lunes, 17 de julio de 2017

La cuestión catalana (por Francesc Trillas)

La evolución de la cuestión catalana va a depender de variables como la evolución a su vez de la política española, de la política europea e internacional, y de la fuerza y cohesión del independentismo (este artículo es un extracto de 'La cuestión catalana: hechos, escenarios y evolución deseable' publicado por la Fundación Friedrich Ebert)    





La fragmentación política de Cataluña es el reflejo de una realidad social, sociolingüística, geográfica y económica compleja y plural. La mayoría de los ciudadanos de Cataluña tienen el castellano como primer idioma, aunque especialmente entre las jóvenes generaciones la inmensa mayoría es totalmente bilingüe (además de producirse un peso creciente de población extranjera inmigrada). Las familias que tienen el catalán como primera lengua son hegemónicas fuera del área metropolitana de Barcelona, en las zonas que tienen un mayor peso parlamentario debido al sistema electoral vigente y donde hay un mayor número de municipios (más de 900 en el conjunto de la comunidad). El independentismo es muy mayoritario entre los votantes catalanoparlantes y no lo es entre los que tienen el castellano como primer idioma, muchos de ellos descendientes de los trabajadores que emigraron a Cataluña desde el resto de España en los años 1960 y 1970. El catalán es la lengua principal del sistema escolar desde los años 1980, tras décadas de predominio del castellano, que era el único idioma oficial en la dictadura franquista, aunque su uso fue promovido por las élites desde siglos atrás. El idioma castellano sigue muy presente entre la sociedad catalana por la inercia familiar, y por su peso en los medios de comunicación, el cine y las redes.
Cataluña es un caso paradigmático de uso de los medios que confiere un sistema descentralizado para promover un movimiento secesionista. En Quebec y Escocia el ascenso del secesionismo también fue impulsado por gobiernos sub-centrales con poderes relevantes. En Cataluña sin embargo se han producido tendencias más inquietantes todavía al producirse un abuso partidista escandaloso de los medios de comunicación públicos dependientes del gobierno autonómico. La mayoría independentista además juega permanentemente al límite de la legalidad intentando ir más allá de los límites constitucionales, mientras se somete a la población a una división social (que de momento no ha derivado en enfrentamientos violentos) provocada por la promoción propagandística constante de un marco mental nacionalista, con pocos precedentes en la historia de Cataluña. La actitud del PP y el primer ministro Mariano Rajoy de momento ha sido de cumplimiento escrupuloso de la legalidad, pero sin abordar los problemas políticos de fondo que están en la base del desencuentro entre una parte importante de la ciudadanía catalana y el conjunto de España.
La evolución de la cuestión catalana va a depender de variables como la evolución a su vez de la política española, de la política europea e internacional, y de la fuerza y cohesión del independentismo. La estrategia de los líderes secesionistas será intentar reforzar la idea de que un referéndum de autodeterminación es un derecho democrático obvio, pese a que no cabe en el marco constitucional español, como no cabe en el de la inmensa mayoría de las democracias desarrolladas. Un referéndum como el de Escocia agravaría la división de la sociedad catalana y reduciría todavía más la cohesión y visibilidad de los proyectos de izquierda y centro-izquierda.
La tensión que producirá esta reclamación seguirá tensionando probablemente a la sociedad catalana, que vivirá previsiblemente unas nuevas elecciones autonómicas adelantadas (las terceras desde 2012) al frustrarse los intentos de celebrar un referéndum. Es posible que al gobierno español de Mariano Rajoy y al propio independentismo les convenga la prolongación de la situación actual de parálisis (institucional y del gobierno autonómico), ya que del enfrentamiento más o menos estable y casi institucionalizado ambos extraen réditos políticos. Si Europa se mantiene unida y supera las amenazas del populismo antieuropeo, parece difícil imaginar un contexto internacional que favorezca una crisis constitucional agravada en España. Aunque los líderes del independentismo catalán pretenden distanciarse de los neo-populismos de otros países, lo cierto es que estos movimientos les han apoyado explícitamente (la Liga Norte, los Auténticos Finlandeses…) y que existe una complementariedad estratégica entre las fuerzas que desean un debilitamiento del proyecto europeo y quienes desean la disgregación de algunos estados-miembro.
Mientras tanto, si se generara un clima de diálogo, en España podría haber un consenso por un régimen lingüístico como el de Canadá, Bélgica o Suiza; por un Senado federal parecido al de Alemania; por un reconocimiento de las identidades singulares (y que cada uno las llame como quiera, relativizando y desdramatizando el uso del término “nación”); donde se delimiten bien las competencias de las distintas administraciones como sugiere la declaración de Granada del PSOE; con unos criterios de financiación e inversión territoriales más transparentes que los actuales; en una Europa con una política fiscal común, y un presupuesto digno de este nombre. Es dudoso que las fuerzas políticas actuales acepten negociar en un clima de buena voluntad un acuerdo formal de este tipo (aunque sus principios no estén muy alejados de su contenido) debido a los incentivos electorales que tienen.
Un federalismo español y europeo estable y robusto contribuiría a mejorar el contexto en que se desarrolla la cuestión catalana. Las soluciones ad hoc, los saltos al vacío y los parches temporales difícilmente resolverán los problemas de fondo. España podría ser mucho más estable, eficiente y productiva con este problema solucionado.
Detrás del rápido ascenso del apoyo al independentismo en los últimos años (pese a no superar en las elecciones y encuestas el umbral del 50% de los votantes) se halla el hecho, como afirma en su dossier sobre el tema el Financial Times, de que “a pesar de la aclamada transición de España desde la dictadura franquista a la democracia, todavía no ha construido un hogar plurinacional lo suficientemente cómodo para los pueblos cultural y lingüísticamente distintos. La España democrática les dio poderes reales. Pero para apaciguar a los nacionalistas españoles, se otorgó algún tipo de regla casera a otras 15 regiones. Los españoles, los catalanes y los vascos necesitan revisar la idea de convivencia”. El federalismo puede ser la salida.


miércoles, 21 de junio de 2017

Un dissabte federalista (per Siscu Baiges)


Quan s’acaben els cursos de les escoles, els instituts i les universitats no s’esgoten les opcions d’aprenentatge i formació. És temps d’escoles i universitats d’estiu. N’hi ha de molts colors. Alguns més subvencionats que d’altres. Alguns de més interès que d’altres. Alguns més originals i d’altres que repeteixen any rere any la mateixa música, el mateix missatge.
Federalistes d’Esquerres s’endinsa el proper 1 de juliol en la segona edició de la seva escola d’estiu. Ho fa en un estiu on el president de la Generalitat ha exigit els diputats i diputades que donen suport al seu projecte polític que no se’n vagin gaire lluny. Que potser caldrà actuar amb astúcia o per sorpresa si se’ls complica el camí cap al referèndum que ha convocat amb la pretensió que els ciutadans decideixin si Catalunya ha de ser una república independent d’Espanya.
D’aquesta aventura n’haurem de parlar el primer dia de juliol a la seu central de la UGT de Catalunya, a la rambla Santa Mònica, a Barcelona. Però no serà a l’hora de les sessions de treball. L’escola d’estiu que organitzem conjuntament amb Economistes davant la Crisi durà per títol: “Per un nou contracte social”. Del contingut d’aquest contracte i de qui l’ha de subscriure se’n parlarà en la taula que obrirà l’Escola d’Estiu. “Democràcia i sistema de pensions”, “Renda bàsica: una redistribució de la renda?”, “Cooperativisme, economia social i globalització” i “Federalisme i fiscalitat solidària”, són els temes que es tractaran a les altres quatre sessions de treball. 
Podeu saber qui seran els ponents accedint al programa de l’Escola. Les publicacions ‘Alternativas Económicas’, ‘Diari del Treball’ i ‘Economia Digital’, col·laboraran en aquesta proposta formativa i d’intercanvi d’idees a la qual us convidem. I, després, si podeu i voleu marxeu de vacances tant lluny com vulgueu. A vosaltres no us demanarà Carles Puigdemont que vingueu a treure-li les castanyes del foc aquest estiu.                  

domingo, 4 de junio de 2017

Quan el que fa mal és la realitat (per Francesc Trillas)

El jurista Xavier Arbós va recordar en un conversa amb Federalistes d'Esquerres, un seguit d'aspectes de la realitat que també han estat exposats amb fredor jurídica per la Comissió de Venècia però a la periodista Pilar Rahola li ha semblat que recordar la realitat era “fer mal”. La revolta dels somriures no s’hauria de deixar només per quan enfoca la CNN o quan fa la foto el satèl·lit Meteosat




Ens acaba de deixar un dels millors dels molt bons escriptors catalans en llengua castellana, Juan Goytisolo. En un dels articles que va escriure en els darrers anys, parlava de la tendència dels nacionalismes excloents a dividir les seves societats en bons i dolents. Segurament no ha tingut temps de comprovar-ho veient la reacció de la periodista Pilar Rahola a unes paraules del jurista Xavier Arbós. Davant dels calmats i acadèmics arguments d’aquest explicant les dificultats jurídiques d’un referèndum unilateral d’independència, la Sra. Rahola va reaccionar a Twitter dient que Arbós “no es cansa de fer mal”. Les reaccions de persones decents de totes les ideologies no s’han fet esperar.
Deia Goytisolo en aquell article, titolat “El sueño de una gran Andorra”:
Digámoslo bien claro: los nacionalismos exclusivos manipulan los sentimientos en detrimento de la razón y se encierran en el falso dilema entre lo bueno nuestro y lo malo ajeno. Aleccionado por mi ya larga experiencia de las identidades colectivas y mi subsiguiente desconfianza en ellas, mi antinacionalismo, ya sea vasco, catalán o español, me lleva a suscribir por entero el párrafo de uno de los manifiestos llegados últimamente a mis manos: “Queremos luchar por una Cataluña y una España diferentes, que hagan suyas las convicciones y la tradición progresista y de izquierdas de millones de demócratas, librepensadores, republicanos, catalanistas, socialistas, comunistas o anarquistas”. Creo que dos de los intelectuales peninsulares que más admiro —Pi y Margall, efímero presidente de la Primera República, y Manuel Azaña, nuestro último jefe de Estado libremente elegido— podrían estampar su firma en él”.
Ara una portaveu de l'independentisme català el protagonisme de la qual no sé si es justifica per les seves credencials professionals, acusa, als qui li recorden la realitat jurídica, de "fer mal". Efectivament, el jurista Xavier Arbós va recordar en una conversa ambFederalistes d'Esquerres, un seguit d'aspectes de la realitat que també han estat exposats amb fredor jurídica per la Comissió del Consell d'Europa sobre la Democràcia a través del Dret (o Comissió de Venècia), però a la periodista hipermediàtica Pilar Rahola li ha semblat que recordar la realitat era “fer mal”.
Persones de diferents ideologies polítiques han reaccionant criticant a la senyora Rahola pel seu tuit, especialment per produir-se contra algú que s'ha caracteritzat en tota la seva trajectòria professional per mantenir una posició constructiva, elegant i educada en l'exposició dels seus plantejaments.
La importància de mantenir el respecte en el debat col·lectiu s’oblida quan es posa per davant la voluntat d’arrasar com un carro de combat quan no es té l’hàbit de veure que els que pensen diferent també poden dir coses interessants. La revolta dels somriures no s’hauria de deixar només per quan enfoca la CNN o quan fa la foto el satèl·lit Meteosat. També seria important com a regla per gestionar la diversitat d’opinions ser conscients que la superioritat moral (considerar que el discrepant fa o encarna el "mal") s’hauria de deixar contra aquelles persones que ataquen el consens científic o constitueixen un greu perill per a la convivència ciutadana. No sembla que una persona tan preparada, pausada i amable com Xavier Arbós suposi un perill en aquest sentit.
Afegia Rahola que Arbós, catedràtic de Dret constitucional de la Universitat de Barcelona i persona amb una àmplia experiència internacional, no tenia el nivell d'un jurista independentista com Carles Viver i Pi-Sunyer, artífex d'alguns dels documents jurídics del procés independentista, pel que sembla no tots coneguts públicament. Amb tot respecte per la categoria professional d'aquest jurista, no sembla que les paraules de Rahola es vegin confirmades pel balanç que fins ara es pugui fer de l'impacte sobre la realitat dels plans jurídics del senyor Viver i Pi-Sunyer o de la seva capacitat per convèncer els seus parells a nivell internacional.
El fons de la qüestió aquí també és important: darrerament el referèndum tal com el volen fer els independentistes s’ha revel·lat com missió impossible, perquè no està previst en la legalitat democràtica vigent (i no ho estaria en cap legalitat constitucional del món, llevat d’Uzbekistan, Liechtstenstein, Etiòpia i Sant Cristòbal i Nevis), i aquells que n’atorguen l’aval internacional han recordat que no avalaran cap referèndum d’autodeterminació fora de la constitucionalitat homologada internacionalment. Per descomptat, la Constitució es pot reformar. Alguns intentem reformar-la perquè evolucioni en un sentit federal, i sabem que no serà fàcil. No està clar per què seria més democràtic que altres tinguessin una drecera i no s’haguessin de sotmetre primer al procediment democràtic per reformar la Constitució que hem de fer servir tots els altres.
La realitat és que el procés independentista arriba al seu suposat moment crucial (i ja en van…) més dividit que mai, amb més casos de corrupció pendents d’explicar que mai, amb menys suport internacional que mai, i amb menys suport a les enquestes que mai. És clar, que sempre poden comptar amb el Sr. Rajoy i amb el PP, als quals no els convé que la qüestió catalana entri en vies de solució, sinó que els convé que les brases segueixin amb un mínim de vermellor. Aquesta és la realitat, i això sí que fa mal.

viernes, 19 de mayo de 2017

El sistema de asilo en la UE ¿Hacia una solución federal? (por Gaby Poblet)

El viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan




Tuvo que pasar la Segunda Guerra mundial para forjar la idea de una Europa federal como unión de naciones. De la mano de esta idea nacía también el derecho de asilo, reconocido en la convención de Ginebra de 1951. Europa asumía entonces, que la protección internacional es una responsabilidad moral y política, y también una responsabilidad con la paz. Aunque hoy parece olvidado, el derecho de asilo se recogió en la carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 18), firmada en Niza en el año 2000. Y en su artículo 19 se suscribió la prohibición de las expulsiones colectivas, que reivindica el principio de no devolución, algo que también parece olvidado a cambio de impulsar políticas de externalización y readmisión, como es el Pacto con Turquía y otros pactos con países del norte de África. ¿Qué fue de aquellos valores de solidaridad de la Europa soñada por Spinelli?
Ocurrió que al tiempo que se redactaba la Carta de Derechos Fundamentales, se consolidaba el espacio Schengen y con él, la fortificación de las fronteras exteriores de la Unión Europea. Una gran frontera que remplazó a todas las demás. En el mapa de Europa quedó trazado “un espacio seguro” y cerrado dentro del cual las personas ciudadanas de los países firmantes podrían circular libremente y las personas bautizadas como “extracomunitarias” (provenientes de países no nacionales de la UE) no podrían acceder. Los países limítrofes, ejercerían de “guardianes” de toda la UE.
El Tratado de Schengen (1985) también trajo la necesidad del Tratado de Dublín, creado para racionalizar los procesos de solicitudes de asilo de acuerdo a la convención de Ginebra. Fue firmado en 1990 y reformado en 2003 (Dublín II) y en 2013 (Reglamento Dublín III). Este convenio es el que rige ahora para asignar el país en donde una persona puede tramitar su solicitud de asilo. Establece dos criterios prioritarios: tener familiares o disponer de permiso de residencia. En la práctica, estos criterios resultan muy restrictivos, por lo que predomina el tercer criterio, el del primer país de llegada. Esto es lo que hace que el sistema Dublín sea sumamente injusto, tanto para los estados miembros como para las personas solicitantes de asilo, ya que desplaza la carga hacia los países limítrofes en lugar de compartir la responsabilidad. En los últimos años las personas solicitantes de asilo se han acumulado en Italia, Grecia y Hungría, a la espera de una lenta “reubicación”, que a duras penas se fue pactando en el Consejo Europeo, no sin dejar de aflorar las mezquindades nacionales. Para controlar Dublín, en el año 2003 se creó el Sistema EURODAC, una base de datos de huellas dactilares de personas solicitantes de asilo y de personas detenidas en los controles Schengen. Con este sistema se puede saber por cuál país entró la persona y si ha solicitado asilo, ya que se puede pedir sólo en un estado miembro. Si la persona fue registrada en un país distinto del que quiere pedir asilo, Dublín establece que debe ser “transferida” al país donde se registró, que por lo general es el que entró. Por este motivo, muchas personas se rehúsan a dejarse tomar las huellas digitales y optan por continuar viaje hacia otros países del Norte como Suecia o Alemania, corriendo el riesgo de ser detenidas. El fracaso de Dublín hace tambalear el acuerdo de Schengen. Cabe recordar que algunos países optaron por cerrar temporalmente (solo pueden hacerlo durante seis meses) sus fronteras Schengen para que no pasasen las personas refugiadas, como lo hicieron Austria, Alemania, Dinamarca en su momento o Francia que de tanto en tanto cierra el paso de Ventimiglia.
Queda claro entonces que Dublín es un sistema totalmente ineficaz y nada equitativo, y además muy caro, ya que incluye el mantenimiento de EURODAC y los gastos de transferencias, detenciones y deportaciones. Pero lo peor de todo es que no garantiza los derechos de los solicitantes de asilo, ya que estos dependen de los estados miembros y ningún organismo supranacional vela por ello. Una alternativa que se discutió en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo es que la agencia EASO (European Assylum Suport Office) amplíe sus funciones y sea una autoridad competente en una posible redistribución más equitativa, en la cual predominen las preferencias de las personas refugiadas. El problema esencial es, tal como han difundido los medios de comunicación desde hace casi tres años, la no aceptación de la obligatoriedad de las cuotas de personas refugiadas por parte de los estados miembros y la instrumentalización de la problemática por parte de grupos políticos de derecha y extrema derecha.
Pero además de Dublín, la Unión Europea cuenta con otros instrumentos menos mezquinos en materia de asilo, y que, de aplicarse, podrían solucionar la gestión de la protección internacional. Un ejemplo es la Directiva de Protección Temporal. Tras la guerra de los Balcanes, el parlamento europeo aprobó la Directiva 2001/55/CE que establece protección temporal en caso de afluencia masiva de personas desplazadas, pero que nunca fue aplicada en ningún estado miembro. En 2011, con la llegada masiva de tunecinos a las costas italianas, el gobierno italiano solicitó la aplicación de esta Directiva, pero no reunió el consenso necesario en el Consejo Europeo. Francia y Alemania alegaron que los tunecinos eran “migrantes económicos”. Tras los naufragios cerca de la isla de Lampedusa, se puso alguna otra excusa para no aplicarla.
Otro instrumento imprescindible que debería ponerse en práctica de forma urgente es la expedición del visado humanitario desde embajadas y consulados, algo básico y fundamental para que no siga muriendo gente en el mar. Para expedir visados humanitarios se necesita reformular la regulación del código de visados, una propuesta que ya ha pasado por el parlamento europeo en 2016, pero que el Consejo no está dispuesto a negociar. De todos modos, una posible reforma de la regulación del código de visados sólo armonizaría las reglas, sin que sea obligatorio para los estados miembros. La reticencia de los estados en otorgar el visado humanitario está muy clara, y se basa en sus competencias exclusivas sobre la gestión del control de sus fronteras nacionales, tanto a nivel material como simbólico.
Es evidente que el viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La realidad es que la Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan.
Siempre me pregunto qué pensaría Spinelli si viera las imponentes vallas de la Europa Fortaleza que impiden el paso de personas refugiadas. Y es que con la idea de Europa y del Espacio Schengen como libre circulación, se produjo una paradoja: Europa, en tanto unión de estados-nación, reforzó – aunque no era la intención inicial – la idea de frontera, y por lo tanto también la idea de nacionalidad. Es decir, la globalización no abolió la territorialidad como modo de control, sino que por el contrario, la afianzó. ¿Qué pensaría Spinelli? Lo mismo que pensaba mientras el fascismo lo tuvo confinado: que no hay otro camino más que seguir construyendo “comunitarización”, tal como promueve el federalismo europeo, a través de estructuras supranacionales que velen por los intereses de las personas (y no de los estados) y a través de acuerdos solidarios que promuevan responsabilidades compartidas y equilibradas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Extraños llamando a la puerta (por Beatriz Silva)


Las migraciones masivas no tienen nada de nuevo: han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Saber gestionarlas en un mundo cada vez más globalizado es lo que aborda el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman en uno de sus últimos ensayos en el que acusa al sistema de convertir a los refugiados en ‘personas superfluas’ o excedentes humanos




Nos enfrentamos a una crisis de la humanidad, y la única salida es reconocer nuestra creciente interdependencia como miembros de la misma especie y encontrar nuevas maneras de convivir en la solidaridad y la cooperación.
Es una de las reflexiones de ‘Extraños llamando a la puerta’, el último ensayo publicado en español por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, fallecido en enero pasado a los 91 años.
A lo largo de 112 páginas, Bauman ahonda en la crisis de los refugiados, las posibles consecuencias de las olas migratorias que se harán más intensas en los próximos años y en las políticas de contención y rechazo que predominan cada vez más en el discurso político. Unas políticas que, a juicio del filósofo, pueden proporcionar una tranquilidad momentánea pero están condenadas a fracasar a largo plazo.
“No parece que los factores que las impulsan vayan a remitir”, recalca Bauman haciendo un repaso de los conflictos y las tragedias que están generando grandes flujos migratorios. Y, citando a Robert Winder, subraya que intentar detener con muros “a personas que buscan salvación frente a la tiranía, la persecución sangrienta y la pobreza inhumana” es como intentar parar las olas del mar con gritos.
Una de las reflexiones más interesantes que hace Bauman en relación a la crisis migratoria es la de acusar al sistema de fabricar “personas superfluas”, seres humanos que son tratados como excedentes que pueden ser aparcados en campos de concentración o tratados como patatas calientes que pasan de mano en mano, como quedó en evidencia con el acuerdo de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía para devolver a las personas que conseguían alcanzar las costas griegas.
“La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por el otro, un mundo de ‘restos’ residuales, oscuros, enfermos e invisibles. Los ‘restos’ pueblan innumerables campos, kilómetros de corredores de paso, islas y plataformas marítimas, y hasta cercados en mitad de desiertos. Cada campo está rodeado de muros, alambradas y vallas electrificadas, o funciona como una prisión de facto porque está aislado por inmensas extensiones vacías de tierra o mar a su alrededor”, constata Bauman.
¿Quién es responsable de esta situación? Todos nosotros porque somos presa de miedos atávicos que nos impulsan a rechazar a los extraños, a aquello que nos resulta desconocido, sobre todo si se trata de pobres o desheredados. Pero Bauman culpa especialmente a los políticos que alientan estos miedos. 
“Los refugiados siempre han sido unos extraños. Y los extraños tienden a causar inquietud porque son aterradoramente impredecibles, a diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de las que sabemos qué esperar”, señala añadiendo que la figura del refugiado enfrenta a los ciudadanos de los países más desarrollados a la incertidumbre: representan cada vez más una competencia indeseable por un bienestar que se vuelve más y más escaso como consecuencia de políticas económicas que aumentan la desigualdad y precarizan la vida de las personas.
Alentar estos miedos por parte de políticos sin escrúpulos explicaría, según Bauman, la trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista, y los asombrosos éxitos electorales de partidos y movimientos que las proclaman como el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Ser francés es un característica (¿la única posible quizás?) que encumbra  a todos los compatriotas galos dentro de una misma categoría de personas (…) y las sitúa por encima de los extranjeros que están en parecidas condiciones de miseria pero son recién llegados sin Estado (…). El nacionalismo les facilita ese soñado bote salvavidas para su ajada o ya difunta autoestima”, nos dice.
También señala una evidencia: las migraciones masivas no tienen nada de fenómeno novedoso, han acompañado a la modernidad desde el principio de ésta. Y hace un llamado a recuperar el diálogo argumentando que las conversaciones que se entablan más allá de las fronteras pueden ser placenteras o enojosas pero su principal característica es que son inevitables en un mundo cada vez más atestado y globalizado.
“La conversación sigue siendo ‘la’ vía directa al acuerdo y, por ende, a la coexistencia pacífica, mutuamente beneficiosa, cooperativa y solidaria, simplemente porque no tiene competidores para tal cometido y, por consiguiente, ninguna opción alternativa viable”, concluye.

viernes, 21 de abril de 2017

Ante la tumba de Antonio Machado (por Carlos Jiménez Villarejo)

Intervención de Carlos Jiménez Villarejo ante la tumba de Antonio Machado en Colliure con motivo de la visita de un grupo de Federalistes d’Esquerres el 2 de abril de 2017


Atravesada la frontera, con su madre, su hermano José y su esposa Matea, por Port- Bou, finalmente exhaustos, llegan a Colliure donde encuentran alojamiento en el Hotel Bougnol-Quintana, que dirigía Pauline Quintana.
Su hermano, ante el estado ánimo del poeta dice: ”No podía sobrevivir a la pérdida de España. Tampoco sobreponerse a la angustia del destierro”.
Una tarde, Machado baja al Salón con una pequeña caja de madera, un joyero. Se lo entrega a Pauline y le dice:·” Es tierra de España. Si muero en este pueblo, quiero que me entierren con ella”.
Cuando Pauline trata de hacerle desistir, el poeta dice: “Mis días, Señora, están contados”
Machado muere el dia 22 de febrero a las tres y media de la tarde.
Ian Gibson, después de narrar la muerte del poeta, reproduce estos versos:
“Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego, llevó, sereno
El limpio vaso, hasta su boca fría,
De pura sombra- oh, pura sombra- lleno.
El entierro fue estrictamente civil y de una sobriedad acorde con el pensamiento y la manera de ser del poeta.
Antes de su inhumación, Julián Zugazagoitia – un año después, fusilado por Franco- pronuncia un discurso fúnebre en medio de un dolorido silencio. Tras una emocionada semblanza de la vid y obra del poeta, concluye con una copla del poeta:
“Corazón, ayer sonoro,
¿ta no suena
tu monedilla de oro?
Desde nuestro infinito agradecimiento a la vida y obra del poeta, podemos concluir con estos dos grandes versos:
Vive, esperanza, ¿quién sabe
lo que se traga la tierra? y
Late, corazón, no todo
se lo ha tragado la tierra.

lunes, 3 de abril de 2017

Los Refugiados del Clima. Hacia una solución global (por Gonzalo Delacámara)

Desde 2008, una media de una persona por segundo se ha desplazado por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos. Esta cuestión, que irá en aumento, necesita una solución a escala mundial y una aproximación federal que reconozca los derechos fundamentales de estas personas. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes


En 1915, el poeta estadounidense Edgar Lee Masters publicó Antología de Spoon River, una colección de breves poemas en verso libre que narra colectivamente los epitafios autobiográficos de los habitantes de Spoon River, un  pequeño pueblo de ficción en eso que hoy llaman ‘la América profunda’. Spoon River contiene más de doscientos personajes que nos cuentan cómo vivieron y murieron. Cada uno de ellos narra en primera persona su propio epitafio y reflexiona sobre la existencia; desde cada uno de esos breves relatos revelan la verdad que las convenciones sociales, el peso de la tradición, la inercia, las ideas míticas, les obligaron a ocultar en vida. Esa antología poética muestra que no hay mejor modo de conocer por qué tomamos las decisiones que tomamos, de indagar en lo universal, que experimentando la emoción de lo inmediato.
Lo inmediato estos días tiene que ver, entre otras cosas, con la afluencia de inmigrantes y refugiados a Europa. Por cierto, afluencia no masiva: el 89% de los refugiados del mundo es acogido por países en desarrollo. Se repite, de hecho, con insistencia que Europa padece una crisis de refugiados, cuando mi sensación es que son los refugiados quienes padecen la crisis de Europa.
Actualmente hay aproximadamente 70 millones de personas desplazadas de modo forzoso en el mundo, de los que unos 20 millones encajan en la figura legal del refugiado. Las cifras han crecido pero también se ha difuminado la frontera entre refugiados que huyen de conflictos bélicos, persecuciones de toda clase, Estados fallidos con economías en ruinas, situaciones de extrema violencia y aquellos que se ven desplazados por hambrunas, mal llamados desastres naturales y un intenso deterioro ambiental.
Desde 2001, el 60% de esos desplazados escapa de los mismos diez conflictos prolongados en el tiempo: Siria (con más de 12 millones de desplazados, entre internos y solicitantes de asilo en otros países), Colombia (todavía hoy con más de 6 millones de desplazados internos), Afganistán, Sudán del Sur, Somalia. Sin embargo, comienza a consolidarse la idea de que una fuente de desplazamientos masivos será, si no lo es ya, el cambio climático. 
Desde 2008, una media de una persona por segundo (hasta un total de casi 300 millones de personas) se ha desplazado durante periodos relevantes de tiempo por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos (sequías, inundaciones, eventos de contaminación del suelo o del agua…). Se estima, de hecho, que el riesgo de esa clase de desplazamiento se ha duplicado en los últimos 40 años. El promedio de 26,4 millones de personas al año no incluye, sin embargo, aquellos desplazamientos ocasionados por los impactos de fenómenos climáticos de aparición más paulatina. En ese caso apenas solo existen estimaciones puntuales: por ejemplo, en Somalia, en 2011, 1,3 millones de somalíes se desplazaron internamente y 290.000 buscaron refugio fuera del país en el contexto de la sequía en el Cuerno de África, que ocasionó una hambruna y altos grados de inestabilidad.
El 6 de abril de 2017 discutiré con los asistentes al evento organizado por Federalistes d’Esquerres sobre ciertas ideas míticas que nos incapacitan para encontrar una solución a escala mundial a estos desplazamientos de refugiados. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes. Los llamados desastres naturales son en esencia desastres humanos ante fenómenos naturales y lo son, desde luego, en las consecuencias pero, del mismo modo, lo son también en las causas.
Si no somos capaces de privilegiar enfoques preventivos frente a enfoques reactivos, si no anteponemos las ideas de ciudadanía y justicia a la caridad, las voluntades colectivas a las individuales, si no entendemos lo arcaico de la idea de estado-nación, si no apostamos por una aproximación federal para el reconocimiento de los derechos fundamentales, si obviamos hasta lo insensato nuestra responsabilidad en el cambio climático y la debilidad de nuestras respuestas de adaptación al mismo, habrá muchos ciudadanos del mundo que nos contarán su vida como los habitantes de Spoon River.


Gonzalo Delacámara es director académico del Foro de la Economía del Agua