domingo, 14 de septiembre de 2014

Los panes y los peces (por Francisco Morente Valero)

Hace tiempo que en este país, el recuento de manifestantes de las grandes citas adopta la forma moderna de la parábola bíblica de los panes y los peces: nunca, en ningún caso, se acepta menos de un millón de participantes


Hace tiempo que en este país (España, Cataluña: elija el lector) el recuento de manifestantes en las grandes citas es la forma moderna que adopta la parábola bíblica de los panes y los peces. Desde el glorioso Caudillo que reunía un millón de personas en sus performances de la Plaza de Oriente hasta la espectacular V de este 11-S, los ejemplos son incontables y de todos los colores. Con una característica común: nunca, en ningún caso, se acepta menos de un millón de participantes. Así podemos ir desde el mítico 11 de septiembre de 1977 hasta las colosales manifestaciones del PP y la Conferencia Episcopal  contra Zapatero en la plaza de Colón de Madrid (aquí la cifra mágica eran dos millones), pasando por la gran demostración de Barcelona contra la guerra de Irak (otro millón) y acabando con las manifestaciones y vías patrióticas de 2010, 2012, 2013 y 2014 que ha organizado la Assemblea Nacional Catalana (sin apoyo institucional, mediático ni partidista alguno, como todo el mundo sabe), cada una de ellas mayor que la anterior, según se han encargado de señalar los organizadores, las neutrales policías encargadas del orden y esos expertos en contar con detalle lo que hacen los otros y en hinchar lo que organizan los propios.


Que hay una gran cantidad de independentistas movilizados es algo que ya sabíamos. Que a Mariano Rajoy eso parece traerle sin cuidado, también. Que Artur Mas no pondrá las urnas en condiciones de poder hacer una consulta mínimanente útil para saber dónde estamos (no digamos ya, para zanjar la cuestión) es evidente. Que tenemos un problema descomunal lo ve hasta el más tonto


Todas esas manifestaciones y concentraciones (incluyendo las del NO-DO) fueron de grandes dimensiones. Algunas, estratosféricas. Pero todas, sin excepción, con una participación muy por debajo de lo que la propaganda correspondiente quiso hacernos creer. Por la sencilla razón de que ni en la Plaza de Oriente ni en la de Colón (y zonas adyacentes) ni en el Passeig de Gràcia cabe (ni de lejos) un millón de personas; en realidad, sus capacidades respectivas quedan muy lejos de esa cifra. Es lo que tienen las matemáticas: calculas el largo y el ancho, los multiplicas; (en según que casos) al resultado le quitas un 10% de zonas no ocupables (mobiliario urbano, árboles y similares), y lo que queda lo multiplicas por un factor que en caso de altísima densidad podría ser 4 (personas por metro cuadrado), y en caso de gran participación, pero no de masa compactada, podría ser 3, y se obtiene un resultado bastante aproximado de la gente que ha podido asistir.
Solo los dispuestos a tragarse lo que sea pueden creerse que en una superficie que la propia organización había fijado en 200.000 metros cuadrados puedan haberse juntado un millón ochocientas mil personas (9 manifestantes por metro cuadrado). Las imágenes de TV de la concentración del pasado jueves permitían hacerse una idea del tamaño de la misma: los once kilómetros previstos estaban cubiertos, pero lo estaban con una anchura que oscilaba bastante de unas zonas a otras y que podría situarse, siendo generosos, en unos 25 metros de media, y con una densidad alta pero que no era la de una masa  compacta, como lo mostraba el que en gran parte de las tomas televisivas pudiese verse a la gente desplazarse sin mayores problemas entre las personas que formaban la V.
Con esa información en la mano [unos 275.000 metros cuadrados ocupados y unas 3 personas por metro cuadrado], podía hacerse un cálculo, aproximado pero con fundamento, que situaba la participación en la V entre tres cuartos y (como mucho, muchísimo) un millón de personas. Al día siguiente del acontecimiento, un grupo de investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, que había preparado un mecanismo de cómputo sobre el terreno, dio la cifra de 900.000participantes.
Una  muchedumbre de impresión, claro, pero la mitad de lo que (¿alguien lo duda?) la propaganda nacionalista fijará como cifra para la historia. Se podrá aducir que el número es lo de menos, que lo que cuenta es el carácter masivo de la V. Y en parte, es verdad. Sin embargo, que el número más o menos exacto es relevante lo prueba el que los organizadores se hayan apresurado a doblarlo (impensable quedar tan lejos de la marca oficialmente registrada en 2013). Pero más importante aún es que quienes analizan a fondo las tendencias de la sociedad catalana sepan de qué y de cuánta gente exactamente estamos hablando. Las estrategias políticas acertarán o se equivocarán en función de que tengan en cuenta, o no, la realidad “real” (permítanme la redundancia) en vez de la virtual.

Quien corresponda debería tomar buena nota de lo que ha pasado y empezar a pensar en alternativas políticas viables que permitan encauzar el problema que el Estado tiene planteado y que hasta ahora algunos pensaban que se solucionaría simplemente esperando a que el soufflé bajase


Lejos de mi intención minusvalorar la participación ciudadana en la V. Todo lo contrario. Creo que a quien corresponda debería tomar buena nota de lo que ha pasado y empezar a pensar en alternativas políticas viables que permitan encauzar el problema que el Estado tiene planteado y que hasta ahora algunos pensaban que se solucionaría simplemente esperando a que el soufflé bajase. Bien, pues no ha bajado, ni nada hace pensar que vaya a bajar en un futuro próximo. Ahora bien, se equivocará igualmente quien piense que la V es el punto de inflexión en la situación política que vivimos, y que hará el camino a la consulta (y con ella, a la independencia) imparable.
Que hay una gran cantidad de independentistas movilizados es algo que ya sabíamos y que este 11-S solo ha vuelto a confirmar. Que a Mariano Rajoy eso parece traerle sin cuidado, también lo sabíamos. Que Artur Mas no pondrá las urnas en condiciones de poder hacer una consulta mínimanente útil para saber dónde estamos (no digamos ya, para zanjar la cuestión) es evidente. Que tenemos un problema descomunal lo ve hasta el más tonto. Que esto es una cosa que de revolución tiene poco, también. Que cierta izquierda viva todo esto, como dice el Mas de Polònia, amb il·lusió y con la sensación de que pasado mañana asaltará el Palacio de Invierno al frente de las masas roji-amarillas es algo que escapa a mi comprensión (pero eso no es grave porque, indudablemente, mi comprensión debe de ser muy limitada).
En cualquier caso, la V no ha sido el inicio de nada sino el final de la fase de movilización festiva y familiar que ha caracterizado al movimiento independentista durante estos dos últimos años. Ahora empieza el conflicto de verdad, con cada vez menos espacio para las ambigüedades, los juegos florales y los errores tácticos. El frente “consultista” se autoimpuso una fecha límite. Estamos a menos de dos meses de que se cumpla. Más de uno de los que están al mando siente ya el vértigo de las alturas a las que se ha subido sin que esté clara la forma en que se puede bajar de ellas. Ojalá que no sea con un gran batacazo colectivo, pase lo que pase el 9N.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Por un federalismo plurinacional del siglo XXI (por Francesc Trillas*)

Muchos de quienes defendemos el concepto de federalismo plurinacional no exigimos el reconocimiento de la soberanía nacional para Cataluña o Euskadi. Entre otras razones porque en el mundo del siglo XXI sólo puede haber soberanías compartidas y solapadas. Lo que necesitamos es avanzar hacia un federalismo europeo en el que los estados-nación vayan cediendo su poder


Daniel Guerra Sesma en un interesante pero pesimista artículo publicado en este blog asocia el término de federalismo plurinacional con el del reconocimiento de la soberanía nacional de los territorios constituyentes, por ejemplo de Cataluña y Euskadi en España. Sin embargo, muchos de quienes defendemos el concepto de federalismo plurinacional no exigimos el reconocimiento de tal soberanía, entre otras razones porque partimos de la base que en el mundo del siglo XXI sólo puede haber soberanías compartidas y solapadas.


Cataluña ya es plurinacional, en el sentido de que dentro de ella conviven varias “culturas nacionales”: la que ve TV3, la que ve Tele Cinco, y la que ve en vídeo programas chinos


Esta es una de las muchas razones por las que la constitución española de 1978 está un poco añeja, porque en una Europa con 28 estados, 18 de ellos con una moneda única, donde las políticas nacionales están totalmente restringidas por lo que se decide fuera de cada estado-nación, hablar de “soberanía nacional” como algo realmente existente es una entelequia.
Ni España es soberana ni Cataluña o Euskadi lo serán, si es que quieren seguir en el proyecto europeo y conectadas al mundo. Lo que tenemos que conseguir es que los ciudadanos europeos recuperemos algo de la soberanía que hoy tienen los mercados, y eso se hace en el contexto de un federalismo democrático europeo, al que se avance con realismo desde una estructura basada hoy en unos estados-nación que van perdiendo poder.
Creemos que sí que es posible una arquitectura institucional, como dijo Ramón Jáuregui “de muñecas rusas”, donde se relativice y se desmitifique el concepto de soberanía, y el mismo concepto de nación. Donde aceptemos con naturalidad que cada territorio es gobernado por varios niveles administrativos en el que cada nivel rinda cuentas directamente ante la ciudadanía, sin intermediarios como ocurre en un sistema confederal. Creemos que el concepto de federalismo plurinacional puede ser satisfactorio para entidades donde conviven distintas culturas “nacionales” (aún aceptando el carácter vago de este término) como Canadá o la India, que son federaciones plurinacionales donde no se reconoce la soberanía nacional de las unidades (en el sentido de que puedan libremente entrar y salir de la federación). Lo que sí que se hace es reconocer las singularidades culturales como una riqueza común, y se acepta un uso más laico, común y descargado de carga simbólica y legal del concepto nación, como cuando se habla de las naciones originales (los pueblos indígenas en Canadá).
En España ya se reconoce la existencia de nacionalidades, y en el Reino Unido se habla de Gales y Escocia como naciones, aunque tengan menos competencias que Cataluña. España es plurinacional y algunos creemos que sería positivo reconocerlo como se hace en Canadá. Pero es plurinacional no en el sentido que querrían darle muchos nacionalistas, sino en el sentido de que cualquier territorio de la Europa de hoy, quizás del mundo, es plurinacional. También Cataluña es plurinacional, en el sentido de que dentro de ella conviven varias “culturas nacionales”: la que ve TV3, la que ve Tele Cinco, y la que ve en vídeo programas chinos (como el señor de la tienda de debajo de mi casa). Incluso la mayoría de hogares en Cataluña, por no decir la mayoría de nosotros seres individuales, somos plurinacionales, pero queremos una arquitectura institucional que reconozca este hecho. La Cataluña y la España de hoy son la Europa de Claudio Magris, es el mundo de Amartya Sen, es la realidad de la mezcla. Desmitifiquemos conceptos e intentemos adaptar la ley a la realidad.

*Francesc Trillas es profesor de Economía de la UAB y coordinador del libro “Economia d’una Espanya plurinacional”.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Federalismo plurinacional, una apuesta complicada (por Daniel Guerra Sesma*)

Tenemos actualmente sobre la mesa dos propuestas federales: una que pretende constitucionalizar el régimen autonómico pero manteniendo la soberanía unitaria del pueblo español y otra, plurinacional, que aspira al reconocimiento de diversas soberanías nacionales ¿Implica el federalismo plurinacional un cambio de la soberanía? ¿Lo aceptarán la mayoría de ciudadanos españoles?



Sin pretender una definición exacta de un término tan polisémico, podemos entender el federalismo de dos maneras: una, referida a la organización de un Estado federal, y otra, más flexible, como la forma de conciliar diversas identidades nacionales mediante un pacto político libre y voluntario. En nuestro contexto, hay sobre la mesa dos grandes propuestas federales: una nacional, de tipo orgánico, por la que se pretende constitucionalizar el régimen autonómico pero manteniendo la soberanía unitaria del pueblo español. Otra, la plurinacional, de tipo pactista, que pretende la reconstitución de la planta política del Estado mediante el reconocimiento de diversas soberanías nacionales y un pacto constituyente entre ellas.



La propuesta de federalismo nacional ha sido presentada por el PSOE en su Documento de Granada, y la defienden también, con matices, UPyD y Ciudadanos. La del federalismo plurinacional viene siendo formulada sobre todo por sectores políticos y académicos de determinados territorios, aquellos que han mostrado más interés en preservar sus identidades colectivas culturales e históricas. Sin excluir algunas organizaciones regionales del PSOE, básicamente ha sido defendido por las izquierdas periféricas, parte de Izquierda Unida y también por los partidos nacionalistas que, sin ser federalistas, han encontrado en esta propuesta un encaje a sus pretensiones particularistas.
Los postulados fundamentales del federalismo plurinacional se basan en la constatación de que España no puede mantenerse como un Estado-nación considerado como artificial, sino que ha de reconocer su diversidad nacional mediante su propia transformación. Se trata, en suma, de otorgar soberanía política a determinados territorios que por sus características culturales, históricas y sociales pueden considerarse como realidades nacionales dentro de España. No es, pues, una mera reorganización del Estado autonómico hacia un Estado federal que constitucionalice los dos niveles de gobierno (central y territorial) dentro de una única soberanía, como propone el PSOE, sino la reconstitución del Estado español en un nuevo Estado plurinacional con diversas soberanías territoriales.
Más allá de la teoría de las soberanías compartidas de tipo funcional entre federación y territorios federados, la propuesta plurinacional supone la quiebra territorial de la soberanía nacional del artículo 1.2 de la Constitución, entendida como fuente originaria de poder del pueblo español en su conjunto, y promueve su fraccionamiento en diversas soberanías adscritas, en principio, a Cataluña, País Vasco, Galicia y el resto del Estado (al que nunca se le encuentra un nombre concreto). En ocasiones la frontera entre el federalismo plurinacional y el confederalismo parece liviana, pues ambas propuestas plantean la existencia de diversos territorios soberanos dentro de una unión política.
Pero el federalismo plurinacional adolece de un problema empírico fundamental: su aceptación por la nacionalidad dominante. Parte de la necesidad de que en el Estado hay varias naciones y de que deben ser políticamente reconocidas. Está claro que un Estado cultural y socialmente homogéneo -si es que queda alguno- no entraría en este paradigma. Sin embargo, un Estado plural pero con una nacionalidad dominante, aunque pudiera reunir el requisito mínimo para ser multinacional al haber otras naciones, difícilmente lo será en la práctica si los ciudadanos de esa nacionalidad no lo aceptan, porque se identifican directamente con él. Este problema lo intenta resolver Kymlizcka, teórico del federalismo plurinacional canadiense, apelando al liberalismo de la nacionalidad dominante, lo que no deja ser de ser un ejercicio de bienintencionado voluntarismo. Asimismo, Alain Gagnon y Marc Santjaume, en un reciente trabajo, hablan de “federalismo hospitalario”.

España sólo se transformará en un nuevo tipo de Estado si la mayor parte de sus ciudadanos y los partidos políticos que les representan lo aceptan. No parece que la tendencia reflejada en las encuestas vaya en ese sentido: las dos opciones preferidas son el mantenimiento del estado actual o un Estado más centralizado


Puede que en España haya diversas naciones o nacionalidades, pero no son realmente concurrentes en la medida en que hay una claramente dominante sobre las demás y que no puede adscribirse a una identidad castellana sino a una directamente española. España sólo se transformará en un nuevo tipo de Estado si la mayor parte de sus ciudadanos y los partidos políticos que les representan lo aceptan, y tanto éstos como aquéllos forman parte de esa nacionalidad mayoritaria española. No parece que la tendencia reflejada en las encuestas publicadas vaya precisamente en ese sentido, pues normalmente nos indican que las dos opciones preferidas por los ciudadanos españoles son el mantenimiento del estado actual o, en su caso, un Estado más centralizado.
En el caso catalán, la teoría plurinacional ha tenido una versión propia en la llamada tercera vía, que frente a la secesión promueve un nuevo pacto federal con España. Hay que decir en este sentido que cuando en Cataluña y en el resto de España se habla de federalismo se está hablando de dos cosas distintas, pues mientras a este lado del Ebro se habla de construir un Estado federal, en Cataluña se habla de un pacto federal con el Estado, que no es lo mismo. En todo caso, dirigentes políticos como Miquel Iceta (PSC) y Josep Antoni Duran i Lleida (UDC) han resumido las características de esa tercera vía en los siguientes puntos:
1.    El reconocimiento nacional de Cataluña.
2.    El concierto económico.
3.    El blindaje de las competencias lingüísticas y culturales.
En cuanto al tercer punto, no se entiende muy bien qué supone el blindaje de competencias que ya son exclusivas, y si ello supone que el Estado renuncie a la posibilidad de que el castellano pueda ser lengua vehicular en la enseñanza de aquel territorio, lo que está reconocido en la sentencia 337/1994 del TC, y en la doctrina tanto del Tribunal Supremo y del TSJ de Cataluña. Sin embargo, las dificultades más importantes para la aceptación de la tercera vía por el resto del Estado estriban en los otros dos puntos. En primer lugar, porque el reconocimiento nacional que se pide no es sólo histórico-cultural, sino también jurídico-político en forma de una soberanía originaria propia, y la mayoría de la nacionalidad dominante, como se ha dicho, difícilmente va a aceptar otra soberanía que no sea la española. Y en segundo lugar porque otros territorios, siguiendo la estela de Andalucía, no van a aceptar el concierto catalán, pues supondría un riesgo para la solidaridad regional y la merma presupuestaria para la aplicación de políticas públicas. De hecho, los conciertos vasco y navarro, admitidos en el proceso constituyente, plantean cada vez más dudas.
Así pues, en el contexto de un Estado como el español, de varias nacionalidades pero con una dominante, el federalismo plurinacional es inviable. Como lo es también la aceptación de la tercera vía catalana. En la medida en que las opiniones públicas de territorios como Cataluña y el País Vasco se orientan hacia posiciones cada vez más nacionalistas, mientras que la de los ciudadanos del resto del Estado se orienta inversamente hacia una mayor centralización, la separación creciente entre ambas condicionará la actuación de las élites políticas respectivas y contribuirá al mantenimiento de las tensiones territoriales. Lo que ya vaticinó Ortega en 1932, y lo que te rondaré morena.

*Politólogo. Profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad de Sevilla. Autor de Socialismo español y federalismo, 1873-1976 (KRK Ediciones-FJB, Oviedo, 2013)

jueves, 28 de agosto de 2014

Criteris republicans per a una nova etapa (per Cristina Simó)

Quan parlem de república hem de parlar de democràcia participativa, d’educació pública, lliure, gratuïta i laica, de salut per a tothom des de la xarxa pública, des de la concepció que la pau pot crear vida, riquesa i futur, mai la guerra. Des de la convicció  que el camí històric que hem fet junts les persones i pobles que vivim a Espanya ha de continuar en el present i en el futur, com el gran objectiu


El debat sobre república és un debat pendent. Tot i que hi ha un ampli nombre de federalistes d’esquerres que es declaren republicans i republicanes obertament, aquest debat a Catalunya i a la resta de l’estat, és avui  una assignatura pendent i necessària.
El canvi de model d’estat no és una qüestió de forma sinó de contingut. El pas de monarquia a república va lligat a un canvi de model, que garanteixi i aprofundeixi els drets de la seva ciutadania.

El republicanisme des del seu naixement no va ser només una idea inspirada preferentment en la forma electiva del cap d’estat sinó una concepció d’ordre polític basada en principis com la democratització de la vida pública, el sufragi universal i l’eliminació dels privilegis socials


Quan parlem de república hem de parlar de drets i obligacions, de democràcia participativa, d’educació pública, lliure, gratuïta i laica, de salut per a tothom des de la xarxa pública millorada i articulada, des de la concepció que la pau pot crear vida, riquesa i futur, mai la guerra, des de la convicció de que el camí històric que hem fet junts les persones i pobles que vivim a Espanya, ha de continuar en el present i en el futur, com el gran objectiu.
La República és una concepció d’Estat que es caracteritza per uns determinats principis, valors, continguts, funcionament institucional i vinculació a la realitat social de la qual emana com a representació lliurement consentida. És el que es pot anomenar Democràcia Republicana, i en aquest sentit, es pot vincular a la definició que sobre república estableix la Constitució de la II República Espanyola, que defineix a Espanya com a “una República democràtica de treballadores i treballadors de tota classe que s’organitza en règim de llibertat i justícia”.
La República del segle XXI, ha de respondre a les característiques del nou capitalisme global, i per tant no pot ser una simple continuïtat de la segona.
Per què plantejar com alternativa una República? Per tres raons: l’herència republicana, l’esgotament de la transició i la crisi econòmica – financera lligada a  la crisi de model d’estat.
El republicanisme des del seu naixement no va ser només una idea inspirada preferentment en la forma electiva del cap d’estat sinó una concepció d’ordre polític basada en principis com la democratització de la vida pública, el sufragi universal, l’eliminació dels privilegis socials, l’atenció a les diferencies socials i la separació de l’església i l’estat. El republicanisme va fer una aposta per la cultura i l’educació pública, la supressió de l’esclavitud, l’augment del pes específic dels ajuntaments a l’estructura de l’estat, el sufragi universal per a les dones, la reforma agrària, l’Ensenyament i la cultura, la Pau (article 6 de la constitució), els drets de les dones, el divorci, la legalització de l’avortament i la despenalització de l’adulteri. Va representar també un avenç en la consecució de majors graus d’autonomia política de les nacionalitats històriques de l’estat espanyol.

L’actual model constitucional planteja dificultats per avençar cap un Estat Federal i sobretot consolida per la porta falsa la monarquia com a forma d’estat sense consulta prèvia



Actualment vivim l’esgotament de la transició. Es va pactar una constitució que conté alguns articles contradictoris entre sí. Per exemple el art.14 es incompatible amb el 56 i el 57 i dóna una ambigüitat calculada a l’hora del tractament a les regions i nacionalitats. Ambigüitat que ara veiem planteja dificultats per avançar cap un Estat Federal i sobretot consolida per la porta falsa la monarquia com a forma d’estat sense consulta prèvia, així com una llei electoral antidemocràtica.
La monarquia expressa, no només simbòlicament, sinó pràcticament, el poder de les oligarquies financeres i empresarials, que dominen entre 1.400 famílies el 80% del PIB, i sota d’aquesta hegemonia s’han donat retrocessos en drets polítics, socials, laborals, econòmics, mediambientals, deixant en paper mullat els drets més importants imposats en el seu dia a la Constitució Espanyola.
L’actual crisi econòmica capitalista, les contradiccions acumulades pel procés autonòmic i la pintoresca llei successòria, la corrupció econòmica i del sistema jurídic, la creixent desigualtat social poden crear l’oportunitat per un qüestionament de tots aquests dèficits i, per tant, de la forma d’Estat.
Ara es tracta d’avançar cap a un nou model d’estat federal, solidari i republicà.
Hem d’apostar per altres valors, per una altra forma d’estructurar l’estat, perquè la ciutadana i el ciutadà siguin subjectes actius de la vida política, per l’austeritat en la gestió dels recursos, per un model federal carregat de solidaritat i d’igualtat en els territoris, per dotar de major democràcia a les institucions de l’Estat, per la transparència a la gestió i per dotar a la ciutadania de majors possibilitats de participar en l’acció política quotidiana.
Ni independentisme ni immobilisme. Hem d’avançar junts en un únic procés constituent cap a la tercera república.

jueves, 21 de agosto de 2014

Thelma i Louise a Catalunya (per Francesc Trillas)



Imaginem-nos una escena final cap el mes de novembre on Oriol Junqueras diu “Let’s keep going!” (seguim cap endavant!) i Artur Mas, amb alguns dubtes, li respon “Are you sure?” (n’estàs segur?), però finalment accepta el repte i es llença cap al precipici. Aquest símil és certament problemàtic. La principal dificultat és que al cotxe de Thelma i Louise no hi anava ningú més que elles. Però Mas i Junqueras condueixen un autocar gegant ple de gent


Qui no recorda la road movie on Susan Sarandon i Geena Davies van fugint de la policia per un crim perfectament justificable, i en comptes d’acceptar les condicions que els hi posa un policia bo (Harvey Keitel), van fugint cap endavant permanentment fins a perdre el sentit de la realitat i llençar-se feliçment i heroica per un penya-segat agafades de les mans dintre d’un cotxe descapotable en la darrera escena de la pel·lícula.



"Ser completament lliures té el seu preu. Elles estaven disposades a pagar-lo” (fotomuntatge de 6qTV). 


A Catalunya, salvant totes les distàncies, hem viscut en els darrers anys, i seguim vivint davant dels nostres propis ulls dia rera dia, un procés semblant de fugida cap endavant, intentant tapar tots els errors anteriors amb una nova heroicitat, competint per veure qui la diu i la fa més grossa.
A Catalunya sempre hi ha hagut un sentiment independentista més o menys important, però no majoritari. Als darrers anys, degut a les dinàmiques de massa crítica, la crisi econòmica, la sentència de l’estatut, les polítiques del PP, i l’aposta decidida d’una CDC acorralada per les retallades i la corrupció, aquest sentiment ha donat lloc a un moviment de molta força social. I amb molts recursos humans, comunicacionals i institucionals al darrera. Tot i que de molt dèbil articulació pel que fa a la concreció de com es porta a terme la independència en el marc d’un estat membre de la UE i de la zona euro, amb una constitució escrita que és molt clara (potser massa, però és el que es va aprovar democràticament al seu moment amb un gran consens i el vot dels catalans) sobre on recau la sobirania.
Artur Mas va fer veure que intentava reconduir el sentiment cap a la petició d’un pacte fiscal després d’una gran manifestació al 2012, i després de fer veure que ho negociava amb el govern espanyol, va convocar fugint cap endavant unes primeres eleccions “plebiscitàries” dos anys abans del final d’una legislatura en què havia estat pactant amb el PP, amb l’objectiu d’obtenir majoria absoluta. Estava en el seu dret, perquè votar a Catalunya, contra el que ens volen fer creure els independentistes, depèn senzillament de la decisió del seu president.
Les eleccions no li van anar bé. En comptes d’assolir la majoria absoluta, va perdre diputats. Podia haver cercat altres pactes, però va preferir pactar amb ERC, redoblant l’aposta per una consulta independentista de difícil viabilitat legal. Una nova fugida cap endavant.
Artur Mas va aconseguir un pacte amb altres forces polítiques (totes, més radicals que la seva, però entre tots majoritaris al Parlament de Catalunya) per convocar una consulta, i va portar la proposta al Congrés de Diputats, on la majoria d’ells va votar àmpliament i democràtica en contra. De nou Mas podia haver buscat una sortida digna, però en canvi de nou va fugir cap endavant i va “mantenir” la convocatòria d’una consulta que de moment és il·legal.



Sarandon-Mas i Davies-Junqueras tenen les seves cheer leaders (qui no simpatitza amb els actes heroics?), i una d’elles, la Sra. Forcadell, ja ha dit que això de la legalitat no ha de ser un problema, i que en algun moment caldrà saltar-se la legalitat espanyola



Mentrestant, malgrat els faxos mal escrits enviats a tort i dret, els líders internacionals han donat l’esquena a la road movie, i han recomanat respectuosament centrar les energies en la construcció d’una Europa sense fronteres. Així ho han fet dos presidents de la Comissió Europea, diversos comissaris, els líders de França i Alemanya, els dirigents del Partit Liberal europeu, del qual forma part CDC, i mitjans de comunicació com The Economist i el Financial Times. No ha servit de res, les nostres heroïnes han seguit la fugida cap endavant.
La confessió i descobriment de les corruptel·les del Sr. Pujol clarament trenquen l’argument que una Catalunya independent seria capaç de desfer-se de la corrupció que domina les institucions espanyoles. Seria un misteri com les institucions, mitjans de comunicació i personal polític que han fet la vista grossa durant tants anys, ara ens portaran a bastir institucions de gran qualitat democràtica. Artur Mas podia haver aprofitat la confessió de Pujol per recapacitar i fer marxa enrera. Però de nou ha preferit fugir cap endavant, i dir que els afers de Pujol són una qüestió personal, malgrat reconèixer que Pujol és el seu pare polític. Mas dubta, però Junqueras l’anima a seguir cap endavant, fugint cap a la terra promesa.
Sarandon-Mas i Davies-Junqueras tenen les seves cheer leaders (qui no simpatitza amb els actes heroics?), i una d’elles, la Sra. Forcadell, ja ha dit que això de la legalitat no ha de ser un problema, i que en algun moment caldrà saltar-se la legalitat espanyola. El que no entén la cheer leader és que la legalitat no és espanyola, sinó que en la realitat del segle XXI, la legalitat té components espanyols, catalans, europeus, i globals. Tant part de la legalitat és la Constitució espanyola com les decisions del Parlament de Catalunya, una institució emanada també de la legalitat espanyola, com la llei electoral que aquest parlament ha estat incapaç de reformar en 34 anys. La llei no la podem acceptar selectivament. Si la senyora Forcadell pot saltar-se un aspecte de la llei, per què un defraudador fiscal o un assassí no podria triar selectivament aquells trocets de la llei que més li agradessin i descartar els altres? Això sí, en les societats democràtiques, les lleis que no ens agraden podem intentar canviar-les democràticament.
Les lleis i la pràctica política, econòmica i social, ens diuen que la realitat és la que és. En l’Europa del segle XXI no hi ha lloc per conceptes monistes de la sobirania (o del “demos”, o del “subjecte polític”). Vivim en un món de sobiranies compartides i solapades on les fugides cap endavant, fins i tot quan estan plenes de bones intencions, acaben o malament o molt malament.
Harvey Keitel podria ser un-a federalista com Manuel Cruz, Carme Valls, Paco Frutos o Carlos Jiménez Villarejo, algú que de bona voluntat ofereix una solució digna per a tothom, legal i viable, però que és ignorat davant de la ceguesa de les emocions.
Imaginem-nos una escena final cap el mes de novembre on Oriol Junqueras diu “Let’s keep going!” (seguim cap endavant!) i Artur Mas, amb alguns dubtes, li respon “Are you sure?” (n’estàs segur?), però finalment accepta el repte i es llença, això sí, completament realitzat, cap al precipici.
Aquest símil és certament problemàtic, com tots els símils. La principal dificultat, al meu parer, és que al cotxe de Thelma i Louise no hi anava ningú més que elles. Però Mas i Junqueras condueixen un autocar gegant ple de gent, i poden arrossegar-nos a tots els catalans, a tots els espanyols, i alguns creuen que fins i tot a tota la zona euro i la UE cap al desastre.


Este artículo también está disponible en castellano: Thelma y Louise en Cataluña (por Francesc Trillas)

sábado, 16 de agosto de 2014

Jordi Pujol: Història d’una obsessió (per Siscu Baiges)

Com més posàvem en evidència la corrupció i el nepotisme que suposaven els beneficis i contractes que obtenien els fills del president a través de CiU, més vots obtenia aquesta coalició. Vam intentar fer un llibre seriós, periodístic, equilibrat. El van publicar el 1991. Sencer no. Va desaparèixer un capítol. Precisament, el que dedicàvem als negocis de la dona del president Pujol, els seus fills i els cercles més propers a Jordi Pujol


Un bon dia em van contactar els de “Ediciones Temas de Hoy”. Amando de Miguel i José Luis Gutiérrez acabaven de publicar  en aquesta col·lecció de l’Editorial Planeta “La ambición del César”, un llibre que portava el subtítol suau de “Un retrato político y humano de Felipe González”, però que, en realitat, era un atac brutal contra l’aleshores president del Govern espanyol. El deixaven de volta i mitja, no li perdonaven cap insult ni menyspreu. No era un llibre sobre Felipe González. Era un llibre contra Felipe González.



Volien que en féssim un del mateix to contra Jordi Pujol. Ens ho demanaven a Jaume Reixach i a mi. Ambdós havíem escrit, conjuntament amb Enric González, “Banca Catalana, más que un banco, más que una crisis”, publicat el 1985. A mi em feia molta mandra, perquè ja portàvem uns quants anys denunciant les irregularitats i corrupcions vinculades al Govern de Jordi Pujol des de les nostres trinxeres periodístiques i semblava un exercici inútil. Fins i tot, contraproduent. Com més posàvem en evidència aquestes corrupcions (inclòs el nepotisme que suposava els beneficis i contractes que obtenien els fills del president a través de les administracions que governava CiU) més vots obtenia aquesta coalició i millors resultats li auguraven les enquestes.
No m’hi vaig saber negar. Això sí, vam intentar fer un llibre seriós, periodístic, equilibrat. No un pamflet. Vaig témer que als editors no els agradés aquesta opció i que haurien preferit una dosi major d’improperis, però van publicar el llibre el 1991. Sencer no. Va desaparèixer un capítol. Precisament, el que dedicàvem als negocis de la dona del president Pujol, els seus fills i els cercles més propers a Jordi Pujol. Van dir que temien que ens/els ploguessin querelles pel que havíem escrit.

M’obsessionava que essent tant evident com era que no jugava net ni amb els diners de Banca Catalana ni amb els dels contribuents catalans, tothom fes com qui escolta ploure


Aquell capítol se l’ha menjat el pas del temps. No en conservem cap arxiu. Han passat més de vint anys. M’hauria agradat repassar-lo ara. M’agrada pensar que si s’hagués publicat aquell capítol potser no s’hauria arribat on som ara. Aleshores, tot plegat parlàvem de Marta Ferrusola posant plantes de la seva empresa en algunes conselleries, d’alguns fills rebent contractes d’administracions governades pel grup polític que presidia el seu pare i dels consellers i diputats que compaginaven la seva funció pública amb els negocis privats.
Però no em faig gaire il·lusions. Jaume Reixach va seguir, pràcticament sol, la denúncia d’aquells fets i tots els posteriors que va anar descobrint. La magnitud dels negocis de la família Pujol han assolit magnituds estratosfèriques. Finalment, ens hem topat amb una confessió de Jordi Pujol que ens ha deixat bocabadats a tots.
Quan vaig deixar de costat el periodisme d’investigació per endinsar-me en el periodisme social i solidari, vaig tenir la certesa que abandonava Reixach a la seva sort. A partir d’aleshores, les amenaces i les querelles serien només per ell. Li estic en deute i crec que Catalunya, també.
Algú va jugar amb el títol del llibre i va dir que l’obsessió no la tenia Jordi Pujol sinó en Jaume i jo. Era mitja veritat. L’obsessió de Pujol era inqüestionable, però a mi m’obsessionava que essent tant evident com era que no jugava net ni amb els diners de Banca Catalana ni amb els dels contribuents catalans, tothom fes com qui escolta ploure.
Ha plogut molt des d’aleshores. La confessió de Pujol ha obert els ulls a molta gent, ara.

Però tinc la sensació que ja és tard.

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viernes, 8 de agosto de 2014

1914-2014. Un siglo de nacionalismos (por Adrià Casinos)

El verano de 1914 puede considerarse como el del suicidio de Europa. La integración europea se retrasó en casi 50 años. El continente perdió gran parte de su peso político en el mundo y la solución geopolítica impuesta puso los cimientos a una catástrofe todavía mayor: la Segunda Guerra Mundial. ¿Podemos extraer lecciones de lo que sucedió hace un siglo?



Hace no muchos días, el 28 de junio, se cumplió el centenario del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero de la monarquía dual austro-húngara, a manos del nacionalista serbio Gavrilo Princip. Los círculos belicistas de Viena y Budapest aprovecharon la evidencia de la, más que probable, complicidad de altos cargos de la administración y del ejército serbio en el magnicidio, para plantear un ultimátum que al estado balcánico le era imposible asumir. De esa manera se quemó la simpatía por las reclamaciones del Imperio para una investigación de los tentáculos que habían propiciado el hecho, así como la indignación que produjo por doquier el luctuoso suceso. 


En el verano de 1914, y como consecuencia de haberse más que doblado el territorio del país en las dos guerras balcánicas (1912-1913), el ejército serbio estaba llevando a cabo una amplia operación represiva, y de asimilación, de la población kosovar y macedonia


Durante un mes, que puede ser calificado como el más largo que ha vivido Europa, se desarrolló una situación de creciente tensión, que desembocaría en la gran matanza. El final del citado mes fue marcado por otro asesinato, el del líder socialista francés Jean Jaurès, a manos de otro nacionalista, este de su propio país. Jaurès fiel a sus principios internacionalistas, combatió hasta el día de su muerte, el 31 de julio, el chovinismo que corroía la Internacional Socialista y propiciaba la hecatombe.
Por supuesto que no es mi intención comparar Jaurès con Francisco Fernando, a la postre una pieza del engranaje autocrático de la monarquía dual. Pero cabe recordar que el archiduque representaba una posición moderada, dentro de dicho engranaje. Quería dar peso específico a las nacionalidades eslavas del imperio, transformando el esquema dual en una múltiple federación de naciones. No tenía las cosas fáciles, tanto a nivel personal como político.
Casado con Sofía Chotek, perteneciente a la pequeña nobleza bohemia, el matrimonio fue considerado morganático por el emperador Francisco José, tío del archiduque, de manera que los hijos estaban excluidos de la línea sucesoria, y su esposa ocupaba un lugar secundario en  los actos oficiales de la rígida corte de los Habsburgo.
Políticamente tenía muchos más enemigos entre los círculos de Budapest que en los de Viena. Los “hunos”, cómo llamaba despreciativamente Francisco Fernando a los húngaros, se oponían a cualquier reforma que no pasara por conservar la estructura dual. La intolerancia magiar hacia “sus” eslavos (eslovacos, croatas, serbios de Eslavonia) y rumanos de Transilvania, contrastaba con la relativa tolerancia austríaca, en cuyo Reichsrat (parlamento) se empleaban hasta una docena diferente de lenguas. De manera bastante inoperante, todo sea dicho.
El archiduque fue a Sarajevo a propósito de unas maniobras militares. La fecha escogida podía interpretarse como una provocación. El 28 de junio de 1389 había tenido lugar la derrota histórica del estado medieval serbio a manos de los turcos, en el Campo de los Mirlos (actualmente Kosovo). Por propia experiencia, ya sabemos en este país el fetichismo que sienten los nacionalismos por las fechas. Algunos círculos moderados de Belgrado intentaron prevenir a Viena del riesgo. Pero no se quiso, o se pudo, ponerle remedio.
Al final de la Primera Guerra Mundial, y como consecuencia del utopismo generado por los 14 puntos de Wilson, pretendiendo crear estados étnicamente homogéneos sobre los restos del Imperio, se impuso la visión romántica de un nacionalismo sudeslavo “bueno”, del que Princip sería una excepción de extremismo, enfrentado al autoritarismo de los Habsburgo. Pero desengañémonos, en las confrontaciones entre nacionalismos, no suele haber trigo limpio, si se excluyen las situaciones coloniales. En el verano de 1914, y como consecuencia de haberse más que doblado el territorio del país en las dos guerras balcánicas (1912-1913), el ejército serbio estaba llevando a cabo una amplia operación represiva, y de asimilación, de la población kosovar y macedonia.

La guerra no era inevitable, contrariamente a lo que se ha dicho, y si el movimiento obrero no hubiera escuchado los cantos de sirena nacionalistas de la derecha, millones de vidas habrían podido salvarse


Pero es que además no puede dejarse de lado el aspecto cultural. Viena era uno de los grandes centros del arte  y la ciencia europea. Estamos hablando del lugar y el tiempo de Freud, Zweig, Mahler, Schiele y la Secesión. Por el contrario, los estados balcánicos arrastraban la rémora de siglos de sometimiento a un imperio, el otomano, que seguía anclado en unas estructuras de despotismo medieval. En ese contexto, el caso de Serbia era paradigmático, pese a los esfuerzos de Rusia y Francia para maquillar a su pupila. El asesinato en 1903 del rey Alejandro Obrenović y su esposa conmovió, por su sadismo y vesania, a todo el mundo civilizado.
El verano de 1914 puede considerarse como el del suicidio de Europa. La integración europea se retrasó en casi 50 años. Y eso nos afectó a los españoles también, aunque por circunstancias, si se quiere aleatorias, nuestros antepasados no fueran masacrados en los campos de Flandes. El continente perdió gran parte de su peso político en el mundo y la solución geopolítica, impuesta por los Estados Unidos, creó los cimientos de una catástrofe todavía mayor a 20 años vista.
La guerra no era inevitable, contrariamente a lo que se ha dicho, y si el movimiento obrero no hubiera escuchado los cantos de sirena nacionalistas de la derecha, millones de vidas habrían podido salvarse.
¿Qué lecciones podemos extraer de lo que sucedió hace un siglo? A mi modo de ver bastantes, sobre todo en un momento en el que, debido en gran parte a la crisis económica, los populismos nacionalistas campan a sus anchas; una vez más con el apoyo, por acción u omisión, de ciertos sectores supuestamente de izquierdas. No debemos considerar en absoluto la Unión Europea como salvaguardada. Aunque con gran probabilidad, y afortunadamente, una catástrofe bélica como la de hace 100 años es imposible, un fracaso en el proceso de unión tendría unos efectos devastadores, mediante la aparición de múltiples conflictos zonales. Y en este país estamos viviendo en una de las potenciales zonas de fractura. Una balcanización de España, del flanco sudeste europeo, sería catastrófica. La Unión Europea tendría que reflexionar muy seriamente sobre esa posibilidad y poner los medios para evitarla. A cien años vista, el frente occidental pasa por Cataluña.