viernes, 19 de mayo de 2017

El sistema de asilo en la UE ¿Hacia una solución federal? (por Gaby Poblet)

El viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan




Tuvo que pasar la Segunda Guerra mundial para forjar la idea de una Europa federal como unión de naciones. De la mano de esta idea nacía también el derecho de asilo, reconocido en la convención de Ginebra de 1951. Europa asumía entonces, que la protección internacional es una responsabilidad moral y política, y también una responsabilidad con la paz. Aunque hoy parece olvidado, el derecho de asilo se recogió en la carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 18), firmada en Niza en el año 2000. Y en su artículo 19 se suscribió la prohibición de las expulsiones colectivas, que reivindica el principio de no devolución, algo que también parece olvidado a cambio de impulsar políticas de externalización y readmisión, como es el Pacto con Turquía y otros pactos con países del norte de África. ¿Qué fue de aquellos valores de solidaridad de la Europa soñada por Spinelli?
Ocurrió que al tiempo que se redactaba la Carta de Derechos Fundamentales, se consolidaba el espacio Schengen y con él, la fortificación de las fronteras exteriores de la Unión Europea. Una gran frontera que remplazó a todas las demás. En el mapa de Europa quedó trazado “un espacio seguro” y cerrado dentro del cual las personas ciudadanas de los países firmantes podrían circular libremente y las personas bautizadas como “extracomunitarias” (provenientes de países no nacionales de la UE) no podrían acceder. Los países limítrofes, ejercerían de “guardianes” de toda la UE.
El Tratado de Schengen (1985) también trajo la necesidad del Tratado de Dublín, creado para racionalizar los procesos de solicitudes de asilo de acuerdo a la convención de Ginebra. Fue firmado en 1990 y reformado en 2003 (Dublín II) y en 2013 (Reglamento Dublín III). Este convenio es el que rige ahora para asignar el país en donde una persona puede tramitar su solicitud de asilo. Establece dos criterios prioritarios: tener familiares o disponer de permiso de residencia. En la práctica, estos criterios resultan muy restrictivos, por lo que predomina el tercer criterio, el del primer país de llegada. Esto es lo que hace que el sistema Dublín sea sumamente injusto, tanto para los estados miembros como para las personas solicitantes de asilo, ya que desplaza la carga hacia los países limítrofes en lugar de compartir la responsabilidad. En los últimos años las personas solicitantes de asilo se han acumulado en Italia, Grecia y Hungría, a la espera de una lenta “reubicación”, que a duras penas se fue pactando en el Consejo Europeo, no sin dejar de aflorar las mezquindades nacionales. Para controlar Dublín, en el año 2003 se creó el Sistema EURODAC, una base de datos de huellas dactilares de personas solicitantes de asilo y de personas detenidas en los controles Schengen. Con este sistema se puede saber por cuál país entró la persona y si ha solicitado asilo, ya que se puede pedir sólo en un estado miembro. Si la persona fue registrada en un país distinto del que quiere pedir asilo, Dublín establece que debe ser “transferida” al país donde se registró, que por lo general es el que entró. Por este motivo, muchas personas se rehúsan a dejarse tomar las huellas digitales y optan por continuar viaje hacia otros países del Norte como Suecia o Alemania, corriendo el riesgo de ser detenidas. El fracaso de Dublín hace tambalear el acuerdo de Schengen. Cabe recordar que algunos países optaron por cerrar temporalmente (solo pueden hacerlo durante seis meses) sus fronteras Schengen para que no pasasen las personas refugiadas, como lo hicieron Austria, Alemania, Dinamarca en su momento o Francia que de tanto en tanto cierra el paso de Ventimiglia.
Queda claro entonces que Dublín es un sistema totalmente ineficaz y nada equitativo, y además muy caro, ya que incluye el mantenimiento de EURODAC y los gastos de transferencias, detenciones y deportaciones. Pero lo peor de todo es que no garantiza los derechos de los solicitantes de asilo, ya que estos dependen de los estados miembros y ningún organismo supranacional vela por ello. Una alternativa que se discutió en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo es que la agencia EASO (European Assylum Suport Office) amplíe sus funciones y sea una autoridad competente en una posible redistribución más equitativa, en la cual predominen las preferencias de las personas refugiadas. El problema esencial es, tal como han difundido los medios de comunicación desde hace casi tres años, la no aceptación de la obligatoriedad de las cuotas de personas refugiadas por parte de los estados miembros y la instrumentalización de la problemática por parte de grupos políticos de derecha y extrema derecha.
Pero además de Dublín, la Unión Europea cuenta con otros instrumentos menos mezquinos en materia de asilo, y que, de aplicarse, podrían solucionar la gestión de la protección internacional. Un ejemplo es la Directiva de Protección Temporal. Tras la guerra de los Balcanes, el parlamento europeo aprobó la Directiva 2001/55/CE que establece protección temporal en caso de afluencia masiva de personas desplazadas, pero que nunca fue aplicada en ningún estado miembro. En 2011, con la llegada masiva de tunecinos a las costas italianas, el gobierno italiano solicitó la aplicación de esta Directiva, pero no reunió el consenso necesario en el Consejo Europeo. Francia y Alemania alegaron que los tunecinos eran “migrantes económicos”. Tras los naufragios cerca de la isla de Lampedusa, se puso alguna otra excusa para no aplicarla.
Otro instrumento imprescindible que debería ponerse en práctica de forma urgente es la expedición del visado humanitario desde embajadas y consulados, algo básico y fundamental para que no siga muriendo gente en el mar. Para expedir visados humanitarios se necesita reformular la regulación del código de visados, una propuesta que ya ha pasado por el parlamento europeo en 2016, pero que el Consejo no está dispuesto a negociar. De todos modos, una posible reforma de la regulación del código de visados sólo armonizaría las reglas, sin que sea obligatorio para los estados miembros. La reticencia de los estados en otorgar el visado humanitario está muy clara, y se basa en sus competencias exclusivas sobre la gestión del control de sus fronteras nacionales, tanto a nivel material como simbólico.
Es evidente que el viejo sueño de Spinelli de la Europa libre y unida aún no está del todo consolidado. La realidad es que la Unión Europea funciona como un artefacto político intergubernamental a través de acuerdos entre los gobiernos de los estados miembros. Aunque existen organismos supranacionales como la Comisión Europea y el Parlamento, el peso específico lo tiene el Consejo. Es esta forma de funcionamiento la que hoy en día no permite afrontar ni gestionar de forma eficaz y solidaria el derecho de asilo de las personas extranjeras que lo necesitan.
Siempre me pregunto qué pensaría Spinelli si viera las imponentes vallas de la Europa Fortaleza que impiden el paso de personas refugiadas. Y es que con la idea de Europa y del Espacio Schengen como libre circulación, se produjo una paradoja: Europa, en tanto unión de estados-nación, reforzó – aunque no era la intención inicial – la idea de frontera, y por lo tanto también la idea de nacionalidad. Es decir, la globalización no abolió la territorialidad como modo de control, sino que por el contrario, la afianzó. ¿Qué pensaría Spinelli? Lo mismo que pensaba mientras el fascismo lo tuvo confinado: que no hay otro camino más que seguir construyendo “comunitarización”, tal como promueve el federalismo europeo, a través de estructuras supranacionales que velen por los intereses de las personas (y no de los estados) y a través de acuerdos solidarios que promuevan responsabilidades compartidas y equilibradas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Extraños llamando a la puerta (por Beatriz Silva)


Las migraciones masivas no tienen nada de nuevo: han acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Saber gestionarlas en un mundo cada vez más globalizado es lo que aborda el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman en uno de sus últimos ensayos en el que acusa al sistema de convertir a los refugiados en ‘personas superfluas’ o excedentes humanos




Nos enfrentamos a una crisis de la humanidad, y la única salida es reconocer nuestra creciente interdependencia como miembros de la misma especie y encontrar nuevas maneras de convivir en la solidaridad y la cooperación.
Es una de las reflexiones de ‘Extraños llamando a la puerta’, el último ensayo publicado en español por el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, fallecido en enero pasado a los 91 años.
A lo largo de 112 páginas, Bauman ahonda en la crisis de los refugiados, las posibles consecuencias de las olas migratorias que se harán más intensas en los próximos años y en las políticas de contención y rechazo que predominan cada vez más en el discurso político. Unas políticas que, a juicio del filósofo, pueden proporcionar una tranquilidad momentánea pero están condenadas a fracasar a largo plazo.
“No parece que los factores que las impulsan vayan a remitir”, recalca Bauman haciendo un repaso de los conflictos y las tragedias que están generando grandes flujos migratorios. Y, citando a Robert Winder, subraya que intentar detener con muros “a personas que buscan salvación frente a la tiranía, la persecución sangrienta y la pobreza inhumana” es como intentar parar las olas del mar con gritos.
Una de las reflexiones más interesantes que hace Bauman en relación a la crisis migratoria es la de acusar al sistema de fabricar “personas superfluas”, seres humanos que son tratados como excedentes que pueden ser aparcados en campos de concentración o tratados como patatas calientes que pasan de mano en mano, como quedó en evidencia con el acuerdo de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía para devolver a las personas que conseguían alcanzar las costas griegas.
“La política migratoria va dirigida a consolidar una división entre dos categorías mundiales cada vez más cosificadas: por un lado, un mundo limpio, sano y visible; por el otro, un mundo de ‘restos’ residuales, oscuros, enfermos e invisibles. Los ‘restos’ pueblan innumerables campos, kilómetros de corredores de paso, islas y plataformas marítimas, y hasta cercados en mitad de desiertos. Cada campo está rodeado de muros, alambradas y vallas electrificadas, o funciona como una prisión de facto porque está aislado por inmensas extensiones vacías de tierra o mar a su alrededor”, constata Bauman.
¿Quién es responsable de esta situación? Todos nosotros porque somos presa de miedos atávicos que nos impulsan a rechazar a los extraños, a aquello que nos resulta desconocido, sobre todo si se trata de pobres o desheredados. Pero Bauman culpa especialmente a los políticos que alientan estos miedos. 
“Los refugiados siempre han sido unos extraños. Y los extraños tienden a causar inquietud porque son aterradoramente impredecibles, a diferencia de las personas con las que interactuamos a diario y de las que sabemos qué esperar”, señala añadiendo que la figura del refugiado enfrenta a los ciudadanos de los países más desarrollados a la incertidumbre: representan cada vez más una competencia indeseable por un bienestar que se vuelve más y más escaso como consecuencia de políticas económicas que aumentan la desigualdad y precarizan la vida de las personas.
Alentar estos miedos por parte de políticos sin escrúpulos explicaría, según Bauman, la trayectoria ascendente de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo chovinista, y los asombrosos éxitos electorales de partidos y movimientos que las proclaman como el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Ser francés es un característica (¿la única posible quizás?) que encumbra  a todos los compatriotas galos dentro de una misma categoría de personas (…) y las sitúa por encima de los extranjeros que están en parecidas condiciones de miseria pero son recién llegados sin Estado (…). El nacionalismo les facilita ese soñado bote salvavidas para su ajada o ya difunta autoestima”, nos dice.
También señala una evidencia: las migraciones masivas no tienen nada de fenómeno novedoso, han acompañado a la modernidad desde el principio de ésta. Y hace un llamado a recuperar el diálogo argumentando que las conversaciones que se entablan más allá de las fronteras pueden ser placenteras o enojosas pero su principal característica es que son inevitables en un mundo cada vez más atestado y globalizado.
“La conversación sigue siendo ‘la’ vía directa al acuerdo y, por ende, a la coexistencia pacífica, mutuamente beneficiosa, cooperativa y solidaria, simplemente porque no tiene competidores para tal cometido y, por consiguiente, ninguna opción alternativa viable”, concluye.

viernes, 21 de abril de 2017

Ante la tumba de Antonio Machado (por Carlos Jiménez Villarejo)

Intervención de Carlos Jiménez Villarejo ante la tumba de Antonio Machado en Colliure con motivo de la visita de un grupo de Federalistes d’Esquerres el 2 de abril de 2017


Atravesada la frontera, con su madre, su hermano José y su esposa Matea, por Port- Bou, finalmente exhaustos, llegan a Colliure donde encuentran alojamiento en el Hotel Bougnol-Quintana, que dirigía Pauline Quintana.
Su hermano, ante el estado ánimo del poeta dice: ”No podía sobrevivir a la pérdida de España. Tampoco sobreponerse a la angustia del destierro”.
Una tarde, Machado baja al Salón con una pequeña caja de madera, un joyero. Se lo entrega a Pauline y le dice:·” Es tierra de España. Si muero en este pueblo, quiero que me entierren con ella”.
Cuando Pauline trata de hacerle desistir, el poeta dice: “Mis días, Señora, están contados”
Machado muere el dia 22 de febrero a las tres y media de la tarde.
Ian Gibson, después de narrar la muerte del poeta, reproduce estos versos:
“Ciego, pidió la luz que no veía.
Luego, llevó, sereno
El limpio vaso, hasta su boca fría,
De pura sombra- oh, pura sombra- lleno.
El entierro fue estrictamente civil y de una sobriedad acorde con el pensamiento y la manera de ser del poeta.
Antes de su inhumación, Julián Zugazagoitia – un año después, fusilado por Franco- pronuncia un discurso fúnebre en medio de un dolorido silencio. Tras una emocionada semblanza de la vid y obra del poeta, concluye con una copla del poeta:
“Corazón, ayer sonoro,
¿ta no suena
tu monedilla de oro?
Desde nuestro infinito agradecimiento a la vida y obra del poeta, podemos concluir con estos dos grandes versos:
Vive, esperanza, ¿quién sabe
lo que se traga la tierra? y
Late, corazón, no todo
se lo ha tragado la tierra.

lunes, 3 de abril de 2017

Los Refugiados del Clima. Hacia una solución global (por Gonzalo Delacámara)

Desde 2008, una media de una persona por segundo se ha desplazado por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos. Esta cuestión, que irá en aumento, necesita una solución a escala mundial y una aproximación federal que reconozca los derechos fundamentales de estas personas. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes


En 1915, el poeta estadounidense Edgar Lee Masters publicó Antología de Spoon River, una colección de breves poemas en verso libre que narra colectivamente los epitafios autobiográficos de los habitantes de Spoon River, un  pequeño pueblo de ficción en eso que hoy llaman ‘la América profunda’. Spoon River contiene más de doscientos personajes que nos cuentan cómo vivieron y murieron. Cada uno de ellos narra en primera persona su propio epitafio y reflexiona sobre la existencia; desde cada uno de esos breves relatos revelan la verdad que las convenciones sociales, el peso de la tradición, la inercia, las ideas míticas, les obligaron a ocultar en vida. Esa antología poética muestra que no hay mejor modo de conocer por qué tomamos las decisiones que tomamos, de indagar en lo universal, que experimentando la emoción de lo inmediato.
Lo inmediato estos días tiene que ver, entre otras cosas, con la afluencia de inmigrantes y refugiados a Europa. Por cierto, afluencia no masiva: el 89% de los refugiados del mundo es acogido por países en desarrollo. Se repite, de hecho, con insistencia que Europa padece una crisis de refugiados, cuando mi sensación es que son los refugiados quienes padecen la crisis de Europa.
Actualmente hay aproximadamente 70 millones de personas desplazadas de modo forzoso en el mundo, de los que unos 20 millones encajan en la figura legal del refugiado. Las cifras han crecido pero también se ha difuminado la frontera entre refugiados que huyen de conflictos bélicos, persecuciones de toda clase, Estados fallidos con economías en ruinas, situaciones de extrema violencia y aquellos que se ven desplazados por hambrunas, mal llamados desastres naturales y un intenso deterioro ambiental.
Desde 2001, el 60% de esos desplazados escapa de los mismos diez conflictos prolongados en el tiempo: Siria (con más de 12 millones de desplazados, entre internos y solicitantes de asilo en otros países), Colombia (todavía hoy con más de 6 millones de desplazados internos), Afganistán, Sudán del Sur, Somalia. Sin embargo, comienza a consolidarse la idea de que una fuente de desplazamientos masivos será, si no lo es ya, el cambio climático. 
Desde 2008, una media de una persona por segundo (hasta un total de casi 300 millones de personas) se ha desplazado durante periodos relevantes de tiempo por desastres iniciados de manera súbita, la mayor parte de los cuales estaban relacionados con extremos meteorológicos o climáticos (sequías, inundaciones, eventos de contaminación del suelo o del agua…). Se estima, de hecho, que el riesgo de esa clase de desplazamiento se ha duplicado en los últimos 40 años. El promedio de 26,4 millones de personas al año no incluye, sin embargo, aquellos desplazamientos ocasionados por los impactos de fenómenos climáticos de aparición más paulatina. En ese caso apenas solo existen estimaciones puntuales: por ejemplo, en Somalia, en 2011, 1,3 millones de somalíes se desplazaron internamente y 290.000 buscaron refugio fuera del país en el contexto de la sequía en el Cuerno de África, que ocasionó una hambruna y altos grados de inestabilidad.
El 6 de abril de 2017 discutiré con los asistentes al evento organizado por Federalistes d’Esquerres sobre ciertas ideas míticas que nos incapacitan para encontrar una solución a escala mundial a estos desplazamientos de refugiados. Los refugiados del clima no son refugiados del clima en realidad sino de nuestra incapacidad para proporcionar una adecuada gobernanza de los recursos naturales y los bienes comunes. Los llamados desastres naturales son en esencia desastres humanos ante fenómenos naturales y lo son, desde luego, en las consecuencias pero, del mismo modo, lo son también en las causas.
Si no somos capaces de privilegiar enfoques preventivos frente a enfoques reactivos, si no anteponemos las ideas de ciudadanía y justicia a la caridad, las voluntades colectivas a las individuales, si no entendemos lo arcaico de la idea de estado-nación, si no apostamos por una aproximación federal para el reconocimiento de los derechos fundamentales, si obviamos hasta lo insensato nuestra responsabilidad en el cambio climático y la debilidad de nuestras respuestas de adaptación al mismo, habrá muchos ciudadanos del mundo que nos contarán su vida como los habitantes de Spoon River.


Gonzalo Delacámara es director académico del Foro de la Economía del Agua 


sábado, 25 de marzo de 2017

‘Canviem el rumb d’Europa’ (per Sara Jaurrieta)

Pensem que la resposta a la crisi no només passa per aprofundir en les relacions federals dins d’Espanya, on lliurement podem acordar quines competències volem per cada nivell de govern, sinó que pensem que aquest moment passa també per reforçar les relacions federals fora d’Espanya, a nivell europeu


(Intervenció de Sara Jaurrieta a l’acte ‘Canviem el rumbo d’Europa’ celebrat a Roma el 24 de març de 2017)


Aquesta setmana es commemora els 60 anys dels Tractats de Roma i demà tindrem ocasió de formar part d’aquesta Marcha por Europa que ens uneix a tots els europeistes.
És un marc magnífic, per tant, per poder compartir reflexions i anhels entre les persones i entitats que volem i reclamem més i millor Europa.
Federalistes d’Esquerres neix a Barcelona l’any 2012 quan un grup de ciutadans i ciutadanes van veure la necessitat d’obrir un espai federalista a Catalunya davant els esdeveniments polítics que s’estaven començant a donar en el nostre entorn.
Certs partits polítics començaven a intentar fer creure a la nostre societat que l’espai del diàleg s’havia esgotat i que tots els problemes (socials, econòmics i polítics) havien de trobar la solució en la independència de Catalunya respecte a la resta d’Espanya.
La crisi, com a tot arreu, havia deixat les seves seqüeles en la societat creant més atur, més precarietat laboral i més vulnerabilitat entre les persones.
El govern conservador espanyol va aprofitar aquesta situació de crisi per donar passes enrere amb polítiques centralitzadores i simplificant el debat públic mancant respecte a la pluralitat política i cultural.
Altres, federalistes, pensem que la solució passa per la cooperació i les aliances.
La nostra història i el nostre present com a societat està ple de governs que en moments d’incertesa i crisi opten pel reclutament. La conclusió comú que podem treure d’aquestes experiències és que han col·laborat a l’aïllament, a generar més divisions i a empobrir culturalment i socialment a les persones.
Pensem que la resposta a la crisi no només passa per aprofundir en les relacions federals dins d’Espanya, on lliurement podem acordar quines competències volem per cada nivell de govern, sinó que pensem que aquest moment passa també per reforçar les relacions federals fora d’Espanya, a nivell europeu.
En aquesta línia, creiem que cal dotar de més contingut polític i social a aquesta Europa que ha de ser capaç contínuament de donar respostes als reptes generats pels nous temps.
Des de Federalistes d’Esquerres pensem que l’espai pel diàleg és clau per avançar en aquesta direcció. Per això som una entitat que promovem la contrastació d’idees i les experiències existents.
Ara estem elaborant un documental ‘FEDERAL’ que el premiat director Albert Solé està fent per donar veu a persones d’arreu de món que han cregut i viscut les virtuts i els avenços que el federalisme ha aportat a la societat.
Des de Federalistes d’Esquerres també donem difusió a llibres, articles i debats que promoguin els valors del federalisme i la democràcia a tots els nivells: local, europeu i mundial.
En els darrers anys, malauradament només s’ha promogut amb recursos privats i públics un únic model d’organització: el nacionalista.
És per això que pensem que cal un debat just i ho fem apropant les activitats i actes a cada racó de Catalunya i d’Espanya (la setmana passada vam estar, per exemple, a Madrid).
Per combatre aquest pensament que vol ser únic treballem en xarxa amb grups federalistes dins i fora de Catalunya i Espanya.
Ens hem trobat amb molta gent que pensa com nosaltres que encara hi ha esperança en construir un futur millor des de la base de la fraternitat, compartint i coordinant visions i estratègies.
En definitiva, el que volem és una reforma de la Constitució espanyola que permeti desenvolupar un sistema federal en base als principis de la cooperació, la lleialtat institucional i la solidaritat entre els pobles d’Espanya.
Volem regenerar el model polític i institucional, fent-lo més democràtic i participatiu, respectuós de l’autogovern de les parts i de la plurinacionalitat d’Espanya.
I pensem que això ve de la mà de la construcció d’una Europa sense fronteres, federal, més justa i solidària. En altres paraules, que implica recuperar el llegat d’Atiero Spinelli, Ernesto Rossi i Eugenio Colorni.
Una Europa lliure i unida. Una Europa capaç de rescatar a les persones amb un Estat del Benestar que garanteixi la igualtat d’accés als serveis. Una Europa que sàpiga donar resposta als refugiats que fugen de la violència i la fam, buscant noves oportunitats.
El federalisme pot ser un projecte complex, però és l’únic que està donant respostes solidàries i eficaces enfront dels nacionalismes que hem conegut i patit.
El futur és federal i és allà cap a on volem anar.
Necessitem més Europa! No a les fronteres! No a les nacions!

domingo, 19 de febrero de 2017

De la resistènca global a l’alternativa federal (per Francesc Trillas)

Com enfrontar-nos amb eficàcia al populisme i a la demagògia? Com fer servir les eines de la raó sense donar als adversaris el monopoli de l’emoció? Tots lluitem per un món on tots els éssers humans tinguin els mateixos drets vinguin d’on vinguin i siguin d’on siguin, sense que “primer” (“America first”, “Catalunya primer”) vagin els de cap nacionalitat


Existeix un debat obert sobre fins a quin punt el sobiranisme català comparteix característiques comunes amb altres moviments nacional-populistes. L’existència d’aquest important debat està legitimada per la participació en ell d’alguns representants de l’independentisme català, que s’han vist en la necessitat de defensar-se. Benvingut, doncs, el debat. És però hora potser d’obrir també un debat sobre què podem aprendre els uns dels altres aquells qui ens resistim a aquests moviments diversos i heterogenis però amb trets comuns, o que els veiem amb enormes reticències.
Quan els independentistes catalans diuen que no són nacionalistes jo ho celebro, perquè considero que el nacionalisme és una de les grans plagues de la humanitat. Me n’alegro que es vulguin distanciar del nacionalisme. Clar que un mateix no és mai un bon jutge del seu propi comportament i és bo poder discutir aquestes auto-avaluacions amb criteris més objectius. Per exemple, el director de TV3, la televisió pública catalana diu que la seva cadena no treballa per l’independentisme, però l’evidència empírica objectiva apunta en una altra direcció.
Ara alguns dirigents de l’independentisme català han decidit entrar doncs en el debat sobre el grau de semblança del seu moviment respecte a altres moviments populistes, com els que lideren personatges com Trump, Farage o Le Pen. Per exemple, l’alcaldessa de Sant Cugat del Vallès i presidenta de la Diputació de Barcelona Mercè Conesa va publicar un article a La Vanguardia titulat “El sobiranisme català no és populista”.
És benvingut l’intent de desmarcar-se del populisme en ascens, perquè entre aquest populisme hi ha fenòmens xenofòbics tan inquietants com el Brexit, els esmentats Trump i Le Pen, la Lliga Nord, Wilders, els Autèntics Finlandesos, Viktor Orban, els nacional-catòlics polonesos, els euro-escèptics italians, Narendra Modi a l’Índia  o Vladimir Putin. Segurament me’n deixo algun. Existeixen diferències entre ells: en el seu grau de vulgaritat, en el seu grau de xenofòbia, en el component religiós, en la utilització d’institucions de govern, o en el fet que alguns d’ells han recolzat l’independentisme català i altres no, etc.
Les semblances entre ells inclouen que NO són feixistes sinó que aspiren a manipular la democràcia en favor seu sense abandonar-la; la recerca d’enemics exteriors o interiors i bócs expiatoris; l’accent en la distribució de la renda entre territoris i no entre persones o classes socials; la preferència per la democràcia directa; una certa visió èpica de la política; l’atac a la divisió de poders (incloent els atacs a la premsa independent o la manipulació dels mitjans públics). Crec honestament que algunes d’aquestes característiques si no totes també caracteritzen l’actual moviment independentista català, o almenys el comportament dels seus líders, més enllà d’aspectes anecdòtics, com polítics que en el passat presentaven “reality shows” i que presumeixen de fer discursos sense llegir, tal com ragen les idees; o la curiosa semblança entre els slògans de campanya de Marine Le Pen i Artur Mas parlant “en nom del poble” o de la “voluntat d’un poble”. Per cert, algunes d’aquestes característiques també les comparteix o les compartia el polític del Partit Popular García-Albiol, especialment quan era alcalde de Badalona, una de les principals ciutats de Catalunya.
En l’article mateix de la senyora Conesa, tot i que parla tranquil·litzadorament de la vocació europea del catalanisme (de veritat que ho celebro), també reivindica la celebració de referèndums dicotòmics i utilitza la retòrica de les “nacions lliures”, dos arguments que també pertanyen a la caixa d’eines de la senyora Le Pen. Seria bo que el seu europeïsme li expliqués als seus aliats eurofòbics de la CUP o a alguns manifestants d’Esquerra Republicana als quals s’ha vist cremant banderes europees, o que li expliqués a una altra líder independentista, la Sra. Mònica Terribas (que té una segona feina com a presentadora estrella de la ràdio pública), que en una recent entrevista en un diari posava la seva hispanofòbia en el context del seu euroescepticisme: “un projecte col·lectiu fracassat”, sense el qual però potser no haguéssim viscut les dècades de més pau, llibertat i progrés de la nostra història a Catalunya, Espanya i a tot el continent.
Perquè els intents de desmarcar-se de la Internacional Nacional-Populista siguin més creïbles, els independentistes catalans podrien prendre una sèrie d’iniciatives, com eliminar el control polític dels mitjans públics de comunicació, o desmarcar-se de la proclamació parlamentària del seu “full de ruta” on presumien de tirar per la borda la divisió de poders (“cap autoritat” no hauria d’interferir en les decisions del Parlament de Catalunya sobre cap tema).
Les semblances entre els moviments de resistència també són notables. Tots lluitem per un món on tots els éssers humans tinguin els mateixos drets vinguin d’on vinguin i siguin d’on siguin, sense que “primer” (“America first”, “Catalunya primer”) vagin els de cap nacionalitat. I lluitem intentant estructurar, institucionalitzar la fraternitat i no només proclamant-la. I tots lluitem per una democràcia millor que no sigui sotmesa a manipulacions. I també tots els qui ens resistim tenim en comú els mateixos dubtes i interrogants. Com enfrontar-nos amb eficàcia al populisme i a la demagògia? Com fer servir les eines de la raó sense donar als adversaris el monopoli de l’emoció? Com oferir esperança a les clases mitjanes i treballadores dels països desenvolupats que veuen amb temor com avança la globalització? Per això potser ha arribat l’hora de passar de la resistència global a l’alternativa federal. No es pot deixar que la veu la monopolitzin els qui ofereixen falses panacees, mentre els qui tenim idees per institucionalitzar la fraternitat (el federalisme) som silenciats, i altres miren cap a un altre costat per no perdre amics, amb arguments com que el nacional-populisme és el projecte polític més potent i que “el poble” ja decidirà.



miércoles, 18 de enero de 2017

Una propuesta de reforma constitucional en clave federal. El reparto de las competencias (por Joaquín Tornos Mas*)

Las competencias no deberían verse simplemente como un reparto de poder en el que se enfrentan territorios, Estado y Comunidades Autónomas, con el respectivo objetivo de retener lo que se posee y en la medida de lo posible aumentar la cuota de poder, sino como un debate sobre cómo lograr la mejor distribución de competencias con el fin de conseguir la mejor acción de los poderes públicos al servicio de sus ciudadanos


(Este texto es un extracto del artículo ‘El Estado de las Autonomías. Una propuesta de reforma constitucional en clave federal’ de Joaquín Tornos Mas publicado por el Instituto de Derecho Público de Barcelona, IDP, la Friedrich Ebert Stiftung y la Fundación Manuel Giménez Abad)

El acuerdo sobre el nuevo sistema de distribución de competencias, entre el Estado y las Comunidades Autónomas, debería ir más allá de una mera reinterpretación del texto vigente. Lo que procede es abrir una reflexión sobre qué competencias deben estar en manos del Estado y qué competencias deben pertenecer a las Comunidades autónomas al inicio del primer tercio del siglo XXI. Este debe ser el debate que merece la pena acometer, lo que supone, y de ahí la importancia y la dificultad del tema, tratar de articular un nuevo "pacto constitucional" que luego se deberá formalizar a través de las técnicas jurídicas adecuadas, sobre las cuales ya existe menos discusión.
¿Qué funciones y materias deben corresponder a cada nivel?
La respuesta a esta pregunta es la que a mi juicio exige un mayor esfuerzo de reflexión y ulterior consenso, en la medida en que el fijar los respectivos ámbitos de competencias se ve siempre como la determinación del quantum de poder de cada nivel territorial.
Como cuestión previa debe reconocerse que en el momento actual la reforma constitucional ya no puede limitarse a la reinterpretación de los preceptos de la Constitución vigente o a la mejora de las técnicas jurídicas con las que se alcanzó el consenso en 1978. La reforma se justifica, si queremos adaptar el consenso de 1978 a la nueva realidad socioeconómica de la primera parte del siglo XXI, a una España integrada en Europa para, de acuerdo con la experiencia acumulada de 40 años de Estado autonómico, establecer un nuevo reparto de poder entre el Estado y las Comunidades autónomas. Por ello, el reparto de funciones y materias deben ser objeto de un nuevo acuerdo.
Situados en esta perspectiva entiendo que pueden aparecer dos grandes opciones como planteamientos generales de partida. Por un lado la reforma competencial puede tener como criterio rector la búsqueda de un mejor funcionamiento del "Estado federal" como sistema, tratando de identificar (en la línea de lo que exige el principio de subsidiariedad) qué funciones y materias pueden llevar a cabo con mayor eficiencia cada uno de los niveles, Estado y Comunidades autónomas (dejamos expresamente al margen el tema de los entes locales). En este punto se puede acudir a planteamientos próximos al federalismo fiscal, y por tanto introducir el criterio de eficacia, como instrumento que ayude a determinar los criterios en base a los que asignar las competencias.
La otra opción es plantear el reparto de competencias como un mero reparto de poder, de modo que se abre una discusión entre partes enfrentadas cuyo objetivo respectivo es lograr la máxima cuota de poder de decisión. En particular desde las Comunidades autónomas la reforma se puede defender exclusivamente como la vía para aumentar su poder político, ya que este incremento de poder es en todo caso bueno en sí mismo, es el fin a lograr.
En todo caso, el reparto de competencias no debería verse simplemente como un reparto de poder en el que se enfrentan territorios, Estado y Comunidades Autónomas, con el respectivo objetivo de retener lo que se posee y en la medida de lo posible aumentar la cuota de poder, sino como un debate sobre cómo lograr la mejor distribución de competencias con el fin de conseguir la mejor acción de los poderes públicos al servicio de sus ciudadanos.
Las competencias en materia de ordenación del crédito, comercio interior, medio ambiente u ordenación y gestión de los servicios aeroportuarios, por poner tan sólo unos ejemplos, deberían ser atribuidas atendiendo a la necesidad o no de una norma uniforme en todo el territorio para una mejor ordenación de los diferentes ámbitos materiales y del nivel más adecuado para la gestión de lo dispuesto en la norma. En definitiva, se trata de introducir el criterio de la eficacia, no como nuevo único principio, pero si como un criterio a tener también en cuenta, en particular cuando se trata de repartir competencias que inciden de modo directo en el funcionamiento del mercado único estatal y europeo. 
Este reparto de competencias debe reconocer la diversidad de supuestos y al mismo tiempo tratar de conseguir bloques homogéneos de materias que permitan después, en la medida de lo posible, gestiones homogéneas y por tanto responsables desde los diferentes niveles. No es lo mismo aquello que afecta al gobierno de la economía y a la realidad de un mercado único europeo, que lo relativo al gobierno del propio territorio, a la organización interna o a la prestación de servicios personales.
La llamada de atención sobre el principio de eficacia no supone ignorar que existen también los “intereses de los territorios”, la reivindicación por el respeto del poder de decisión autónomo en aquello que configura la identidad de la comunidad territorial y su subsistencia como realidad diferenciada. Este hecho deberá igualmente tenerse en cuenta en el reparto competencial, lo que puede incidir en materias como educación, cultura, lengua, derecho civil propio u organización territorial, en definitiva, los hechos diferenciales. Reivindicaciones competenciales éstas últimas que tendrán mayor o menor intensidad según la naturaleza de las diferentes Comunidades autónomas.
Pero a su vez deberá reconocerse la realidad de poderes de regulación económica supraestatales en el mercado único europeo, la singularidad de determinados bienes (aguas, costas), o servicios (transporte, energía) o de las necesaria igualdad de las condiciones básicas en el acceso a los servicios esenciales de todos los ciudadanos del Estado, materias todas ellas que exigen tratamientos generales y en los que no parece racional crear ámbitos de decisión separados. Materias por otra parte de las que no depende la subsistencia de las diferentes nacionalidades, o naciones histórico-culturales, que conforman el Estado español.
Ha de admitirse que el nivel ideal de descentralización no existe como tal, sino en función de cada caso y época particular, donde interactúan factores políticos, históricos, culturales y, como no, económicos.
Precisamente por este contenido político de la cuestión es necesario un nuevo acuerdo que tenga en cuenta todos los factores implicados.
A la hora de proceder al reparto competencial los diferentes ámbitos materiales deben ser tratados de modo diverso en razón de su vinculación principal con aspectos propios de la realidad identitaria de una Comunidad Autónoma, o con cuestiones que afectan al funcionamiento general del sistema federal. El reparto de competencias deberá tener en cuenta la singularidad de algunas materias, que no responden a sectores concretos de la actuación administrativa, sino a funciones generales del Estado, justicia, a poderes de organización territorial, la organización local y su régimen jurídico, o a la posible ampliación de los derechos y deberes de los ciudadanos. En estos casos el texto constitucional deberá fijar una reglas singulares de distribución competencial.
La construcción del nuevo modelo de reparto de competencias no debería quedar, en esta primera fase consistente en determinar qué debe corresponder a cada nivel, Estado y Comunidades autónomas, en manos de los juristas. No se trata de reinterpretar un texto a partir de razonamientos jurídicos y de la relectura de la jurisprudencia constitucional, sino de alcanzar un nuevo “pacto de Estado”. El jurista se debe situar en la segunda fase, consistente en articular a través de normas los criterios de reparto de materias que han decidido otros en razón de argumentos no jurídicos.

*Joaquín Tornos Mas es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Barcelona