraris al règim. Especialment els  treballadors. Però un cop iniciada l'etapa formalment democràtica, va ser el nacionalisme la fracció de la societat catalana que va fer més visible aquella repressió, la que amb més entusiasme va defensar els seus interessos. Va reclamar i va obtenir cada vegada més. Sempre va fer veure que des de la mort del dictador fins aquí res no havia canviat. Mai no van cedir en l'enfrontament.
Els treballadors també aconseguírem imposar drets i llibertats essencials. Vam passar uns anys durant els quals anàvem aconseguint quotes de benestar gens menyspreables -si ho comparem amb el que havien tingut els nostres pares. I així ho vam reconèixer implícitament. Per això, a diferència dels nacionalistes, vam relaxar l'activitat sindical. Els nostres partits d'esquerres van viure mirant a la lluna, i de vegades fitxant-se solament en el dit que assenyala. La conscienciació dels nostres fills va semblar innecessària. Amb la bombolla immobiliària i el crèdit sense fi, ens van fer creure que vivíem al país de les meravelles, que la lluita de classes havia arribat a la seva fi, que la igualtat d'oportunitats existia i que el creixement era infinit. Amb l'abundància de béns materials es va imposar l'individualisme. I com que a l'ambició de posseir no li resulta útil ni la cultura ni la solidaritat, ens trobem ara de nou desarmats i en procés de ser vençuts una altra vegada.
Com que ja està clara la impossibilitat de seguir creixent il·limitadament, la producció intensiva de béns materials comença a no resultar rendible en aquesta part del món. Proporciona insuficients beneficis al capital. La societat europea està saturada encara que la distribució sigui extremadament injusta. La reposició pot obtenir-se amb el que es fabrica en altres països, on encara es treballa sense drets, sense llibertats i amb salaris de misèria. El poc que aquí es produeix solament serà competitiu si es fa en aquelles condicions laborals. La seguretat en l'ocupació i la negociació col·lectiva són una molèstia per a aquesta productivitat basada en l'explotació del treballador espantat.
Per a això se segueixen projectant els processos productius de manera que hi  intervinguin treballadors sense qualificació acadèmica ni experiència professional. Ja se'ls formarà per al lloc de treball que hagin d'ocupar, diuen, mentre aquests llocs es dissenyen perquè es puguin reemplaçar o suprimir amb facilitat. No interessa gens la identificació del treballador amb els objectius de l'empresa, perquè només n'hi ha un: el benefici. Les motivacions, les necessitats, les expectatives i la part del projecte vital de les persones que es vinculen al treball són perfectament menyspreables. El treballador és considerat com un simple apèndix del sistema, una molèstia de la qual caldria poder prescindir.
Mentrestant, els capitalistes -els mercats, els inversors financers, o com se'ls vulgui anomenar-, segueixen augmentant la seva fortuna mitjançant la passada activitat immobiliària i la permanent especulació. I no solament sobre els béns existents sinó també sobre els futurs, de tal manera que, obtingut el benefici, podria ser innecessari produir la mercaderia. Es protegeixen els monopolis com el de l'electricitat i el petroli, i es dificulta la generació autònoma d'energies renovables per particulars. S'enriqueixen també, en bona part, mitjançant el deute públic que ens han endossat i que s'incrementa d'any en any sense solució de continuïtat. L'ajuda de polítics -alguns corruptes- és essencial, també, per assignar-los nous camps d'actuació inversora. Esgotats els nínxols tradicionals, l'acció es dirigeix ara cap als serveis públics. La sanitat, l'ensenyament, els serveis socials, l'obra pública, els sistemes de previsió social com la jubilació, els transports, etc.  Tot ha de transformar-se en objecte de negoci. El que ara són drets ciutadans passaran a ser mercaderies. Objecte de compra-venda per a clients que gaudiran d'aquests serveis en funció de les seves possibilitats econòmiques. La beneficència s'encarregarà dels pobres i dels milions de desocupats a l'aguait d'un disputat lloc de treball. Perquè la ciutadania suporti aquests canvis cal convèncer-la que no hi ha alternativa. Es permet el frau i l'evasió fiscal dels que més tenen. Se'ls redueixen els impostos directes i se'ls concedeixen amnisties fiscals. En conseqüència, falten recursos econòmics per mantenir els serveis públics amb el nivell de qualitat assolit. Per simular que es vol pal·liar, s'augmenten els tributs indirectes i el copagament o repagament a la població en general. S'empitjoren les condicions laborals dels funcionaris, però se'ls permet compatibilitzar el seu treball en el sector públic amb una altra activitat en el privat, de manera que es perjudica més el públic. S'assignen els casos més difícils, costosos i amb pitjor diagnòstic a les institucions públiques. Els més lleugers i senzills s'assignen als centres privats que, a més de l'assignació econòmica pública, compten amb l'aportació privada dels usuaris més acomodats. A la policia se li permet usar mètodes més bestials. S'incrementa la seguretat privada. Al curriculum acadèmic se li posen revàlides i s'augmenten les exigències per a l'obtenció de beques, i amb l'excusa de l'excel·lència se'n limita la continuïtat. El resultat és de “Perogrullo”.
Les persones ho comprenen o ho intueixen, i ho sofreixen. Notem perfectament que anem perdent drets, llibertats i el benestar aconseguit. L'empipament és majúscul. Però manca organització. I falten intel·lectuals i líders polítics o sindicals que condueixin, coordinin i unifiquin les batalles sectorials que es produeixen, i que ofereixin solucions creïbles.
Sembla que només els nacionalistes saben, volen i poden dur a terme aquestes accions amb una recepta tan simple com reeixida.
Es recondueix el malestar de la gent mitjançant una fórmula perillosa que, de moment, els està donant bons resultats a banda i banda de l'Ebre. Subsumeixen i dilueixen les justes reivindicacions en el mite independentista. S'instal·la subliminalment la creença que si perdem el treball, ens treuen de l'habitatge, se suprimeixen serveis socials, s'empitjora la sanitat pública, s'arruïna la qualitat de l'ensenyament, és perquè ens falta la independència. Perquè Espanya roba o perquè Catalunya és insolidària. Els triomfs del Barça marquen el camí. Urgeix la llibertat de la Pàtria.
No obstant això, la contradicció amb la realitat desmuntarà la il·lusió. Vivim en un país hospitalari que ha estat sempre lloc de pas i d'acolliment. Dels antics fenicis als nous xinesos passant pels murcians. La paradoxa és que els partits més seriosos facin seguidisme del menys fiable, que avui ostenta l'hegemonia del discurs. És una situació que no pot durar. I si de sentiments es tracta, qui serà capaç de dividir l'emoció que se sent en recitar els versos d'Antonio Machado i de Miquel Matí i Pol?

Una gran manifestació a Barcelona tanca un cap de setmana reivindicatiu (Per Eloi Cortés)

Ahir diumenge milers i milers de persones van sortir als carrers de Barcelona per rebutjar la reforma de les pensions impulsada pel Govern central i per dir no a uns pressupostos, tant estatals com autonòmics, que són antisocials. En el marc de la convocatòria de la Confederació Europea de Sindicats a tota Espanya van tenir lloc diverses mobilitzacions en els darrers dies. A Catalunya les mobilitzacions han estat especialment actives: de dijous fins ahir milers de persones s'han manifestat a Mataró, Vic, Sabadell, Terrassa, Tortosa, Lleida, Tarragona, Girona i Barcelona. 



Amb el punt de partida situat a Passeig de Gràcia amb el carrer Aragó, la manifestació ha baixat fins a Pla de Palau, on s'ha llegit el manifest. La manifestació ha clamat contra uns pressupostos que incorporen unes retallades que, en un moment de crisi i de greus dificultats per a molta gent, empitjoren la situació i carreguen el pes de la sortida de la crisi en aquells que menys recursos tenen: taxes universitàries desorbitades, pressupost d'educació a nivells de 2006, tancament de Centres d'Atenció Primària als municipis, retallades en polítiques d'ocupació... És així com Artur Mas pretén sortir de la crisi?
A aquestes mesures li hem de sumar les lleis que Mariano Rajoy està impulsant: des d'una llei d'educació que ens farà retrocedir als anys del franquisme fins a la prohibició de l'avortament lliure, passant per la reforma laboral, la reforma de les pensions i les lleis repressives que volen limitar la llibertat d'expressió de la ciutadania espanyola.
I són preocupants els intents que fan tant Mariano Rajoy com Artur Mas per amagar les seves polítiques. El primer tornant a posar en portada dels mitjans de la caverna el conflicte amb Gibraltar. I el segon prorrogant els pressupostos de 2013 per “dignitat nacional” (és a dir, per evitar el debat i control parlamentari dels comptes de la Generalitat i disposar de carta blanca per retallar). O votant al Parlament, el mateix dia que els pressupostos, la famosa resolució que demanarà al Govern central la delegació de la competència de convocatòria d’un referèndum.   
De motius per sortir al carrer, doncs, n’hi ha molts. Tot i així sembla que costa. Dóna la sensació que sempre som els mateixos i el número de persones manifestant-se no creix a cada mobilització. Potser és per la frustració causada per anys seguits de retallades, de Governs insensibles i sords a les demandes de la ciutadania. Per la sensació que la lluita no serveix per res. O perquè hi ha moltes famílies que no es troben en la misèria més absoluta gràcies a la pensió de l’avi o l’àvia. I uns mitjans que oculten mobilitzacions socials i sobreexposen mobilitzacions patriòtiques no ajuden. Tot i així no podem rendir-nos perquè tenim molta feina per fer. Ja no només per dir que no volem que es retalli el pressupost d’educació o de sanitat; ha arribat un punt en el que hem de començar a pensar en la reconstrucció de tot allò que la crisi i els Governs que l’han gestionat han destruït.
I la lluita no s'atura aquí. S'ha fet una crida a la manifestació del dilluns 25 de novembre, a les 19h a Rambla Canaletes, pel Dia Mundial contra la Violència de Gènere. Aquesta convocatòria és especialment important en un moment on s'està atacant el dret de les dones a decidir lliurement sobre el seu cos. La lluita continua. 

Preguntes sense respostes (Per Carles Pastor)

Del debat o taula rodona entre Ramón Jáuregui (PSOE) i Joan Coscubiela (ICV), que va organitzar Federalistes d’Esquerres dissabte passat al teatre Joventut de l’Hospitalet vaig notar a faltar que el dirigent socialista aprofundís en l’autocrítica pel paper jugat pel PSOE i el llavors president José Luis Rodríguez Zapatero al “fiasco” de l’Estatut. No n’hi ha prou amb admetre, com va fer Jáuregui, que es van cometre errors, així, en general, i passar per alt que Zapatero, de forma irresponsable, animés a Pasqual Maragall a portar a les Corts qualsevol projecte i que després ho negociés, a la baixa, amb Artur Mas, i , sobretot, que s’arronsés davant el ferotge atac del PP i no reaccionés davant la sentència del Tribunal Constitucional. Naturalment, la irresponsabilitat del Parlament en el seu conjunt per enviar a Madrid un text a esquenes del PP i que sabia inassumible passarà a la història dels errors, sinó dels horrors.






Jáuregui va oferir als catalans un procés de reforma constitucional que suposaria escoltar moltes vegades la seva veu:  en l’elecció a Corts Constituents, en l’elaboració de la Constitució reformada, en el posterior referèndum constitucional i en l’elaboració i votació del nou Estatut reformat. La qual cosa resulta molt lògica i raonable. No obstant això, no va aclarir quina sortida s’hauria de donar davant la possibilitat que els diputats catalans, o els ciutadans catalans en el referèndum, rebutgessin per insuficient la reforma a la que s’arribés. El socialista va considerar impossible que la reforma constitucional no resultés satisfactòria per a les aspiracions de més i millor autogovern, però la falta d’acord no pot ni ha de ser descartat, tal com està la correlació de forces polítiques i ideològiques a les Espanyes i a la mateixa Catalunya. S’hauria d’obrir llavors una negociació perquè els catalans decideixin de forma sobirana el seu futur? I no val contestar que llavors ja es veurà, perquè això és el mateix que traslladar el problema uns quants anys més.
Pel que fa a Coscubiela, no va aclarir si la posició d’ICV serà seguir donant suport a un referèndum d’autodeterminació si no s’aconsegueix que la proposta que se sotmeti a votació permeti una resposta “inclusiva”, és a dir, que deixi oberta la porta a un nou acord amb la resta d’Espanya. Perquè si es tracta de triar entre independència i l’actual statu quo és clar que obligarà a decidir entre el foc i les brases. Encara que, com va dir Jáuregui, ¿com i qui administrarà la victòria d’una opció tan oberta (la “inclusiva”) que permeti més d’una lectura?
Hores després, l’ANC amenaçava amb noves mobilitzacions si la pregunta no era clarament sobre la independència i amb dos possibles respostes: sí o no (o abstenció, és clar), i portaveus qualificats de Convergència s’afanyaven a abraçar aquesta proposta. Participarà ICV en aquesta hipotètica nova onada de mobilitzacions o es despenjarà? La pregunta que permeti una resposta “inclusiva” –que ERC, CDC i l’ANC rebutgen– serà condició sine que non perquè ICV mantingui el seu suport a l’anomenat dret a decidir?

Massa preguntes sense respostes pels ciutadans i votants.