jueves, 22 de enero de 2015

Algunas buenas mujeres. Concha Caballero, in memoriam (por Ferran Gallego)

Su falta deshabita nuestro espacio de la izquierda federal, en mayor medida, quizá, porque la protagoniza alguien que, en tierras andaluzas, no dejó nunca de presentar batalla por principios del socialismo, del republicanismo español, de la atención a una cultura propia que debía alcanzar su comprensión adecuada insertándola en el conjunto de la cultura española


“Nunca pensé que el dolor fuera tan parecido al miedo”.  Con estas palabras iniciaba C.S. Lewis su crónica de una aflicción inmensa, Una pena en observación. La mujer que había irrumpido en su solitaria vida de profesor algo extravagante, seguro de sí mismo, inclinado a pontificar sobre asuntos de fe y de esperanza religiosas, había fallecido sin que ninguno de los recursos que él había propuesto a los demás para afrontar una desgracia pudieran consolarle. Sin embargo, la sensación de pérdida se acompañaba, ahora, de la presencia de un recuerdo que le permitía vivir sintiendo que era una persona mejor, más completa, más generosa, más dispuesta a comprender la compleja trama emocional de la existencia. 



La inesperada muerte de Concha Caballero, la espantosa muerte de Concha Caballero,  me ha sumido en un dolor muy parecido al miedo. Ha sumido a miles de ciudadanos y ciudadanas de izquierda en el estupor ante lo que sabemos que ocurrirá algún día, pero que no creemos nunca merecer para algunas personas. Para algunas mujeres buenas. Su falta deshabita nuestro espacio de la izquierda federal, en mayor medida, quizá, porque la protagoniza alguien que, en tierras andaluzas, no dejó nunca de presentar batalla por principios del socialismo, del republicanismo español, de la atención a una cultura propia que debía alcanzar su comprensión adecuada insertándola en el conjunto de la cultura española. Y de un proyecto de relación entre los hombres y mujeres de España que desdeñaba el centralismo y las opciones de separación, en especial cuando tales opciones estaban lideradas por actitudes conservadoras, refugiadas en un súbito patriotismo defensor de un pueblo al que no han dejado de explotar, ni en el comienzo de la transición, ni en los albores de la quiebra del régimen que pretenden encarnar tras haberlo monopolizado.
A Concha Caballero la conocí en debates ásperos, a los que daba la perspectiva de una amable inteligencia con quienes compartían su proyecto y discrepaban en algunos temas, y a los que daba una poderosa energía, cuando se enfrentaba con quienes consideraba responsables de la miseria de la gente. Había aprendido la dureza de la historia de España en la propia carne familiar. Algo que yo entiendo perfectamente porque también nací (perdonadme) en la época que para Gil de Biedma fue la de la pérgola y el tenis, y para nosotros, para Concha y para mí, fue el tiempo de ajustar cuentas con nuestros padres.  Para los dos, la toma de conciencia de un abismo moral español se realizó sin necesidad de salir de casa, pero solo pudo afirmarse como esperanza cuando abandonamos un hogar intoxicado por el odio para encontrar los espacios donde alentaba algo muy distinto a la revancha: el sueño de una España republicana, democrática, federal y socialista. No era solo una propuesta para adquirir el papel de los nuevos vencedores, sino un horizonte hacia donde pudiera mirar la reconciliación de las clases populares, y donde pudieran perfilarse sus verdaderos adversarios.

En estos tiempos en que tan fácil resulta hacerse un hueco exhibiendo palabras gruesas, haciendo ondear banderas y reclamando para cada uno una parcela propia en el paisaje flaco y entusiasta del mesianismo, Concha no dejó de ir anotando sus comentarios perspicaces, su lucidez sabiamente expuesta, sencillamente expresada, diciendo las cosas por su nombre


Recuerdo a Concha siempre a punto de emprender una sonrisa, y se la adivinabas cuando hablabas con ella sin verla. No consigo recordarla de otro modo. Se asomaba a la existencia como si la ternura fuera una disciplina a la que hubiera ajustado su conducta, negándole la crispación y la flaqueza al mismo tiempo. No dejó nunca de tener esa perspectiva de mujer atenta a la sensibilidad de los demás, a la munición emocional con la que cargamos nuestras percepciones. Lejos de restarle lucidez, eso le permitía alcanzar una visión más completa de la condición humana, porque no puede construirse nada si no es desde una bondad nada ingenua y desde la atención a los hombres y mujeres como seres que no pueden identificarse con los esquemas ateridos de una sociología desalmada.  
El sufrimiento social, aquel que era resultado de la voluntad de los miserables y que podía resolverse agrupando a la buena gente en un proyecto revolucionario, le provocaba una amargura irrenunciable. Vivir con la conciencia a punto no es nada fácil  ni es un camino de rosas. La ejemplaridad no es bien recibida por quienes escandalizan el sentido de la decencia. Concha no buscaba en esta vida la diversión mezquina, sino la alegría generosa, que exige prestar atención constantemente al orden moral del mundo. No era amiga de consignas simplificadoras, sino experta en análisis complejos, muy mal dotados para el conformismo. En estos tiempos en que tan fácil resulta hacerse un hueco exhibiendo palabras gruesas, haciendo ondear banderas y reclamando para cada uno una parcela propia en el paisaje flaco y entusiasta del mesianismo, Concha no dejó de ir anotando sus comentarios perspicaces, su lucidez sabiamente expuesta, sencillamente expresada, diciendo las cosas por su nombre, y sin nombrarlo todo con las evasivas retóricas y la palabrería hacinada en el lenguaje de los presuntos rebeldes de nuestra crisis.
Yo era (soy) mucho más escéptico que ella, al contemplar cómo se movilizan, solo ahora, aquellas personas que nunca nos hicieron el menor caso cuando hablábamos de los riesgos del euro, del aquelarre de la construcción europea, de la degradación de la izquierda, de la capacidad del sistema para corromper todo aquello que se le pone a tiro. A mí me ha entrado una reprobable melancolía al ver el modo en que quienes organizan la lucha contra la obscenidad política y social de nuestro tiempo olvidan tradiciones de lucha sin las que ni ellos mismos podrían haber aprendido a comprender lo que sucede. A Concha, en cambio, solo le llegó la carga de la ilusión de estos movimientos. Y se asomaba a ellos, como lo escribió en una ocasión, como la enamorada que contempla el paso airoso y excitante de quien le ha robado el corazón. Mirándolo no lejos, sino desde la propia edad, desde una experiencia, con una esperanzada complicidad y dejando paso y protagonismo a quienes devolvían el color al rostro lívido de una tierra devastada.  

Para los republicanos, para los federalistas, para los de izquierdas, Concha Caballero es una compañera a la que hay que empezar a echar de menos activamente, sin que la pérdida nos paralice, sin que la soledad nos pueda


En Concha Caballero habitaba el equilibrio entre ese respeto a tradiciones políticas indispensables y la apertura de miras hacia lo que solo es nuevo en parte que a mí me cuesta tanto llevar a mi conducta.  Será que a mí me la experiencia me pesa, y a ella la experiencia le permitió volar, porque nunca la tuvo como un anclaje de seguridad, sino como un punto de apoyo para poder levantar su mirada. Intentaré aprender de ello. Ahora, con más empeño, porque no puedo comentarlo ni siquiera en los breves diálogos sobre paisajes, literatura, circunstancias sociales o proyectos que podíamos trenzar,  o cuando esperaba que sus colaboraciones periodísticas me dijeran algo distinto siempre, y siempre algo interesante. 
Nunca pensé que el dolor fuera tan parecido al miedo.  Me asusta nuestra condición humana, que tan fácilmente reduce una vida intensa, combativa, alegre y bondadosa a la ceniza. Temo esa reiteración de ausencias que va cercando nuestro lugar en la tierra, porque no es verdad que el recuerdo nos consuele ni que el ejemplo nos sostenga la tristeza hasta disolverla. A mi mundo, al mundo de los que llevamos mucho tiempo luchando por la emancipación de las personas, se le ha arrancado algo cuya falta no solo nos duele, sino que también nos empobrece.  Aquí vemos a algunas mujeres oportunistas, vivarachas, deslenguadas, petulantes y que quieren hacer pasar su falta de escrúpulos por apego a la tierra, respeto al orden constituido o sometimiento a una sociedad que ha demostrado sobradamente su incompetencia.  Y Concha nos ha dejado sin su prudencia, su respeto por cualquier ser humano, su sensibilidad ante el dolor social, su resuelta convicción de que teníamos que acabar con esto, porque era necesario y porque era posible. Para los republicanos, para los federalistas, para los de izquierdas, Concha Caballero es una compañera a la que hay que empezar a echar de menos activamente, sin que la pérdida nos paralice, sin que la soledad nos pueda.  Para recordarla como se imaginó a sí mismo uno de sus poetas favoritos de Sevilla, Luis Cernuda, cuando dijo que “cuando la muerte quiera/una verdad quitar de entre mis manos,/ las hallará vacías, como siempre/ardientes de deseo,/ tendidas hacia el aire.”

sábado, 27 de diciembre de 2014

La U ’universal’ de la DUF federalista (per Francesc Trillas)

El federalisme és universal, planteja una sèrie de principis que es basen en el govern multinivell i en el poder compartit, on cada nivell de govern és elegit directament i rendeix comptes directament als ciutadans. Decidir-ho tot és incompatible amb la independència dels estats-nació. Algunes coses només les podrem decidir si ens organitzem amb una arquitectura internacional democràtica i federal


En Siscu Baiges ha llençat la idea d’una Declaració Universal Federalista (DUF), com alternativa a la Declaració Unilateral d’Independència (DUI). Lògicament, es tracta d’una broma, però d’una broma que il·lumina aspectes interessants de la disjuntiva entre federalisme i independentisme.



Efectivament, el federalisme és multilateral, no unilateral, i està basat en el pacte i el diàleg. Reconeix la realitat òbvia que en un món democràtic, especialment en una federació en construcció com és la Unió Europea, que parteix de ser una unió d’estats, les fronteres no es poden decidir unilateralment, si no és per la via violenta.
A més, el federalisme és universal, en el sentit que és una proposta ètica que planteja una forma d’arquitectura flexible, però amb una sèrie de principis que es poden aplicar a tot el món, i que són especialment adients per a una realitat d’identitats complexes i sobiranies solapades. Aquests principis es basen en el govern multinivell i en el poder compartit, on cada nivell de govern és elegit directament i rendeix comptes directament als ciutadans.
Al món hi ha problemes a diferents nivells: alguns els podem resoldre en l’escala de veïns, d’altres requereixen una organització municipal, d’altres s’han de resoldre més amunt, fins que arribem a nivells continentals i globals.
Molts dels grans problemes d’avui són globals: la concentració creixent de la riquesa, el canvi climàtic, la inestabilitat financera internacional, la regulació de la seguretat i la llibertat d’expressió a Internet. Això no vol dir que tots els problemes siguin globals, i molts, seguint el principi de subsidiarietat, segueixen podent-se resoldre a nivells més propers als ciutadans.
No s’ha de sacralitzar cap nivell de govern, i menys l’estat-nació, que avui està en gran part obsolet, i que ha de practicar, especialment a Europa (i ja està passant) traspassos creixents de sobirania a nivells superiors, pel que fa a la solució de problemes econòmics, financers i mediambientals.

Frenarem el canvi climàtic amb la independencia d’un país de 8 milions d’habitants en un món de 7000 milions? Aturarem la concentració creixent de la riquesa? El frau fiscal organitzat a nivell internacional? La inestabilitat financera? El problema del deute? La majoria dels nostres principals problemes són compartits


El lema “independència per canviar-ho tot” és en aquest sentit absurd. Frenarem el canvi climàtic amb la independencia d’un país de 8 milions d’habitants en un món de 7000 milions? Aturarem la concentració creixent de la riquesa? El frau fiscal organitzat a nivell internacional? La inestabilitat financera? El problema del deute?
La majoria dels nostres principals problemes (la corrupció, la desigualtat, la regeneració democrática) són problemes compartits. Els problemes que venen, com els potencials trasllats massius de població en les properes dècades deguts al canvi climàtic, també seran problemes compartits a gran escala. El federalisme té una base ètica que respon precisament a aquesta realitat: l’universalisme. Els criteris que han de guiar l’acció pública es basen en el principi que tots els éssers humans, de les generacions actuals i futures, tenen els mateixos drets.
Qui digui que vol decidir, i que vol decidir-ho tot, i es pensi que dient això està sent neutral (que còmode!) entre federalisme i independencia, comet un greu error. Decidir-ho tot és incompatible amb la independència dels estats-nació. Algunes coses només les podrem decidir si ens organitzem amb una arquitectura internacional democràtica i federal, on cada cosa es decideix democràticament al seu nivell òptim. Per exemple, el problema del canvi climàtic només podem decidir solucionar-lo si la decisió es pren a nivell mundial, i potser podrem influir-hi una mica si com a mínim estem organitzats democràticament a nivell europeu. A alguns això encara els sona a utòpic, però quan van sorgir els estats-nació, també aquests van ser grans innovacions inversemblants en el seu moment que aixecaven enormement l’escala de la solució dels problemes més enllà del món local.
Volem declarar el federalisme com un principi universal. Per tant, no serà d’un dia per l’altre. Però ja està passant. La majoria de ciutadans que viuen en democràcia ho fan en federacions. Fins i tot el Papa Francesc, en la seva intervenció al Parlament Europeu recent i el seu suport a la negociació entre Cuba i els Estats Units per una major integració del continent americà, està apretant a favor del federalisme, com argumenta Eugenio Scalfari. Si volem un sistema que ens permeti decidir-ho tot democràticament, aquest només pot ser el federalisme: un sistema que resolgui democràticament cada problema al seu nivell òptim, i que ho faci tenint en compte les complementarietats entre objectius i la necessitat de prendre decisions estables quan estan en joc decisions irreversibles de les persones, com on establir una família, quina carrera estudiar, en quins actius posar els estalvis. Cal decidir-ho tot però decidir-ho bé, implicant a l’opinió pública en procesos de deliberació transparents amb la col·laboració d’experts. Jo no vull que les cures del càncer estiguin en mans de referèndums convocats per la senyora Forcadell o la monja Forcades. Vull una democràcia federal de qualitat a tots els nivells.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Corrupción en el futuro Valle de Josafat (por Adrià Casinos)

Me niego a admitir que en el seno de una gran tradición combativa  (anarquista, comunista, socialista…), y en el que otrora fue un poderoso movimiento sindical, no pueda surgir una alternativa a tanto confusionismo oportunista. En cualquier caso, se trata de una tarea urgente


Las aguas catalanas andas agitadas: fastos fetichistas del tricentenario; charlotada  del 9 de noviembre; mea culpa de Jordi Pujol, padre; “resurrección” de Artur Mas, con la consiguiente amenaza de “hacernos libres” mediante elecciones plebiscitarias a unos pocos meses vista; corrupción que atañe a tirios y troyanos (ERC insiste que ellos no saben nada de eso, obviando que cierto conseller en ejercicio se dedicaba al contrabando de tabaco). Total, que para demostrar que la meta a la que qué nos conduce a empujones el president, será un verdadero Valle de Josafat, se ha decidido crear una comisión anticorrupción. Y como en dicho Valle cabemos todos, se ha nombrado presidente a alguien de la facción “alpargata” (ala marxistoide, según pretensión propia). Debe ser como premio a cierto abrazo enternecedor, del que no se recordaba nada parecido desde el de Maroto y Espartero. Pero, mal empezamos.



La lista de comparecientes se ha cercenado de forma descarada, empezando por el Profeta que, a juicio de ERC, no puede ser sometido a tal humillación.  Como consecuencia el flamante presidente de la comisión había amenazado con dimitir. Pero total ¿para qué tanto espaviento? La comisión nace herida de muerte. La cámara se disolverá probablemente en un plazo relativamente breve, y la que la suceda estará demasiado ocupada en la construcción de la Arcadia catalana, como para hacerse cargo de nimiedades como el saqueo del Palau.
Entre los diversos escándalos de podredumbre institucionalizada, han sido sin duda las revelaciones sobre el clan patricio, los Pujol, las que se han llevado la palma, de tal manera que el mínimo paripé exige que pasen por el confesionario. Y están convocados los primeros, aunque por las razones aducidas anteriormente,  posiblemente sean también los últimos. Y es que el escándalo ha sido mayúsculo, produciendo muchas muestras de sorpresa, que a su vez han generado en mí otra sorpresa, mucho mayor.
Vamos a ver. Entiendo que el hecho puntual, por desconocido, de que el citado Jordi Pujol declarara tener una supuesta herencia oculta en Andorra,  haya sorprendido a propios (su hermana) y ajenos. Ahora bien, sospecho, como muchos, que se trata de la punta de un iceberg de los de grueso calibre. Y ese iceberg, las supuestas corruptelas en que estaban implicados diversos miembros de su familia, era visible desde hacía ya cierto tiempo. Mi pregunta es: ¿tanto cambia que el susodicho ex presidente sea ahora sospechoso por acción y omisión, cuando antes solo lo era por omisión? Permítaseme una comparación (por razones profesionales, soy un forofo del método comparado). Hay una cierta unanimidad en que el franquismo fue un régimen corrupto, aunque es altamente improbable que se pueda probar que el invicto caudillo se pringara en algún momento, de forma directa, las manos. ¿Vamos pues a utilizar una distinta vara de medir para el pujolismo?
Sin meter el dedo en la llaga “Banca Catalana” (tengo esperanza de poder ver aflorar la verdad algún día, sobre todo teniendo en cuenta que el principal exculpador y cuñado, Francesc Cabana, parece que es ahora un damnificado), es evidente que el río catalán sonaba desde hace mucho tiempo a propósito de las “mordidas” del clan Pujol y de su partido. Un ejemplo: la alusión de Pasqual Maragall al 3%. Si algo se le puede reprochar, es que se quedara corto.

Hay una cierta unanimidad en que el franquismo fue un régimen corrupto, aunque es altamente improbable que se pueda probar que el invicto caudillo se pringara en algún momento, de forma directa, las manos. ¿Vamos pues a utilizar una distinta vara de medir para el pujolismo?


Otra de las lamentaciones asaz jeremíacas, que he leído hasta el hartazgo en los últimos meses, se refiere al hecho de ver en la picota a alguien que tanto se había involucrado en la gobernabilidad de España. Ante tamaña afirmación, reconozco que mi capacidad de encajar ironías queda rebasada. ¿Cuándo el Molt Honorable por antonomasia se implicó en tal cosa? A lo sumo mercadeó apoyos puntuales a cambio de réditos a mayor gloria propia y del partido.  Un ejemplo. A consecuencia del pacto del Majestic le llovieron los millones a chorro. Si se hubieran invertido en obra pública, Cataluña no tendría los déficits que tiene actualmente. Pero don Jordi prefirió dedicar la “morterada” a la creación de la policía autonómica. Porque eso es lo que estaba en el marco de su proyecto, el que no le permitía involucrarse de verdad en la gobernabilidad estatal. Y ¿cuál era dicho proyecto? Pues lo estamos viendo en manos de su sucesor designado.
El proyecto pujolista para Cataluña no ha sido otro que la secesión. O, mejor, provocar el conflicto, que puede o no llevar a la independencia. La deslealtad institucional ha sido la tónica dominante en el nacionalismo catalán durante décadas. Y la familia que patrimonializaba el tinglado, no iba a la zaga. ¿O hemos olvidado que el benjamín, ahora también sospechoso de corrupción, fue “cap de colla” de ciertas pitadas que se orquestaron con motivo de los JJOO?
Viene una vez más a cuento la frase que Melquíades Álvarez le espetó en cierta ocasión a Cambó: no se puede ser a la vez Bismarck en Madrid y Bolívar en Barcelona. Pues bien, en algún momento, quizá desde el principio, Pujol decidió que no se veía en el papel de Bismarck. Tal vez porque, en un arrebato de realismo, vio claro que aproximadamente 100 años después, las circunstancias eran muy diferentes a las vividas por Cambó. Por mucho que se esfuercen en sostenerlo los nacionalistas catalanes, ni Madrid es ya una “ciudad tibetana” (Gaziel dixit) ni el estado español (en el sentido genuino del vocablo “estado”) es el anacrónico e inoperante de la Restauración. 
El mito de Jordi Pujol como hombre público, preocupado por la gobernabilidad de España, corre parejo con el de su gran formación intelectual, creado a partir de unas masas nacionalistas acostumbradas a la fe del carbonero,  a las que les iba soltando sus periódicas lecciones de catequesis. Un ejemplo sería la que muy probablemente fue la última (dadas las circunstancias). No hace muchos meses, en ese iconostasio nacionalista en el que se ha convertido el Born, soltó la “perla” de que su ideario nacionalista bebía a la vez de Herder y Renan. Para cualquiera que conozca mínimamente lo que ambos defendían a propósito del concepto de nación, la afirmación aparece como una solemne sandez. Y si no, que se aplique al caso de Alsacia.
Pero es cierto también que había una cierta pereza o timidez en meterle mano al asunto. Era casi una cuestión freudiana. Dejar desnudo al padre, reducirlo a la condición de un simple mortal, capaz de cometer delitos o faltas, parece que resultaba traumático para según quien, incluyendo determinados intelectuales orgánicos de la izquierda. Hace unos pocos meses, en un excelente y demoledor artículo, Santos Julià citaba una frase de Vázquez Montalbán, en el contexto del asunto de “Banca Catalana”, en la que casi, casi, se jugaba la mano derecha a favor de la honorabilidad de Pujol. Y eso por ceñirme solo al ámbito catalán, porque unas declaraciones de Felipe González sobre el mismo tema, son otra muestra de ceguera, que difícilmente se puede creer involuntaria.
No me gusta colgarles sambenitos a los ya no existentes, pero en relación a lo que acabo de comentar, me pregunto cuál sería la posición del inventor de Carvalho en la situación presente, pregunta que me hago en parte por la que ha asumido su entorno familiar más directo. Y eso viene a colación de lo anteriormente dicho: contrariamente a lo que se podía esperar del PSUC, el partido de los comunistas catalanes, determinados sectores dirigentes siempre fueron muy tolerantes con Pujol y su engranaje. ¿No comprendieron o no quisieron airear el hecho que se estaba confundiendo país y partido y, sobre todo, líder? Vamos, la típica ecuación que da inicio al totalitarismo. Sea cual sea la respuesta, la consecuencia es clarísima: los polvos del PSUC han traído los lodos de ICV y sus adláteres.
¿Y qué se nos vende ahora desde esas posiciones? De entrada un planteamiento absolutamente interclasista (perdón, el término ahora políticamente correcto es “transversal”) que, para justificarse, nos augura una Cataluña independiente paradisiaca, sin corrupción y con total justicia social. Por supuesto que ese Valle de Josafat sería consecuencia directa de la ruptura con España. Se supone que se sueña con una entidad autárquica, situada en el espacio exterior al de la globalización. La asunción es que, como consecuencia de la independencia, tendrá lugar la “revolución pendiente”. Pero no se trata de forzar el ritmo. Todo en su momento. A todo octubre le precede un febrero.

Viene una vez más a cuento la frase que Melquíades Álvarez le espetó en cierta ocasión a Cambó: no se puede ser a la vez Bismarck en Madrid y Bolívar en Barcelona. Pues bien, en algún momento, quizá desde el principio, Pujol decidió que no se veía en el papel de Bismarck


Y así estamos. A pesar de que renieguen de él unos y otros, un sector del país, del que no está ausente una supuesta izquierda, sigue encandilada con los “aspectos positivos” de la obra del padre de la patria. Me pregunto si la última actuación, el desprecio con que trató a los representantes de la ciudadanía, en su comparecencia ante el legislativo catalán (una vez más, el “ara no toca”, más despótico que nunca), les podría hacer reaccionar. Pero no. Pujol sigue ganando batallas, a pesar de estar políticamente muerto. Dicha izquierda, va en la línea de la “unión sagrada” que los sectores mayoritarios de la socialdemocracia abrazaron hace 100 años. Su participación en la declaración soberanista de 23 de enero de 2013, rezuma la misma renuncia ideológica que la aprobación de los créditos de guerra en el verano de 1914. La movilización del último 11 de setiembre, o la del 9 de noviembre, concebidas como un desafío a la legalidad democrática, habrían sido imposibles sin la complicidad de la referida supuesta izquierda y, por añadidura, de las dos centrales sindicales mayoritarias. Todo en la mejor tradición social-chovinista.
Y eso por no hablar de los “teóricos” que nos intentan convencer de que el ejercicio del derecho de autodeterminación (inalienable, por supuesto) y la posterior independencia han de ser el ariete que acabará con la Segunda Transición y, por carambola, “liberará” también lo que reste de España. Y aquí se acaba la propuesta, reducida a un “cuanto peor, mejor”. Argumentos que parecen heredados del nacionalismo serbio anterior a 1914, a propósito de la monarquía dual. Después de un saturador concierto de gaita escocesa, ahora toca vender las bondades del proceso nacional-democrático catalán, que ha surgido espontáneamente (no deben sintonizar TV3). En dichos “análisis” se acumulan todos los topicazos que la izquierda ha arrastrado durante años a propósito del “problema catalán” (así nos ha ido). La miseria intelectual subyacente se revela en toda su gravedad en textos que reflejan la urgencia de la panfletada. Construidos frecuentemente con una sintaxis deleznable, basados en una mezcolanza argumental delirante, en la que para defender el “derecho a decidir” se pasa de Las Casas y Vitoria, a Lenin y Wilson, sin olvidar a Kant y el abbé Grégoire, obedeciendo a la táctica del “todo vale”. No sé qué produce más tristeza, si la citada miseria intelectual, o su  contribución a la fractura social de las clases populares que se está produciendo.
Me niego a admitir que en el seno de una gran tradición combativa  (anarquista, comunista, socialista…), y en el que otrora fue un poderoso movimiento sindical, no pueda surgir una alternativa a tanto confusionismo oportunista. En cualquier caso, se trata de una tarea urgente. Estamos a un paso del sacrificio de varias generaciones de catalanes en aras de la megalomanía. Y de un dominio por la reacción que haría imposible, durante mucho tiempo, cualquier alternativa mínimamente progresista.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Un referèndum sobre el federalisme (Per Francesc Trillas)

El passat 15 de novembre, el setmanari britànic The Economist es mostrava partidari de deixar votar als catalans com la millor fórmula per vèncer el separatisme. Deu dies després, Francesc Trillas, membre de Federalistes d’Esquerres, comenta aquest editorial a Europp, el blog de la London School of Economics. A continuació reproduïm el text íntegre d’aquesta resposta en català



El conflicte actual a Espanya sobre el futur constitucional de Catalunya no pot resoldre’s sense fer referència a la nostra realitat europea. Els líders dels governs català i espanyol estan lluitant essencialment per una cosa que ja no existeix a Europa: la sobirania nacional. La controvèrsia sobre com decidir democràticament el futur de Catalunya il·lustra les dificultats de participar en aquest debat sense reconèixer el món de sobiranies complexes i solapades que existeix actualment, i que, en certa mesura, està deixant enrere l'estat-nació.




Antoni Zabalza, professor d'Economia a la Universitat de València, va argumentar en un article al diari espanyol El País el 21 de novembre que en una projecció de les dades dels participants en la "consulta" de 9 de novembre (on tothom que volia votar podia fer-ho) en un referèndum legal amb alta participació, el vot afirmatiu a la independència arribaria al 44 per cent de l'electorat. La xifra és similar al que podria projectar-se des del vot dels partits propers a tesis independentistes en eleccions autonòmiques.

La pregunta és si aquestes fonts d'informació han de ser complementades amb un referèndum oficial, vinculant, pel que fa a la independència, com el que va tenir lloc a Escòcia. L'editorial de The Economist on proposa un referèndum, en les seves paraules, per derrotar a la independència de Catalunya, em dóna l'oportunitat d'expressar la meva opinió un cop més sobre aquesta qüestió.
Un referèndum sobre la independència, amb una pregunta clara i regles clares, té avantatges per a aquells que, com jo, veuen la secessió catalana com un desenvolupament negatiu per a Catalunya, Espanya i Europa. A més, és una manera democràtica de prendre una decisió. Però no és l'única manera de fer-ho. Un referèndum sobre la independència també té desavantatges, que inclouen almenys els següents.
En primer lloc, qualsevol forma de democràcia que presenti dues opcions extremes per a l'electorat proporciona una plataforma per als grups extrems que practiquen la intolerància i fins i tot podria crear una situació que s'aproximi a la 'llei de la turba" (de la qual ja hem tingut alguns exemples, tant a Catalunya com a Espanya). Segons totes les dades disponibles, els sectors anti-secessió són de parla diversa, però més que proporcionalment castellana, de classe obrera i sense massa poder, així que amb prou feines són visibles ja actualment en els grups de la societat civil que dominen el debat polític a Catalunya.

Les preferències de les persones amb identitats múltiples que defensen algun tipus d'alternativa federal, que són, probablement, la majoria a Catalunya, no estarien representades en un referèndum 'sí / no' a la independència. La pròpia naturalesa d'una campanya del referèndum assegura que les parts se centrin exclusivament en "guanyar" la batalla en comptes de tractar de trobar un acord que sigui acceptable per a tothom


Les preferències de les persones amb identitats múltiples que defensen algun tipus d'alternativa federal (que són, probablement, la majoria a Catalunya) no estarien representades en un referèndum 'sí / no' a la independència. La majoria dels votants donen suport a una alternativa al voltant d'una organització administrativa federal. Sobre quina base  aquesta majoria ha de ser privada del dret que la seva opció aparegui clarament en la papereta de vot? Per descomptat, per altra banda, la presentació de més de dues opcions faria la pregunta menys clara, de manera que, si hem d'establir una alternativa federal, el referèndum hauria d’ estar limitat a dues opcions: el federalisme i l'status quo.
En segon lloc, un referèndum "sí / no"  sobre la independència tindria implicacions  més enllà d'Espanya: cosa que The Economist ha assenyalat abans, tot i que sembli haver oblidat l'argument recentment. Un referèndum sobre la independència incorre en tot un seguit de problemes de compromís. Hi hauria efectes en cascada, tant interns com externs: obriria una porta per als referèndums que podrien exigir-se en llocs de Catalunya que pensen que pertanyen a Espanya, i a la resta de regions europees que s'oposarien al fet que se'ls nega una opció que en canvi s’ofereix a Catalunya i Escòcia. Això comporta el perill real de crear incertesa i inestabilitat econòmica i política, el menyscabament de qualsevol unitat a Europa en el llarg termini, i podria provocar una crisi financera a la zona euro en el curt termini. Europa no es construirà a cop de referèndums sobre la independència: en algun moment  l '"efecte dòmino" hauria d'arribar al final.
En tercer lloc, la pròpia naturalesa d'una campanya del referèndum assegura que les parts se centrin exclusivament en "guanyar" la batalla en comptes de tractar de trobar un acord que sigui acceptable per tothom. A Catalunya i Espanya tenim suficients valors en comú perquè aquest acord sigui possible, acord que beneficiaria a tothom als ulls de la majoria dels observadors externs. Però hi ha pocs incentius per arribar a aquest tipus d’acord i, els pocs que hi ha, desapareixerien en una campanya del referèndum.
En quart lloc, a nivell pràctic  hi hauria serioses dificultats  en l'organització d'una campanya coherent del "no" - molt més greus que les que es van donar a Escòcia. Els anti-secessionistes són diversos, incloent federalistes democràtics, feixistes i molta gent al mig. És difícil veure per què els federalistes demòcrates han de ser impulsats a fer campanya al costat del Partit Popular de Mariano Rajoy (o grups fins i tot més dretans): un partit que encara es nega a condemnar la dictadura franquista.

Jo per descomptat no faig la predicció que un referèndum d'independència mai es durà a terme a Catalunya: si es fa, jo votaria 'no' a la independència, però jo preferiria votar 'sí' al federalisme


Finalment, una pregunta clara "sí / no"  a la papereta no es pot equiparar amb una opció clara en la realitat. Aquí hem de preguntar què significa realment la independència al segle XXI en un territori que es troba tant a la Unió Europea com a la zona euro. Els 28 estats-membres, comunicaran a l’electorat català abans del referèndum la seva posició sobre la pertinença d'una Catalunya independent dins de la UE? La victòria dels vots 'sí' donaria lloc a unes negociacions: l'acord final seria previsiblement diferent de la posició inicial dels secessionistes. Què passa llavors si a la majoria no li agrada l'acord: s’hauria de fer un altre referèndum?
Quan es plantegen arguments com aquests, són contestats sovint només amb arguments parcials, com la presentació d'un referèndum sobre la independència com l'única opció per derrotar el moviment secessionista, o justificant un referèndum citant la llibertat dels pobles (o una concepció genèrica similar). Però és necessari rebre una resposta que consideri seriosament tots els arguments anteriors, o almenys una part d'ells. Certs fenòmens tenen múltiples causes i conseqüències: un referèndum sobre la independència, independentment de la claredat amb què es plantegi, tindria múltiples conseqüències - no totes elles desitjables.
A diferència del Regne Unit, Espanya té una Constitució escrita, i va tenir una dictadura de 40 anys al mig del segle XX. A diferència del Canadà (un altre potencial exemple), Espanya pertany a la Unió Europea i a la zona euro. Això introdueix restriccions vinculants que sovint són oblidades pels contribuents benintencionats a aquest debat. Jo per descomptat no faig la predicció que un referèndum d'independència mai es durà a terme a Catalunya: si es fa, jo votaria 'no' a la independència, però jo preferiria votar 'sí' al federalisme. Seria més coherent per a observadors externs, com The Economist, defensar el vot a favor de l'opció que pensen que seria millor per a Catalunya, en comptes d'un vot en contra de la independència.
Les Nacions Unides no reconeixen el dret sense restriccions dels pobles a l’autodeterminació - interpretat com el dret a la secessió. Fins i tot al Regne Unit això està clar, amb el Partit Laborista i el Partit Liberal Demòcrata actualment mostrant ben poc interès en un referèndum sobre la pertinença del Regne Unit a la UE per al 2017, exigit pel Partit per la Independència del Regne Unit i els representants euro escèptics dels conservadors. A França, els partits polítics democràtics no mostren molta simpatia per la proposta de Marine Le Pen de celebrar un referèndum sobre la retirada francesa de la UE, tot i que, sens dubte, un tal referèndum seria perfectament democràtic en la seva formulació.
Un referèndum sobre un millor federalisme s'ha de basar en un acord anterior, acceptat per la Unió Europea, i que permeti avançar cap a una millor arquitectura federal per a Catalunya, Espanya i Europa. L'actual Constitució espanyola va ser basada en un gran acord, i amb el suport d'una majoria hegemònica de les poblacions catalana i espanyola: un nou acord hauria de tenir un suport similar. En cas contrari, la reforma de l'status quo no seria legítima.

jueves, 27 de noviembre de 2014

BORN (por Carme Valls-Llobet)


La situació de la ciutadania de Barcelona durant 1714 té aspectes semblants a la situació actual, malgrat que hagin passat 300 anys: desnonaments en condicions lamentables,  vídues que queden excloses de qualsevol  tipus de vida autònoma, atur, i confusió política. 



La pel·lícula BORN estrenada el passat dia 20 a Barcelona, dirigida per Claudio Zulian i basada en personatges reals documentats en el llibre de Garcia-Espuche, ens fa sentir com es va trobar d’atrapada la ciutadania barcelonina, en un guerra en què els interessos econòmics de la burgesia d’un i altre bàndol, va intentar treure rèdit dels acords amb Carles III  o amb els Borbons, mentre la ciutat era bombardeja des de terra i mar per anglesos i francesos en onades successives.  
Ciutadania que viu, estima i mor, patint els estralls de la guerra que ni han decidit ni han pogut evitar i de la qual en desconeixen els fonaments i les raons. No és una pel·lícula èpica. Des dels matisos d’una cuidada fotografia i una volguda foscor, d’una ciutat que havia de viure a la llum de les espelmes, ens acostem al que devien sentir i patir els nostres avantpassats, i als costats humans clars i obscurs de la vida mateixa. Amb molt pocs mitjans i amb ajuda de petits mecenatges, Claudio Zulian ha fet l’única pel·lícula estrenada durant l’any per recordar la situació de Barcelona a 1714. A alguns els hi semblarà massa sensible, o massa lenta, però es el temps de la vida el que val la pena copsar amb imatges, i crec que ho aconsegueix.  

sábado, 8 de noviembre de 2014

Votar o no votar, aquesta és la qüestió (per Siscu Baiges)

Hem d’anar a votar tapant-nos el nas el 9N? Hem de participar en una festa de la democràcia en la qual el conseller de salut que s’ha carregat la sanitat pública catalana, votarà després de declarar que amb la independència tindrem una atenció sanitària molt millar? Hem arribat a un punt en què no se sap ben bé si la consulta l’organitza el govern de CiU o dues agrupacions independentistes




A les portes del 9N la pregunta és obligada: Votaràs o no? I has d’argumentar la decisió que prenguis. D’entrada, és evident que la votació no permetrà dilucidar què pensa la comunitat catalana sobre quina ha de ser la millor relació que s’ha d’establir entre Catalunya i Espanya. No hi ha hagut cap debat seriós sobre les diferents fórmules possibles. L’únic debat que hi ha hagut és sobre si era correcte o no votar en les condicions en què s’ha mogut tot aquest procés. La dobla pregunta no ajuda a animat al vot a aquells que voldrien veure clarament expressada l’opció federalista. La paraula “federalisme” no surt per enlloc a la papereta i s’ha de deduir que els que en són partidaris haurien d’optar el Sí-No. No hauria estat més fàcil la triple opció si es volia donar sortida a aquesta opció? Hem arribat a un punt en què no se sap ben bé si la consulta l’organitza el Govern de CiU o dues agrupacions independentistes: l’Assemblea Nacional Catalana i Òmnium Cultural. Quin sentit té que els catalans no independentistes votin en unes urnes controlades per militants per la independència.
Per tant, ganes d’anar a votar en aquestes condicions ben poques.
“Però si no vas a votar, el govern del PP et comptarà com un dels seus”, et repliquen els que sí que ho faran. Tenen raó, però és raó suficient per dipositar el vot en unes urnes que estan pensades com a pas previ a unes eleccions plebiscitàries o una Declaració Unilateral d’Independència?
És una mica la dinàmica habitual en les eleccions clàssiques, on si t’abstens t’acusen d’haver facilitat la victòria dels “més dolents”. “Més val votar el mal menor, encara que sigui tapant-se el nas”, et recomanen.
Hem d’anar a votar tapant-nos el nas el 9N? Hem de participar en una festa de la democràcia en la qual el conseller de Salut que s’ha carregat la sanitat pública catalana, votarà després de declarar que amb la independència tindrem una atenció sanitària molt millor? No ho hem de fer-ho perquè “Manos Limpias” hi està en contra?
La meva decisió és no anar a votar, dir que els catalans hauran de votar algun dia sobre aquesta qüestió i que, perquè jo voti aquell dia, caldrà que el procés d’organització, debat i recompte dels resultats, em mereixin una confiança que ara no tinc.
Si els del PP volen posar la meva abstenció al seu sarró els hi diré això. I si els independentistes m’ho recriminen els ho diré també.

Mentre, em conformaré amb que no s’escapi cap bufetada aquest diumenge.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Les institucions del federalisme multi-lingüe (Per Francesc Trillas)

Una millor arquitectura institucional per a la societat multi-lingüe en què vivim no depèn només de fer les coses millor a Catalunya. És necessari desenvolupar una nova estratègia que faci de la defensa del català no només un objectiu d’una sola institució. El català podria ser objecte d’un defensa molt més compartida si, a més de ser promogut per les administracions educatives de les Comunitats Autònomes o d’unes futures unitats federals, també fós objecte de promoció per part d’una nova institució, a l’estil de les comunitats lingüístiques belgues


(dedicat a Anna Estany, Manuel Cruz i Juan Claudio de Ramón)


Mentre Artur Mas lluita per la seva supervivència política arrossegant al seu darrera el prestigi de les institucions d’autogovern per les quals han lluitat diverses generacions de catalans, el president català s’ha convertit en un pària sense aliats externs (i cada vegada menys interns), al qual se li tanquen les portes de totes les cancelleries. És una llàstima, perquè hi ha coses molt importants del futur de Catalunya que necessiten en qualsevol escenari el suport d’aliats en un món integrat caracteritzat per una arquitectura institucional complexa. Una d’aquestes coses importants és sens dubte el futur de la llengua catalana, que no sobreviurà com una llengua d’ampli ús social si no és amb una actitud positiva per part de col·lectius (creixents segons l’enquesta d’usos lingüístics de la Generalitat) que tenen altres llengües com a pròpia, i si no és amb la col·laboració d’institucions importants fora de Catalunya. 



En aquest sentit val la pena recordar que el català és una de les dues llengües que compartim amb la resta d’espanyols, donat que també és una llengua utiitzada en unes altres tres Comunitats Autònomes (la Valenciana, Balears i Aragó), i que també és utilitzada, encara que més minoritàriament, en uns altres dos estats-membres de la Unió Europea.
Anna Estany feiaen aquest blog una sèrie de reflexions que comparteixo en gran part: al model d’immersió lingüística del català se li poden fer retocs importants que preservin la unitat del model educatiu català, que està en la base de la unitat civil del poble de Catalunya, avui amenaçada per la irresponsabilitat política de l’aventurerisme d’Artur Mas i alguns dels seus aliats. Estic menys d’acord amb ella en el paràgraf on manifesta un cert escepticisme sobre la possibilitat d’aconseguir un ampli coneixement de la llengua anglesa. Jo crec que aquest coneixement és fonamental per construir un demos europeu, i per superar la gran desigualtat que avui suposa que aquesta eina fonamental d’èxit en el mercat laboral, l’anglès, avui sigui dominat només pels fills i filles de les classes mitjanes-altes o altes.
Però una millor arquitectura institucional per a la societat multi-lingüe en què vivim no depèn només de fer les coses millor a Catalunya. És necessari desenvolupar una nova estratègia que faci de la defensa del català no només un objectiu d’una sola institució, que com estem veient pot abandonar discrecionalment en un moment donat qualsevol objectiu de govern que no sigui la manipulació de la voluntat popular. El català podria ser objecte d’un defensa molt més compartida si, a més de ser promogut per les administracions educatives de les Comunitats Autònomes o d’unes futures unitats federals, també fós objecte de promoció per part d’una nova institució, a l’estil de les comunitats lingüístiques belgues. Aquestes són un exemple del que l’economista suís Bruno Frey anomena FOCJ (jurisdiccions solapades funcionals i competitives, en les sigles en anglès) i que venen a ser institucions creades per a resoldre temes concrets que se soplapen amb les barreres polítiques tradicionals. Aquestes jurisdiccions son consistents amb la idea d’una Europa sense fronteres i molta flexibilitat institucional per sota.

El català és una de les dues llengües que compartim amb la resta d’espanyols, donat que també és una llengua utiitzada en unes altres tres Comunitats Autònomes (la Valenciana, Balears i Aragó), i que també és utilitzada, encara que més minoritàriament, en uns altres dos estats-membres de la Unió Europea


La Comunitat lingüística del català podria tenir presidència rotativa, en quatre torns: un torn per la Generalitat de Catalunya, un altre per la valenciana, un altre pel govern de les Illes Balears, i un quart a repartir cada vegada entre l’Aragó, la regió francesa on es parla català i representants del municipi sard de L’Alguer a Itàlia. La creació d’aquesta comunitat lingüísitca, semblant en la seva estructura a l’actual patronat de l’Arxiu de la Corona d’Aragó, hauria d’anar acompanyada de la decisió de convertir el català en llengua oficial a les institucions espanyoles i europees, com a ho són diverses llengües a Suïssa i Canadà. Quan es demana que el català sigui una de les llengües oficials al Parlament Europeu, es topa amb l’obstacle que no és oficial ni a les institucions del govern de l‘estat com ho és el francés al Canadà o l’italià a Suïssa. Aquest és un objectiu inajornable de la llei de llengües que promou entre altres Juan Claudio de Ramón.
A això caldria afegir una profunda reflexió sobre el rol de les televisions publiques sobre el reflex de la realitat plurilingüe. L’us del català s’hauria de normalitzar en la televisió pública per a tota Espanya, així com del castellà a TV3. A més hi hauria d’haver un “Canal de la Concòrdia”, una mena de Canal Arte a la TDT que fós totalment en català i castellà. També hi hauria d’haver BBC-World per a tota Espanya amb subtítols en català i castellà, perquè tots els ciutadans espanyols poguessin veure una televisió internacional en anglès de qualitat.

La inauguració de la comunitat lingüística, els nous Canals de televisió  i l’oficialitat es podrien solemnitzar en un acte realitzat en algun palau dels molts que hi ha als països de parla catalana, amb presència del president del Parlament Europeu, i dels caps d’Estat d’Espanya, França i Itàlia. Una actuació d’aquestes característiques eliminaría d’un sol tret les típiques intervencions escèptiques que ens trobem molts federalsites en els actes públics: “això que vostè diu està molt bé però…”